martes, 26 de julio de 2016

GRAN TRAIL ANETO POSETS 2016 (23-24 JULIO 2016)

Allí estaba de nuevo. Avenida de los Tilos de Benasque, poco antes de la medianoche. Dispuesto para la salida del Gran Trail Aneto Posets. Como en el 2014. Ese año abandoné cuando a mitad de carrera, se pasa por el punto de partida. La cabeza falló. Esta vez quizás no llegara tan entrenado, y dos años mayor, pero más consciente de lo que me esperaba. Precisamente por ello, con muchos nervios. Al retirarme, dije que “nunca más”. Pero al día siguiente sabía ya que tenía que volver, que iba a volver.  Y allí estaba  de nuevo.
Llegué con Toni, y nos juntamos con Fran y Gorka. Había mucho ambiente, la tele, la radio,… Ese fin de semana en Benasque se monta una gran fiesta de las carreras de montaña. Entramos al cajón de salida previa inspección de los crampones, y esperamos la cuenta atrás. Ya con ganas de ir restando kilómetros. Tenía la idea de salir ligero para evitar el primer corte de La Renclusa, y luego coronar Salenques con un colchón que me permitiera ir ya más tranquilito.
Sonó al Himno del Valle de Benasque, y comenzamos a trotar. Como siempre al inicio, rapidillos. No me importó, el terreno lo permitía y así se gana tiempo. Llegamos por pista y buen sendero a Baños. En unos 10’ menos de lo que me había marcado. Toni se había quedado, dice que siempre le cuesta coger ritmo, pero conseguí enlazar con Gorka, al que pasé porque se paró a hacer una pequeña parada técnica (sí, a orinar). Íbamos a buena marcha. Chispeaba intermitentemente. La previsión no se estaba cumpliendo. El tramo al Hospital fui trotando cuando el terreno se dejaba y hasta el repecho a La Renclusa, también. La corta pero dura subida, ya caminando a buena marcha. Llegué al refugio en 3h. 06’, unos 25 minutos de adelanto sobre lo previsto, y me relajé, daban 4 horas. Esperé a que llegara algún compañero y al poco apareció Gorka, con el que ya hice grupeta el resto de la carrera. Hacía fresquito. Así que tras avituallarnos no paramos demasiado y salimos para afrontar la subida al temido Collado de Salenques.
La subida a Salenques, es larga y tendida. Pusimos la marcheta y a bastonear. Oyendo la furia con la que bajaban los torrentes de la norte del Aneto por el Valle de Barrancs. Poco a poco te sumerges en el mundo de los bloques de granito, y el ascenso se torna costoso, penoso. Y el frío aumentaba, era aún de noche, había algo de niebla y caía una fina lluvia o aguanieve, las condiciones estaban empeorando. En las rampas finales un voluntario nos instó a ponernos los crampones para pasar un nevero; después había que quitarlos para pasar un tramo de roca y ponerlos otra vez para ya llegar al collado. Gorka decidió llevarlos en la mano mientras superábamos las piedras, y se le cayó uno a un hueco entre los pedruscos. No me extrañó, las manos se quedaban heladas, bajo unos guantes algo mojados, después de quitártelos para poner y sacar los crampones. El cuerpo también, había que pasar deprisa. Afortunadamente un compañero lo pescó con un bastón. Tras pasar el collado, a 2.808 mts. (eran las 6:35), el descenso evitaba la nieve y  faldeamos ayudados por una cuerda fija que guiaba y daba seguridad. Al perder altura  y con el movimiento, el cuerpo recuperó calor, la cosa ya fue a mejor. Estaba saliendo el sol, que yo esperaba con ansía. 



El tramo de sube y baja al Collado sin nombre (se me ocurre alguno pero  no estaría correcto expresarlo), entre ibones y hasta el Collado de Angliós, lo conocido, bonito pero agreste, incómodo, rompe piernas, no avanzas en kilómetros. Y machaca las piernas, y la cabeza. Es “mayormente en bajada” pero casi más lento que los tramos de subida. Un caos interminable de rocas de granito. Un Pirineo extremo. Se me hizo largo pero esta vez lo esperaba. Una frase del gran Fran resume Salenques: “no es que no sea corrible, no es ni andable”. 


