martes, 21 de mayo de 2019

TRANSVULCANIA (11/05/2019)



FECHA:
11/05/2019.
DISTANCIA:
74,33 kms.
DESNIVEL:
+4.350 /-4.057 mts.
DORSAL:
1630
TIEMPO LISTADO:
11h. 50’ 44’’
TIEMPO CHIP:
11h. 50’ 44’’  
RITMO:
9’ 33’’/km.
PUESTO:
232/966-1.213 (1.507)
PUESTO CATEGORÍA:
200/848-1.066 M
DISTANCIA GPS:
74,25 kms.
DESNIVEL GPS:
+4.297/3.949 mts.
TIEMPO GPS:
11h. 49’ 52 ’’
RITMO GPS:
9’ 34’’/km.


                 La Transvulcania es una prueba de ultra distancia que se celebra en la Isla de La Palma. Quizás la más internacional y mediática de las que se disputan en España. Todo el que va asegura que es preciosa. Desafortunadamente la logística no es fácil. Este año me animé. Vacaciones en La Palma.
            Pensé meter en la mochila cortavientos, manguitos y un forrete fino por si acaso antes de la salida o en las alturas hacía fresco; calcetines y camiseta de repuesto, gorra, unos guantecillos finos y cinta para la cabeza. Pero poco a poco fui quitando y, cámaras aparte, sólo llevé el corta vientos, los calcetines y la gorra. Además de la obligatoria manta, frontal, algo de comida y agua. Iba sin palos.

            Tras un madrugón de aúpa, sobre las 4 de la mañana un autocar de la organización nos dejaba en el Faro de Fuencaliente, punto más al sur de la isla. Pasé unos minutos esperando sentado entre cientos de corredores con caras de tensión e ilusión, con el corta vientos puesto pero sin demasiado frío. Poco después de las 5 me metí en el cajón de salida, para no salir demasiado atrás. Me habían informado de que se organizaba un tapón de órdago al coger el sendero.

            A las 6h. y con un ambiente espectacular, se dio la salida. Salimos escopeteados por la carretera; yo también, lo reconozco. Son un par de kilómetros a lo sumo, pero sirven para que al coger el sendero la cosa vaya más fluida. Una serpiente de frontales recorría la Ruta de los Volcanes, un sendero GR muy bien trazado. Pica para arriba, pero fuimos ligeros en cuanto la hilera se estiró. En cuanto podíamos, nos echábamos a correr pese a ser subida. El picón, esa arena volcánica negra, dificultaba la tracción, pero de momento había fuerzas. Lamentablemente la noche nos ocultó la belleza de la zona del Teneguía, volcán nacido en 1971, como yo. En poco más de una hora llegamos a Los Canarios. Pese a lo temprano, un ambiente como pocos, todo el pueblo en la calle. Pelos de punta.

            Continuamos ascendiendo hacia Las Deseadas. Había amanecido y ya pudimos disfrutar de las vistas. Recorrer ese cordal, la espina vertebral de la isla, con un mar de agua al oeste, y un mar de nubes al este, ofrecía una visión espectacular que invitaba a detenerse. Alguna vez lo hice, para sacar alguna foto.  El sendero entre pinos canarios era agradable y precioso, aunque los tramos de picón se hacían duros. Pasamos por el segundo avituallamiento, Las Deseadas. Dos volcanes gemelos.

 Y nos lanzamos rápidamente en un sube y baja descendente al Refugio El Pilar. Un gentío enorme nos animaba. Paré unos minutos para meter el frontal, ponerme gorra y enviar un mensaje. Llevaba 3h. 36’ y había previsto 4h. Primer tercio de carrera completado, a buen ritmo. Me sentía cómodo.
            Iba con cuidado de beber agua con asiduidad, y tomarme las sales cada hora. Además de lo que comía y bebía en los avituallamientos: isotónica, coca cola, fruta…. Me acordé de los calambres en Vio, y no quería que me pasara lo mismo, hubiera sido terrible con tantos kilómetros por delante.
            Seguimos con subes y bajas continuos hacia El Reventón. Nos acercábamos al borde de la Caldera de Taburiente. Es un tramo rápido, se puede correr. Tras pasar El Reventón, donde rellené litro y medio, pues el siguiente tramo era de 11 kms., ya tocaba subir. Subir mucho y empinado, entre rocas basálticas. Había que tomárselo con más calma. Me pasaron algunos como rayos. Eran los primeros del Maratón, que sale de El Pilar. A partir de ahora era difícil saber que ibas lento si te pasaba mucha gente, ya que si son del maratón, es lo normal. Tras algo de bajada llegamos trotando al control bajo el Pico de la Nieve.

