jueves, 24 de octubre de 2019

XV MEDIO MARATÓN DE VALDEJALÓN



Aunque estoy en mi mes de “descanso”, tampoco es cuestión de abandonarse totalmente que luego cuesta mucho engrasar la maquinara. Así que me propongo no faltar a la cita de los miércoles con Andarines, y pensé que también sería bueno acompañar a Quique al Medio Maratón de Valdejalón en La Almunia. Una manera de hacer una tirada larga motivado.

            Al final Marcos y Noelia también se apuntaron. Y allí nos encontramos con Isaías y Agustín, más Enrique y Jorge en el 10k. Buena tropa.


            Objetivo: lo dicho, realizar una tirada larga, a un ritmo sostenible. No tenía mucha idea de cuál sería ese ritmo, saldría por sensaciones. Desde el 10K de junio no salía por llano a ritmo. Pero esperaba que fuera posible no superar los 5’/km.


            Había salido buen día, al bajar del coche algo de fresquito pero una vez en el ajo no parecía que fuéramos a pasar frío, un poco de viento y nubes grises por las sierra, sobre nuestras cabezas no, aunque más nubes que sol.

            Dieron la salida primero a unos patinadores y luego a los corredores. Tras una vuelta por el pueblo, salimos de él por una carretera estrecha, que tras cruzar por encima una carretera principal, (únicas cuesta y bajada que podían considerarse como tales) discurre entre campos.


            Salí pensando que estaba en la pasada primavera, y vi 4:22 en el reloj,…¡tranquilidad, chaval! Poco a poco ralenticé algo la marcha hasta rondar los 4:30 que, aunque más deprisa de lo previsto, sentía que más o menos podía llevarlos bien. Y en ese ritmo me mantuve unos cuantos kilómetros. Este año la carrera consistía, salvo la vuelta por la población, en dos idas y vueltas por la carreterilla antes mencionada. Así que nos cruzamos con los primeros de ambas carreras, y con los patinadores, que luego, incluso nos adelantaban (hacían 18 kms.). En la primera ida vi volver a Marcos, que iba como un tiro, y algo después Isaías. Una vez giré yo, también me crucé con Agustín que me seguía cercano, y Quique, algo más retrasado. Casi en la línea de meta, giro de 360º y segunda vuelta para los del Medio, los de la 10K no giraban y seguían rectos unos metros, para acabar tras pasar el arco.

            Hasta mitad de carrera me mantuve en un ritmo medio de 4:30. Es algo difícil mantenerte en un ritmo algo exigente, pero sin tener ninguna pretensión, pues estaba lejos de mis mejores marcas. Pero dejaba vagar la cabeza o me proponía no separarme de los de delante, incluso pasarles si veía que me acercaba a ellos poco a poco. Noté algo la falta de rodajes, y muy lentamente en esta segunda vuelta ralenticé algo la marcha, que era ya de 4:32 según veía en el reloj.

Como para la segunda vuelta nos saltábamos las calles del pueblo y había que hacer el kilómetro 21, avanzamos más por la carretera hasta dar la vuelta. Yo había superado a tres compañeros de delante y los siguientes estaban muy lejos, así que perdí referencias, pero tampoco miraba el reloj demasiado, mantenía el ritmo, pero cada vez con más ganas de acabar. Intenté acelerar los dos últimos kilómetros para ver si el ritmo medio lo bajaba a los 4:30, pero no lo conseguí. Llegué a meta en 1h. 35’ 40’’, un crono aceptable para ir “sin preparar”. Puesto 44/ 92, el 34 Máster A.








sábado, 19 de octubre de 2019

BOSQUE DE LA PARDINA BALLARÍN O DEL SEÑOR (DEL SEÑOR DE FANLO) 12/10/2019


Se dice que el bosque de la Pardina del Señor es uno de los más bonitos de la Península Ibérica para visitar en otoño. Yo empecé a conocerlo hace unos diez años, gracias a unas fotos que alguien envió al espacio meteorológico de la tele aragonesa. Y creo que a partir de ahí se puso de moda. Hace unos años habilitaron un tramo del GR15, sendero pre pirenaico, entre Fanlo y Buesa, que permite cómodamente su visita. La ruta entre los dos pueblos ronda las 5 horas y hacen falta dos vehículos. Pero llegar a la Pardina cuesta apenas una hora, y volviendo al punto de partida, permite realizar una corta y agradable ruta de media mañana.
Aparcamos junto a la carretera, unos 700 metros antes de llegar al desvío a Fanlo, auqnue se podría allí, junto a la caseta de Información y Turismo. Bajamos por la carretera unas decenas de metros y aparecen los carteles del sendero. Altitud: 1.333 mts.
Entre pinos, el sendero baja en acusadas lazadas hacia el río Chate, que alcanza al lado de una bonita poza. El camino empieza a remontar la ladera meridional del Pueyo Ballarín. Cruza el barranco Lana d’as Bracas y, algo más adelante, el d’Ixos. 
Tras una subida, se alcanza el paraje de la Cruceta, desde donde el itinerario inicia un llaneo orientado al solano. En todo este tramo, sin que desaparezcan los pinos y algún abeto, además de bojes y acebos, las especies caducifolias son las protagonistas. 
Se caminan junto a hayas, arces, abedules, avellanos, serbales de los cazadores, tilos, álamos temblones, majuelos, olmos de montaña, fresnos y, cada vez más visibles, robles.