Bajando a Llauset trotamos los metros finales, que casi no lo hacíamos desde Aigualluts. Eran las 10. Una horita menos que en 2014 y que lo previsto. Tras la paradita reiniciamos trotando un sendero casi llano que bordea el embalse, pero enseguida comenzaron las rampas duras de ascenso a Ballibierna, y tocó de nuevo caminar. Antes del nuevo refugio, que nos hicieron visitar, nos cruzamos con Fran, retirado y que acortaba desde Salenques a Llauset. El ascenso al Collado de Ballibierna es menos largo que al de Salenques, con mejor piso,  con solecillo, de día…lo salvamos bien. 

El descenso, ya sabíamos que no era cómodo hasta llegar al Refugio de Coronas.  Poco antes nos pasó el primero de la Vuelta al Aneto. En ese momento nos sacaba 7 horas…mejor no pensarlo.  
Del Refugio de Coronas quedaban 14 kilómetros de bajada a Benasque, por pista. Aquí sí que decidimos trotar. Y lo hicimos (como Dora); sin parar, a un ritmo majete. Ya tocaba…. Nos plantamos en Benasque sobre las tres y media. Casi dos horas antes que en 2014. Y lo mejor de todo, sabiendo que íbamos bien y que nos tocaba comer, beber, cambiarnos de ropa y… seguir o seguir. Llamé a la familia, me cambié calcetines y parte superior entera, y a continuar.  
Pensé que de retirarme ni hablar, que me conocía y dentro de un año o dos me tocaría de nuevo darme esta primera vueltecica…y no quería volver a Salenques. No vuelvo por allí ni aunque me lo pagaran a precio de oro, no vuelvo ni con pistola al cuello, ni aunque haya un “Pokemon” de esos. Vamos, no sé si he dejado claro que Salenques…en foto. Bonito es, ¡eh! Os animo a visitarlo, pero yo ya he cumplido, tres visitas.  


El segundo bucle del infinito comienza con la subida al Molino de Cerler. Tenía en la cabeza las palabras de Javisa tras retirarme dos años antes: “si hubieras seguido subes tranquilo al Molino, y bajando te vuelves a sentir corredor, y ya para adelante”.  Comenzamos a remontar altura por un agradable senderillo, sin forzar, entre otras cosas porque nos íbamos cruzando con los corredores de la Maratón de las Tucas que bajaban a meta. Fue una sucesión de “¡ánimo máquinas!” de ellos a nosotros, y de “¡gracias, venga, casi hecho!” de nosotros a ellos. Nos cruzamos con Jordi, que bajaba como un cohete, con Marcos, bravísimo. Nos decían que llevábamos buena cara. En El Molino, traguico de agua y a bajar por Anciles a Eriste. Y más conocidos por el camino: Enrique, Vanesa, Rafa….

Nos plantamos en Eriste habiendo trotado casi toda la bajada, “capazos” aparte, por un sendero que daba gusto, correteando como pastorcillos. Ya habían caído otros 10 kilómetros más, agradables. Tocaba afrontar el “subidón” de la segunda parte: el ascenso al Collado de La Forqueta, a 2.868 metros. Pero a mitad teníamos el control del Refugio Angel Orús. Menos mal que la subida se divide en dos, porque son 12 kms. y 1.800 mts. de desnivel de tacada. Este tramo lo conocía bien. A mitad de subida nos cogió José Antonio, compañero en la Challenge, y se unió al dúo formando un grupo de tres, mejor que decir trío, que algunos tenéis la mente muy sucia. Como conocía el tramo, impuse el ritmo, el que creí adecuado para no quemarnos, pero alegre, había que aprovechar el día.
 Tras una pequeña pausa en el Orús, con caldito con fideos reparador, reiniciamos el ascenso. Gorka, que dijo que había flojeado un poquillo hasta el refugio, recobró fuerzas e impuso un ritmo exigente al Collado de la Forqueta. La primera parte, con tramos de escalones, la llevé peor, no me van; la segunda, empinada pero de bastonear, un sendero con fuerte pendiente, mejor. Estos ni se fijaron que pasamos junto al Ibón de Llardaneta, ni nada,…Menos mal que “el abuelo cebolleta” iba contando, “que si por aquí el desvío a la Canal Fonda, que si pasamos al lado del ibón…”. Una fuerte rampa de esas que te calientan rápido los cuádriceps, nos dejó en el ansiado Collado de la Forqueta. Pasamos a las 23h., de noche. Me había costado seguir a mis compañeros, sobre todo al inicio.