            Nuevo ascenso duro, pero corto, con el sol ya pegando bien, hasta encaramarnos al cordal de la Caldera de Taburiente. Veíamos los telescopios del Roque de los Muchachos al que nos dirigíamos. Poco a poco los músculos y articulaciones se iban cargando y el cansancio iba saliendo. Pero iba bien. Ligerico y manteniendo el tipo en las subidas. En los escasos llanos y bajadas iba corriendo o trotando, más o menos, según se dejara el piso.



Tras pasar varias cotas, como el Pico de la Cruz, llegamos al control del Roque, km. 52, punto más alto de la carrera y de la isla. Cerca de las estrellas, en esos momentos ocultas por la brillante luz del día. Aquí permiten dejar material en alguna bolsa y es un avituallamiento completo. Pero yo, tras mandar un mensaje y avituallar como en cualquier otro, comencé a descender. Llevaba 8h. 23’ y mi previsión era de 9h.


            Nos tocaba descender al Puerto de Tazacorte, 17 kms. Ya me habían advertido que el descenso era y se hacía muy largo y muy duro. No es cómodo y con calor y las piernas machacadas por el desnivel y la distancia ya superados, es donde más abandonos y lesiones hay. Alternando trote con un caminar ligero, teniendo cuidado dónde pisaba, fui avanzando. Al principio el descenso no es continuo, sino una sucesión de bajadas y pequeñas subidas. Luego ya sí. Para motivar mi mente y que esta hiciera lo propio con las piernas, me propuse cada medio kilómetro tomar un sorbito de agua. Así, fueron pasando, aunque lentamente, los medios kilómetros y llegamos a la Torre del Time, punto del siguiente control. Se sigue descendiendo más y se pasa junto al Mirador. 


Algunas familias montan improvisados avituallamientos con agua y en algún caso, tortilla, pescado salado,…¡Casi da apuro no tomar nada! Nos acercamos al Puerto de Tazacorte y empecé a tener ganas de hacer una parada técnica. Pero me aguantaba de momento. Empezamos a transitar por un paisaje más humanizado, entre plataneros, casas de campo, junto a muros que delimitan los caminos. Me tomé algún tramo llano con tranquilidad. Allá abajo cerquita estaba el mar, y el Puerto. Nos separaba de él una bajada por una pared casi vertical en la que hay trazado un sendero en zigzag tapizado de piedras. Muy bonito pero duro a esas alturas. No aguanté más y tuve que hacer la parada. Me fastidió porque calculando lo que me quedaba ya tenía la idea de bajar de 12 horas si no desfallecía.  Pero pensar en entrar en meta descompuesto era peor.

            Por fin terminamos el descenso y llegamos al Puerto de Tazacorte. Mucho ambiente. Olor a paella y a mar. Arco de meta para los corredores del Maratón, pero nosotros teníamos que seguir. Pensé que vaya martirio ver como algunos acababan y nosotros, tras beber y comer algo de fruta, teníamos que continuar aún 5 kilómetros, en ascenso, hacia Los Llanos de Aridane. Pero el verdadero martirio viene luego. El peor tramo. Desde la playa nos metieron por el Barranco de las Angustias. Ancho y pedregoso; el sol y el calor pegaban de lo lindo. No se podía correr sobre la grava, aunque algún trozo llano troté para mantener activas piernas y cabeza. Nos cruzamos con una familia alemana que nos animaron y nos dijeron que pronto nos podríamos tomar una cerveza en meta; yo respondí que dos; se partieron diciendo que teníamos el humor siempre por bandera ¡Qué remedio!           Salimos del barranco y empezamos a subir por un sendero muy empinado. Llegamos a una carreterilla y supuse que nos llevaría suavemente a Los Llanos, pero no, se cruza y a seguir subiendo; así varias veces, lo voluntarios nos decían que era la última cuesta, pero era siempre era la penúltima. Los metros pasaban despacio. Miré en el reloj, tiempo y kilómetros, y pensé que de sub12 horas nada, así que me lo empecé a tomar con un poco más de calma. Al fin llegamos al asfalto y me dijeron que de verdad quedaba la última cuesta y la recta final. Fue verdad. Entramos en Los Llanos y tras doblar una esquina se veía al fondo el arco de meta, allá a lo lejos,…Miré el reloj de nuevo y vi que me quedaba un cuarto de hora. Bajaría de 12h. Empecé a correr a un ritmo aceptable, incluso rebasé a dos, tres, que ya iban andando, camisetas conocidas desde El Time. Mi intención no era ganar puestos, era llegar cuanto antes. Poco antes de meta pasé a un compañero y vi que intentaba seguirme. Ana estaba en meta y quería saludarla, así que le dije que había que entrar de uno en uno, que cada uno debía tener su momento, oír su nombre y tener su foto de meta individual, y le insté a pasar delante.  Al pasar junto a Ana me desvié a abrazarla. Retomé el trote y entré en meta oyendo mi nombre, tras 11h. 50’ de carrera.