En poco más de una hora, alcanzamos la Pardina Ballarín o del Señor (del Señor de Fanlo). Altitud: 1.345 mts.

Tras permanecer un buen rato, nosotros descansando y los chavales jugando, iniciamos el retorno por el mismo camino. En total, 3h. 10’ de ruta. Nos esperaba una comida excepcional en casa Frauca de Sarvisé.



sábado, 5 de octubre de 2019

CASTILLO DE ACHER (07/09/2019)


Participantes:
Pablo, Jorge, Ana y Oscar.
Fecha y meteo.:
7/09/2019; sol, buen tiempo.
Duración:
3h. 09’ a la cima; 7h. 01’ la ruta total.
Desnivel y longitud:
1.263 mts. de desnivel acumulado en 13,9 kms.
Dificultad:
ninguna, la canal de acceso a la muralla se sube y baja bien, con cuidado.



A veces ciertos nombres atraen más que otros. O formas. O recuerdos. Pablo comentó que le gustaría subir al Castillo de Acher. Ana lo había hecho hacía un montón de años y quería repetir; tenía mal recuerdo, mucho esfuerzo tras un largo periodo de inactividad por embarazo. Así que lo propusieron para este día. Yo había estado en agosto, en una circular preciosa, pero tampoco me importaba demasiado repetir. No hay nada mejor que la motivación. Así que condujimos hasta Selva de Oza y nos preparamos para la marcha, exigente, la que más en la corta vida montañera de los pequeños. Altitud de inicio: 1.123 mts.


   El primer tramo es bajo bosque, camino muy bonito entre pinos y hayas y abetos, pero empinado, a tramos bastante. Luego, se llega a cielo abierto con rampas también poderosas hasta que se suavizan, ya entre pastizales y con nuestra muralla arriba a la izquierda. Vimos una vaca muerta, como “disecada”, su piel casi entera, pero hueca por dentro.


El sendero, muy marcado y pisado, se acerca a la base para bordearla hasta incluso superar el paso que permite su asalto. Un sendero pedregoso, entre rocas blancas y rojas, zigzaguea reculando un poco, pero ganado altura por la base del castillo.



 La última parte, más empinada y rocosa, ya es directa hacia arriba hasta llegar a lo alto de la muralla. Sin complicaciones, para subir. Una vez en la almena, enfrente ya se ve la cima, a la que se llega siguiendo el sendero que circunvala el interior de la fortaleza, ya que de manera directa supondría bajar, atravesar simas y huecos por donde se pudiera y volver a ascender. Se puede, pero no es recomendable. En 3h. 09’ estábamos arriba. Es una cima concurrida. Los pequeños muy bien, al final cansados, sobre todo Jorge, pero era más una pose que realidad. Ana aguantó bien. Altitud: 2.385 mts.  


    Almorzamos arriba. Había hambre. Luego descendimos por el camino de ida. El descenso de la canal, con cuidadín, se hizo bien, sin sobresaltos. Luego, el resto es buen sendero, pero no ganamos mucho tiempo en la bajada, fuimos tranquilos, parando. 


Tres “beteteros” iban descendiendo con cuidado, hay que ser valientes. Jorge, tanto que se había quejado, terminó correteando y desviándose en buscar de robellones, cuando el resto teníamos ganas de acabar. Pablo no parecía que hubiera ascendido más de 1.200 metros de desnivel. ¡Bravo por ellos! En total, 7h. de circular.






martes, 1 de octubre de 2019

OS FORATOS DE LOMENÁS: LE TOUR DU VIGNEMALE (28/09/2019)




FECHA:
28/09/2019.
DISTANCIA:
73 kms.
DESNIVEL:
+5.660 mts.
DORSAL:
124
TIEMPO LISTADO:
17h. 48’ 40’’
TIEMPO CHIP:
17h. 48’ 40’’
RITMO:
14’ 38’’/km.
PUESTO:
43/73-103(128)
PUESTO CATEGORÍA:
18/47 VET A M