La bajada a Biadós la recordaba mala al principio, pero buena después. Pero la parte empinada y pedregosa no acababa nunca. Se veían las luces del Refugio, muy abajo. Llegamos a una zona entre bosque que también se hizo larga. Gorka no hacía más que repetir que nos habían engañado en la distancia. Luego nos dijo que de vez en cuanto se medio dormía. La segunda noche estaba empezando a dejarse notar, todo parecía pasar más despacio y ser más largo.  Aunque, bueno, estábamos recorriendo un Pirineo infinito. Le tomé el relevo un rato y por fin llegamos abajo, pasamos un puentecillo y giramos  a la izquierda para ascender unos metros al Refugio de Biadós.  Nos costó 2h. y media largas este tramo, peor de lo pensado. Yo tampoco estaba muy lucido. Aún le pregunté a un voluntario que si había otra bajada de La Forqueta, que esa no me había sonado…se partió de risa. Anda que no estaban la marcas GR bien pintaditas por donde nos llevaron, y las vimos y seguimos, pero..… pensad que llevaba desde el viernes a las 6:15 despierto (trabajé). Una voluntaria nos preguntó qué tal y le respondimos con tópicos y bromillas, pero nos dijo que era una médico de la carrera y entonces, fuera bromas, le dijimos que bien. Un corredor vomitó, y no sabemos cómo acabaría.  Allí se quedó con su grupo.
            José Antonio se había retrasado algo, y cuando salíamos, llegó. Le dijimos que ya nos cogería, preferíamos reiniciar china-chana a quedarnos fríos parados. Nos restaba afrontar la última subida, al Collado de Estós, y eso nos animaba (no subir al collado, el que fuera la última). Tras deshacer lo recorrido unas centenas de metros, casi en el puentecillo mencionado, continuamos hacia el fondo del valle por un sendero entre hierbas y matojos que ascendía de manera tendida, faldeando  el margen derecho orográfico del valle, Era noche cerrada y a nuestra derecha veíamos difusamente cada vez mas abajo el fondo, y un ruido ensordecedor del agua precipitándose…Qué bueno no ir solos. Daba cosa. Íbamos como autómatas de baliza en baliza, no se acababan nunca las balizas, y no se acababa nunca este faldeo, era desalentador. Porque sabía que en algún momento teníamos que girar a la derecha y afrontar las rampas finales al Collado de Estós. José Antonio nos cogió, y al poco, por fin, atravesamos la palanca de Añes Cruces para acometer la última parte de subida más empinada, ya los tres juntos. Gorka empezó a subir como poseído, o al menos eso me pareció el ritmo que impuso. Vimos las luces del collado pero nos costó llegar, de noche, sin perspectiva, no pudimos calcular lo que nos quedaba., y era más de lo que parecía. Arriba nos dijeron que el descenso al Refugio de Estos era por buen sendero muy marcado. Hombre, marcado con pinturas de GR sí, pero muchos tramos, de buen sendero, nada. Íbamos de baliza en baliza, como autómatas, Gorka delante, y a veces fijándose tanto en la baliza siguiente que perdía la sendita e íbamos unos metros en paralelo, fuera de sendero. Yo no hacía  más que decirle, “no, el sendero va por aquí”, y pensaba que me iba a mandar a escaparrar,…jeje.  Además el sueño también me estaba empezando a hacer efecto. Repetidamente pensaba que porqué el empeño en seguir las balizas, como quien unía puntos con segmentos, que lo que teníamos que hacer era ir rectos a Estós. ¿?  Nos amaneció camino del Refugio de Estós.  Mis compañeros manifestaron varias veces que debíamos estar ya casi, yo me callaba pero sabía que no. Hasta que les solté “está tras esa loma de allí que baja de la montaña, aun nos queda”. Y se hizo el silencio. Pasadas las 6 y media, llegamos a Estós, y los voluntarios, de diez todos, en este caso se empeñaron en ponernos mantas y que nos sentáramos mientras bebíamos un caldito y comíamos. 

Esto estaba muy cerca de finalizar. Ahora sí. Unos 13 kms. hasta meta, primero por camino  y luego, desde la Cabaña del Turmo (sí, la de 20 de abril del 90, la del “Cifu”…), pista forestal. Teníamos pensado trotar todo lo que pudiéramos, pero José Antonio nos dijo que no podía. Le contestamos que entonces andando, que llegaríamos los tres  juntos. El problema no era llegar más tarde, era que se nos iba a hacer muy largo este tramo. José Antonio debió pensarse eso, se animó y pudimos trotar. Al llegar al aparcamiento de Estós vimos voluntarios como esperando. Ostras, no…eran los amigos de Andandeh, ¡qué alegría! Antes de entrar al pueblo, no por carretera, sino por un camino lateral, pensamos que llegaríamos poco antes de las nueve, hora de salida de la media maratón, de manera  que decidimos caminar para llegar un poquito más tarde y tener nuestro momento de gloria,..jeje. Así lo hicimos y llegamos a meta a las 9:12 de la mañana, 33 horas 12 minutos después de la salida. Unos 108 kms. y +6.700 mts. de desnivel.

Enormemente contento, muy satisfecho. Además, y no es decir por decir, con la alegría de ser recibidos entre amigos, de ver caras conocidas y la alegría en sus caras, es de agradecer. Una carrera dura, muy dura, brutal, salvaje. La más dura que he hecho. Un Pirineo extremo, un recorrido infinito. Una pena lo de Toni y Fran. Volverán y triunfarán. Y por último, a Jorge, que así le recibieron y a José Antonio, muchas gracias por compartir parte de la carrera. Sin vosotros, hubiera sido mucho más difícil. 


lunes, 4 de julio de 2016

PUEBLO DE LARROSA desde Acín de Garcipollera (01/05/2016)

Participantes: Feli, Jesús, Miguel, Pablo, Jorge, Ana y Oscar.
Desnivel: 324 mts.

Aparcamos en Acín de Garcipollera tras recorrer la pista, con más baches que en otras ocasiones. Altitud de inicio: 1.026 mts.

Comenzamos a caminar por la pista que lleva a Iguacel. Atravesamos un barranco  mirando con curiosidad una senda. Creemos que va a Larrosa y que está limpia, pero como no estamos seguros, pensamos mejor ir por la pista. Jesús se interna un poco y confirma que parece limpia. Aún así, seguimos por la pista. Cuando ya no queda mucho para Iguacel, nace de la principal una pista a la derecha, por la que discurre el GR15, y que marca Larrosa. La seguimos. Al poco se ve el pueblo, pero la pista realiza un rodeo. Estábamos encima del pueblo. Un sendero marcado GR15 abandona la pista y desciende hasta las casas. Este GR15 continuaría hasta Acumuer. Nosotros aquí nos paramos, pues ya hemos llegado a nuestro objetivo.  Altitud: 1.153 mts. 


Mis padres se dieron la vuelta y nosotros nos quedamos “callejeando”. La idea era comer en Iguacel a la bajada, pero hacía muy buen día, y en una praderilla en la parte baja del pueblo, almorzamos. Mientras acababan la comida, investigué un poco. Un par de mojones me dieron la pista. Descendí hasta otro, y encontré una senda que bajaba directamente dejando un barranco a la izquierda. Al volver, propuse intentar volver por allí, lo que tuvo mucho éxito. Así lo hicimos. La senda es limpia y clara, y nos dejó en la pista a Iguacel por terreno más bonito y directo que la pista.  La única dificultad es saber tomarla desde el pueblo. Efectivamente desemboca por donde mi padre había comenzado a subir.  Para otra vez, también subiremos por allí.



miércoles, 29 de junio de 2016

VIII GRAN TRAIL SOBRARBE (25/06/2016)


Por segunda vez participaba en el Gran Trail Sobrarbe. La primera fue en el 2012, con otro recorrido, el que daba la vuelta a la Peña Montañesa. Así que en realidad era una carrera nueva para mí. Íbamos una expedición numerosa, 9 amiguetes. Algunos repetían, otros eran nuevos en esto de las carreras largas.