Cuando para 2018 los organizadores de la Carrera Os Foratos de Lomenás diseñaron el Maratón de Tendeñera, pensé en apuntarme en este 2019. Pero resultó que no conformes con el Maratón, para 2019 se les ocurrió montar un ultra de 73 kms. llamado Le Tour du Vignemale, que daba la vuelta al macizo, más una propina por Tendeñera.  Así que, ya puestos, pues inscrito. También estaba apuntado a la CC45 quince días antes. Pero bueno, a eso casi un año vista no le ves tanto problema.
            El Maratón de Canfranc fue duro. Castigador. Fuimos deprisa. Las dos últimas semanas había intentado sobre todo descansar y mantener. Aquí se trataba de disfrutar y acabar.

            La salida se dio a la medianoche del viernes al sábado. Allí estábamos Marcos y yo, de nuevo mano a mano, pero entre bastantes conocidos. Daban buen tiempo, aunque una noche fresquita. Quizá algo de niebla en Francia. Así que salimos con un par de capas y la térmica en la recámara.


            La salida es por una calle empinadísima en Torla, para seguir ascendiendo unos 200 metros de desnivel. Salimos algo adelante y, no me preguntéis el porqué, pero corriendo por cuestas que normalmente debo subir andando, por mucha primera cuesta que sea. El primer corte de 2 horas en San Nicolás de Bujaruelo no era cómodo, pero de ahí a salir como motos,…Después el ascenso es más tendido por un bonito GR. Ya alternábamos trote con paso ligero en las subidas. Deprisilla.

            Pasar por San Nicolás en apenas 1h. 30’ nos tranquilizó. Además venía un ascenso de 1.000 metros a Bernatuara en el que no había duda, a caminar a un ritmo constante. La vuelta al Vignemale ya la habíamos hecho por libre. La conocíamos. Bonita y dura, pero por senda más o menos cómoda.
            Aun así, Marcos tiraba en la subida como si no hubiera un mañana. Yo, si notaba que era demasiado, me descolgaba y Marcos aflojaba algo. Llegamos al Collado sobre el Ibón. Casi 3 horas. La oscuridad era casi total donde no llegaban los frontales pese al cielo despejado: había luna nueva.
            Tocaba el descenso por territorio francés hasta la Barrage d’Ossue. Nada de niebla. Buena bajada. Pasamos a un compañero que normalmente corre mucho. Alguien no estaba donde debía. Era él, su frontal no iba bien, le dejaron uno y al rato nos pasó como un rayo.
            Tras pasar el control de Barrage d’Ossue, venía el ascenso hasta la Hourquette d’Ossue, sobre Baysellance, a los pies del Vignemale. Ascenso largo y mantenido. China chana, a ritmo, íbamos cumpliendo los tiempos. Llegamos al refugio y tras unos 100 metros más de subida, a descender al Refugio de Oulettes de Gaube, con la vista más espectacular de la norte del Vignemale. Menos mal que la recordaba bien, porque no había amanecido y no se veía un pimiento. La bajada es por sendero muy pedregoso, así que fuimos con cuidado y nada deprisa, no se podía trotar más que algunos pequeños tramos, poco. Marcos decía que al final mejoraba. Sí, los últimos diez metros antes del refugio. Llegamos en 6h. 35’. Mi previsión era de 7 horas.

            Apenas paramos. Comimos y bebimos y poco más, antes de proseguir y encarar la subida al Puerto de los Mulos y pasar a España. Yo para animar iba diciendo que ese punto era psicológicamente clave, ya “volvíamos”. El ascenso al Collado es corto pero duro, agreste, por sendero pedregoso, empinado. Amaneció poco antes de llegar, aún pudimos ver la silueta del Vignemale a nuestras espaldas antes de lanzarnos para recorrer en descenso la cabecera del Valle del Ara.

            ¡Qué largo es el descenso hasta la Cabaña de Ordiso! Lo sabíamos. La senda a veces se difumina, y otras no permite trotar. Cuando se podía, lo hacíamos. La Cabaña no llegaba nunca. Para colmo, en un paso estrecho tuvimos que esperar a que lo hicieran media docena de vacas que subían. Luego otra empezó a mugir de manera impresionante e incluso parecía que nos perseguía. Nunca he visto a Marcos bajar tan rápido. Llegamos a la cabaña a las 9h. 24’ sobre 9h. 40’ previstas. Bolsa de vida. Ahora comenzaba la parte más dura de la carrera, precisamente al abandonar la vuelta al Vignemale y encarar parte del Maratón de Tendeñera. Pensé que completar el círculo hasta San Nicolás y de allí a Torla, hubiera sido un recorrido más lógico para el título de la prueba, y suficiente.