            A las 6 de la mañana se dio la salida en el Castillo de Aínsa, y tras pasar por la plaza, descendimos y abandonamos el pueblo. 

Por pistas, caminos y sendas devorando kilómetros con bastante rapidez, pues era un terreno propicio para ir ligero. Los más rápidos del grupete ya se habían ido y yo iba cómodo con Jordi y Juanito. Antes de llegar a Laspuña (km. 15), primer avituallamiento, vi a Javisa caminando; un tirón le había dejado fuera de combate. En el control, mientras nos hacíamos una foto, Juanito se fue “a lo somarda”. Luego nos contó que creía que nos habíamos ido, la excusa de siempre…

Continuamos Jordi y yo por un sendero muy agradable y bonito hasta Badaín (km. 25), donde nos juntamos con Juan, el bribón. Este tramo prácticamente lo trotamos todo, según la teoría de Jordi de  que cuando el terreno es en bajada o llano, las pequeñas subidas se corren, y cuando el perfil es para arriba, las pequeñas bajadas o llanos se camina…Sufrimos algún tapón, y Jordi se ponía nervioso hasta que lograba pedir paso. Me vino bien. Yo hubiera sido más paciente. A veces también pasa que te acomodas detrás de alguien y hay que ser consciente de que puedes ir un poco más ligero, ya vendrán ratos de  ir más despacio.
            Llevábamos 25 kms., más de un tercio, pero del tramo con mejor terreno y de menor desnivel. Desde Badaín afrontamos la primera subida de verdad de la carrera, hasta el Collado de San Miguel. 

Pusimos la marcheta y llegamos al collado, a un puesto de avituallamiento intermedio. Tocaba  bajar hasta Saravillo. Pero antes a mí me tocó otra cosa… vaya racha que llevo de paradas técnicas…Mis compañeros se me fueron y tuve luego que bajar más alegre, hasta que nos juntamos los tres en Saravillo. Antes, foto de Lorenzo, que teníamos como hombre-apoyo y fotógrafo. Les conté la historia de Bruno Fierro, el cura más famoso del lugar, no sé si les interesó mucho, pero por hacer más amena la cosa. Habíamos llegado al km. 35 que era la mitad, pero Juan se encargó de nuevo de recordarnos que nos quedaba “nosécuantos” de desnivel ¡Joer Juanito, mira lo positivo!

            Bueno, estábamos en el punto de inicio de la subida al Ibón de la Basa de la Mora. Nueva historia  del Abuelo Cebolleta que les conté. Tampoco se entusiasmaron. La subida es  buena, pero muy larga y pendiente. De nuevo puse la marcheta de subir. Mis compañeros pararon a mojarse el pelo, y yo continué “chino-chano”, que ya me pillarían. Me sentí cómodo en la subida e iba adelantando gente casi continuamente. Creí recordar que el Refugio de Labasar estaba a dos tercios de la subida e iba pensando, “qué largo va a ser esto”,…pero es que está ya casi al final. Muchos coches aparcados y mucha gente ajena a la carrera desde allí hasta el ibón. Era el km. 40. Paré lo normal en el control y me dirigí llaneando al Ibón, parte del tramo era de ida y vuelta y te cruzabas con los de delante. Precioso el ibón, que ya conocía, pero siempre gusta volver. Ni rastro de la Mora y eso que San Juan había sido hacía poco.

 En el tramo común me crucé con mis compañeros y les dije que bajando me pillarían y si no en Plan. La bajada, larga y poco “corrible” para mí, por senda de montaña con sus raíces y sus piedras. Me la tomé con calma, como todas. Al llegar a una pista, aún quedaban un par de kilómetros hasta el pueblo. Dando el sol, picando hacia arriba,…dos kilómetros apestosos. Llegué a Plan, km. 49. 

La “speaker” cantaba el dorsal y te preguntaba si seguías o no. Debe ser tentador ver la medalla, los platos de macarrones, y el autobús, pero yo no tenía elección. A seguir. Allí además de comer y beber, llamé por teléfono y esperaba a mis compañeros cuando apareció Toni, que había adelantado a Jordi y Juan bajando. Llevaba ya un ratillo cuando aparecieron, y Toni y yo salimos antes. Había que subir a Gistaín. ¡Vaya subida! A la hora de la comida, el sol de lleno, y una subida empinada como pocas. El que la hizo no pensaba subir muchas veces de Plan a Gistaín, creo,…

Menos mal que en el pueblo pasamos por una fuente en la que nos refrescamos. Luego continuamos hasta Serveto, en un sube y baja en el que a ratos trotábamos, a ratos caminábamos. Habíamos hablado de tomarnos esta última parte con tranquilidad. Este tramo es el más feote y el que se hace más largo de la carrera. En Serveto estuvimos poco, que teníamos ganas de afrontar (más bien de superar) el último ascenso, al temido Collado de la Cruz de Guardia. Es un ascenso largo pero más bien tendido. Comenzamos con sol, pero alguna nube lo tapaba a ratos y se agradecía. A mitad había un control con agua, y ya nos avisaron que iba a caer la tormenta, la cosa era cuándo,...y fue casi al llegar arriba. Tocó ponernos los chubasqueros. Íbamos sin vaciarnos pero a buen ritmo. Aún adelantamos a unos cuantos. Delante llevamos un rato una corredora de Madrid que comentaba lo bonito del entorno. Comenzamos a oír a las voluntarias bastante antes de llegar ¡Vaya ánimos y vaya marcha que llevaban,…! Llegamos al control. 

Era el km. 62 y pico. Estaba Ramón, pero como llovía, con pocas ganas de hacer fotos, sobre todo a los hombres,…je,je. Nos dijo que si bajábamos bien, en 40’ en Bielsa. “Vamos, ni hablar”, le dije, “yo bajo con cuidado, y más lloviendo”. “Pues 1h. 30’ “. 


Tardamos 1h. 35. La bajada también es larga, pero se hizo muy larga. Además ya se va viendo que te queda trozo, porque sabes que hay que llegar al valle principal. Nos adelantaba gente como centellas. A mitad me pidieron paso y…era Jordi, que como Ramón le había dicho que le llevábamos 10’,…bajó como una moto. Le chillé que tuviera cuidado. Toni y yo asegurando. Llegamos abajo y nos quedó la corta subida final hasta el pueblo.  Ya no llovía. La prueba estaba superada.


 Cruzábamos la meta en 12h. 25’. Mi previsión había sido  de 12h. 30’ Casi clavado.

miércoles, 1 de junio de 2016

ULTRA TRAIL DE JACA (28/05/2016)


Algo antes de las seis de la mañana de 28 de mayo. Plaza de San Pedro de Jaca.  Por allí donde tantas veces “terraceo” tranquilamente, me dirigía a la salida de la Ultra de Jaca. Por delante 100 kms. y unos 4.400 mts. de desnivel positivo. ¡Qué pereza! Me encontré con Aitor, apuntado a la de 70 kms., él acabaría al volver  a pasar por la catedral. Tras dejar la bolsa con material de repuesto en la Ciudadela, coincidí con Martin, Roberto, Angel, Lucas…viejos conocidos de estas historias,…y me junté con mis colegas de Andandaeh, Jorge Tricas, Gorka, Quique Toledo (apuntados como equipo) y Marcos, este último, el bribón, iba a marcarse “sólo” 70 kms. de la Long Trail.


Por las asfaltadas calles de Jaca y  en descenso, los de cabeza salieron  como siempre, rapidillos, y quieras o no, algo te contagias, pero poco. Los primeros kilómetros eran llanos y en suave descenso. El trío de compañeros corre más deprisa, y se fueron. Yo iba con Marcos, más o menos. No hizo falta el frontal en ningún momento. Pero allí lo tenía, en la cabeza. 