            Paramos unos 10 minutos y reanudamos la segunda parte de la prueba. Tras ascender por el Valle de Ordiso entre prados hasta una cabaña derruida, giramos al sur para encarar la subida a la Peña de Ordiso. Bueno, bueno,…”totieso parriba” por una ladera herbosa sin senda ni nada. Vaya ascenso, ahora que empezaba a pegar el sol. Criminal.
 Llegamos a la cima y el siguiente tramo era aún peor, un descenso al principio muy empinado, con cuerda añadida para quitar miedos y una media ladera por terreno muy pendiente. No era peligroso pero se avanzaba lentamente si no eras un “kamikaze”. Marcos lo pasó realmente mal. Llegamos al Collado de Ordiso y ya por senda hasta el Collado de Tendeñera. Del collado, un ascenso duro, empinado, entre piedras y rocas, pero al menos por trazas de senda, nos dejó en la antecima del Tendeñera. 13 horas, 10’ menos de lo previsto.

 No había hollado nunca su cima, pero me alegré cuando nos indicaron que a bajar ya. Llegamos a un collado y de ahí había que descender hasta la Cabaña de las Comas. Al principio el descenso es bastante empinado y pedregoso y mi compañero, que en las subidas tiraba como un animal, iba bloqueado bajando. La segunda parte ya por pastos fue mejor, aunque largo, muy largo.

            Con el sol calentando de lo lindo, encaramos la subida al Tozal de las Comas. Una subida de nuevo fuera de sendero y por la línea de máxima pendiente. Terreno herboso pero salvaje. Una emboscada para nota. Destroza piernas y destroza mentes.  Hicimos un grupete de cinco que luego se fue estirando. Dejamos lo que creí era el Tozal algo a la izquierda y casi por el cordal alcanzamos una redondeada cima. Allí estaba Monrasín con su cámara. (Aquí su foto)


Incauto de mí quise imaginar que ya era el Litro, pero no. Allí al fondo lo teníamos. ¡Madre mía si está lejos!, chilló desesperado uno de los compañeros. No tanto, pero teníamos que descender para luego afrontar una subida por unas eses marcadas sobre la hierba que asustaban a esas alturas. Tengo que decir que no fue tan fiero el león como parecía. Más corto y llevadero de lo esperado, pero desanimó a más de uno y me quedé solo.

            El descenso del Litro era también “patapum pabajo”. Para colmo, mis tripas empezaron a avisar de que no había hecho los deberes matinales diarios. Así que tuve que hacer una parada a la sombra de un abeto solitario. El descenso se suavizó, mi cuerpo se templó, y al poco llegué a una pista con un avituallamiento.

Yo no sé si la sangre no llega bien a la cabeza porque está en las piernas o qué, a veces “la carrera me confunde”. Pregunté cuántos kilómetros quedaban para el siguiente avituallamiento y me contestaron que quedaban cuatro a meta. ¿? ¿No quedaban unos 7 u 8? No, no,… 4 por pista y luego camino bueno, señalizado con cinta, me dijeron. Llevaba 17h. y poco; si no me dormía, bajaba de las 18 horas previstas. Pues en lugar d dejarme llevar, a darle. Empecé a bajar por la pista y apenas unos 20 metros, el reloj GPS con la ruta se quedó sin batería. En esto que no vi cintas y me empecé a “rayar”. Miré hacia atrás y no bajaba nadie, ahí había un par en el control aún. Vi una cinta y seguí trotando a buen ritmo pero algo mosqueado hasta que veía la siguiente cinta. Calculé que llevaría 3 kms. cuando por fin otra cinta impedía el descenso por la pista y te mandaba por un PR señalizado.
Un corredor que subía de Torla me dijo que quedarían 2 o 3 kms.,…¿Aún? Bueno, seguí trotando que podía conseguirlo. Alcancé a dos compañeros que bajaban andando y les dije que podíamos bajar de 18 horas, así que los bribones empezaron a correr, por eso y para que no les adelantara,..Jeje, Daba igual, yo ya solo pensaba en llegar y bajar de 18 horas a ser posible. En 17h. 48’ cruzaba la meta, jaleado por Toñin Laguarta, el gran speaker. ¡Otra para la colección! Gritó antes de hacerme unas preguntillas a las que no sé ni que respondí, que está el cerebro como para pensar. Carrerón que se hace muy duro, sobre todo la segunda parte. Muy bonito, aunque la noche te oculta una parte espectacular. Marcos llegaría unos 20’ después que yo, las bajadas siempre le penalizan.