Pardillo. Primer ascenso, a La Predicadera. Y bajada a Atarés. Iba cerca de Roberto, de Angel,…cogiendo poco a poco tono, no había salido muy fino. De Atarés a Santa Cruz íbamos Roberto, Marcos y yo. Bonito pueblo. Ahora tocaba afrontar la subida al Monte Cuculo, pero antes el control del Cubilar de Bartolo. Ya la cosa iba para arriba de manera importante, y notaba que me faltaba desnivel en mis piernas, recordé otras carreras, comparé, y compré. Fui a salir del control y…¿dónde estaban mis bastones? Que me los habían quitado…pero no exactamente, había otros abandonados, así que los cogí. Al poco Roberto volvía con los míos a recuperar los suyos… Afrontamos la subida al Cuculo. Marcos y Roberto estaban fuertes. Yo hacía un poco la goma. 

Cuando no vas bien, hay dos opciones, ir igual de deprisa sufriendo un pelín más, o ir más despacio para no sufrir tanto. Adivinad qué suelo hacer yo… (efectivamente lo segundo). Vaya repechos, ya los conocía. No me pillaba de sorpresa. Pero el collado llegó, y quedaba la más tendida subida a la cima. Nosotros subíamos y el equipo bajaba. “Lo vais a pagar y lo sabéis”, le grité al trío. Pero por decir algo, vamos.


 Luego nos tocó a nosotros bajar y ascender a San Salvador, y ya bajar al Monasterio Nuevo. Previamente hice una parada técnica, y me quedé como nuevo, hubo un antes y un después. Ahora iba ligero cual pluma.
Del Monasterio a Atarés me sorprendió la bajada, bonita, “corrible”, una gozada. En este tipo de pruebas , todo el recorrido te suele sorprender para mal ( qué lejos, qué largo, que mal piso…pues oye no, este trozo, muy bien).  Ya iba, digamos, “lo normal” tras “treintaypico” kilómetros. Eso tengo yo, nunca voy muy bien, nunca voy muy mal. Vamos, un tío gris, un “acabador”. Y encima bajando vi las espaldas de Gorka. Allí estaban  mis compis, que ir en grupo tiene eso, te comes los malos momentos de todos, y habían ralentizado algo. Marcos bajando se quedó atrás, pero poco. Tardé en pillarlos y fui un poquico detrás algunos minutos porque sólo iba un pelín más rápido que ellos y no era cosa de pegarme un calentón (eso y para oír si me criticaban o algo). Volvimos a llegar a Atarés. Paramos lo normal mientras Marcos llegaba y salía como una centella, que nos quería ganar, el salao. Venía el tramo más largo, casi 14 kms. hasta las faldas de la vertiente sur de Oroel, Pardina Ordolés. 

Y con “la“ calor. Por aquí, en concreto en el km. 47, Quique, que iba ligeramente “atrancao”, logró que su cuerpo comenzara a funcionar, la señal fue, en fin, un toque de trompeta. Con Monsieur Toledo recuperado y Tricas arrastrando el grupo como el corcel de cabeza que guía una auriga, me preguntaba qué hacía ahí si precisamente no había querido hacer equipo para ir a mi ritmo, …bueno, acompañado se va mejor. Menos mal que Gorka parece que tiene más talento y aun estando fuerte, regulaba más.



Llegamos a  Ordolés, justo no había agua, la estaban subiendo y nos hicieron esperar 20’. Bueno, hubiéramos estado unos 10’, tampoco perdimos tanto y así descansamos. Acometimos la subida a Oroel, que se hizo larga, dura por el calor del último tramo, pero poniendo una marcheta llevadera, china chana, subimos sin desfallecer. Como debe ser. Foto en la Cruz y para abajo, que a Marcos nos lo hemos cruzado en el cordal y le hemos gritado “¡te pillamos bajando y lo sabes!”… 


El equipo bajó como una manada de jabalíes, así que ellos delante y yo algo por detrás, llegamos al Parador. Nada más llegar me dijeron que salían, aprovechando que estaba yo de “capazo” con Miren, “¡cagüen!”, ¡hala, para abajo! Que ya puestos a ver si llegamos juntos. Del Parador a Jaca, aún fuimos ligeros. Tricas,…no tienes piedad, que lo sepas. Si te pitaban los oídos, al menos era yo. Y llegamos juntos a Jaca. ¡Qué alegría, si no fuera porque la cosa no acababa allí, excepto para Marcos, exultante. Hemos tardado 11h. 30’. No iba mal la cosa. Mi familia ahí estaba, para darme ánimos,… Ah no,…que al final “pasaron” de mí. Al poco oímos llegar al ganador, Dani Amat. No nos había pillado por poco. Paramos un ratillo en la zona de bolsas y masajes. Allí Quique estuvo un rato en manos del fisio, ( el yayo lo necesitaba, qué le vamos a hacer,  los hombres de verdad, nada). Como no había llovido pese a las previsiones, sólo cambié los calcetines. Y a seguir antes que aparecieran los cantos de sirena en forma de caña con gas y banderilla en una mesita de la Plaza de la Catedral.
Nos quedaba el bucle de 30 kms. por Grosín y Bergosa, que algunas veces hago yo para entrenar…pero me dio que esta vez no iba a ser lo mismo. Trotamos de Jaca a Las Grajas, más que nada porque luego hasta Grosín íbamos a caminar, y Tricas se hubiera puesto nervioso si no. Empezamos la subida, por la senda  que acorta la pista. Comenzó a llover y paramos a ponernos los chubasqueros. Yo estaba más torpe que el resto y se me fueron. Reanudé la subida y…joer como han apretado estos,…ni les veía,… aceleré…nada… llegué a la pista y oí detrás a un tío gritar, no le conocí ¿Angel?...sigo y volvió a gritar…¡Pero si era Tricas!, se habían despistado y se habían metido hacia un barranco…(ya vi que no les podía dejar solos,..je,je). Pasamos el collado y nos empezó a granizar…buf. Y no había donde meterse. Cuando paró estábamos casi en el control  bajo Grosín. La subida a la cima, corta, pero dura, estaba resbaladiza. La bajada por el otro lado, estaba más resbaladiza aún…los palos (Quique antes del 28 de mayo de 2016: “ paso de palos, deberían estar prohibidos”), vinieron de miedo. 

Bajamos a Castiello trotando por la pista. Acabamos hasta el gorro de correr, pero nos habíamos plantado en el km. 87, y ya lo que era correr, quedaba poquito. Tras cruzar el río Ijuez por la pasarela, a poner modo “subida” hasta Bergosa. Subidica también “castigadora”, , en la que Gorka tiró del carro. Pero más corta que las de antes, y sin mucho barro. Llegamos al penúltimo control, en el pueblo deshabitado.  Se hizo de noche y pusimos frontales. 


Llaneo por senda hasta la pista que baja de Albarín a Ipás. Quique me dijo que yo primero, que él no veía de noche (alégrate, no es cosa de tus ojos, gástate perras en un frontal, macho, que al llegar a meta en el video se ve que el tuyo no alumbra una caca). Por la pista trotamos. Y a subir a Rapitán. Subida cortita, pero los cuerpos estaban para pocas alegrías. Al llegar a la loma troté y me carrañaron…pero es que se trotaba bien, y si queríamos llegar en menos de 18 horas no había que dormirse. Dimos la vuelta al Fuerte, como dijeron en el “briefing” y como ponía en el libro de ruta, y  como te marcaban las cintas de manera clara…(lo digo porque dos jetas no la dieron, les avisamos y tiraron para abajo, allá ellos,…). Bajamos Rapitán, nos acicalamos ya en las calles de Jaca,  (bueno, dentro de lo que cabe, que no llevábamos peine ni maquinilla), y entramos en meta, el equipo Andandaeh, como equipo ganador además, y un servidor. Al final, 17h. 49’ tras 100 kms. y unos 4.400 mts. de desnivel. 

Una bonita vuelta alrededor de Jaca. De no ser por mis compañeros, hubiera tardado más (pero el lomo de Rapitán hay que correrlo, que conste). Gracias. La carrera muy bien marcada, bien organizada y muy buen trato de los voluntarios.  Gracias a todos también.     

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