            Una prueba preciosa, una carrera entre volcanes, roques, plataneros, sobre cordales entre dos mares, cerca del centro de la tierra, del mar y de las estrellas. Espectacular.
VIDEO (PINCHA AQUÍ)

jueves, 9 de mayo de 2019

MEDIA ULTRA GRADERAS VALLE DE VIÓ (04/05/2019)



FECHA:
05/05/2019.
DISTANCIA:
28 kms.
DESNIVEL:
+2.311 /-2.175 mts.
DORSAL:
43
TIEMPO LISTADO:
4h. 04’ 57’’
TIEMPO CHIP:
4h. 04’ 57’’
RITMO:
8’ 45’’/km.
PUESTO:
9/36 (39)
PUESTO CATEGORÍA:
2º VET M
DISTANCIA GPS:
28,95 kms.
DESNIVEL GPS:
+1.957 mts.
TIEMPO GPS:
4h. 04’ 46’’
RITMO GPS:
8’ 27’’/km.

            


En el corazón del Sobrarbe, a los pies del Parque Nacional de Ordesa, se disputa la Ultra Trail Graderas del Valle de Vió. Es largo y costoso llegar a esos pequeños pueblos, las carreteras son  estrechas y sinuosas. Quizás por ello la prueba no presenta los números de participación, ni de corredores ni de voluntarios de otras, pero es una carrera preciosa, organizada con cariño y dedicación; muy recomendable para los que no busquen grandes y mediáticas pruebas y con voluntarios en cada recodo. Nunca había estado, por calendario o por pereza en el desplazamiento, pero este año me decidí apuntar a última hora a la Media Ultra, como preparación para Transvulcania de mediados de mayo. Marcos repetía en la Ultra.

            Tras pernoctar en Jaca, hora y media nos separó de Buerba, punto de salida. La amanecida salió muy fresquita. Tras coger los dorsales y tomar un café, esperamos en el coche calentitos y al final hicimos el control de entrada los últimos, casi cuando iban a dar la salida. ¡Qué agobio!

            Hay dos distancias, la Ultra de casi 60 kms. y la Media Ultra de casi 30 kms., pero se sale a la vez. Eso suele desorientar un poco porque los de la menos larga salen despepitados y el resto nos dejamos arrastrar, y no es aconsejable. Salí adelantando gente y lanzándome, porque además los primeros kilómetros son en bajada. Pero es que esta vez me había apuntado a la menos larga. Al iniciarse la primera subida, vi delante de mí a Mikel Leal, un conocido corredor de carrerasdemontana.com, que publica videos aleccionadores con un espíritu de tomarse las carreras en serio pero con humor. Le grité, ¡hombre, el famoso Mikel Leal! Y me devolvió el saludo y cambió mi carrera. Me soltó que sólo llevaba 6 o 7, o máximo 10, de mi carrera por delante. Así que me propuse aguantar el tirón, pensando que malo sería que hubiera tres veteranos entre ellos.  A ver, viendo los tiempos del año anterior ya se me había pasado por la cabeza antes de salir que invirtiendo menos de 5h. haría buen puesto, pero tampoco sabía el nivel de este año y mi rendimiento y mis ganas.

            Pasamos por el primer avituallamiento, en Gallisué, y apenas paré. Tuve que hacerlo para quitarme el corta vientos, que ya sobraba, y los guantes. Iba tras un corredor con mallas piratas que parecía veterano también, iba sin mochila, por lo que deduje que era de mi carrera, y me propuse seguirle.  Afrontamos un perfil de dientes de sierra pero predominando la subida, a buen ritmo. Senderos bajo bosque, en los límites del Parque, trazado muy bonito.

 Así llegamos a Vió, donde estaba Teo gritando como un poseso, y donde tampoco apenas paré, para tontín tonteando dejar al compañero detrás, pues había confirmado que era de la Media. No hacía calor, y como porteaba un litro de agua y no estaba bebiendo demasiado, llegaba a los avituallamientos con agua de sobra. Continuamos un tramo en subida después de un ancho camino. Ahora fui acoplado tras un corredor de la Ultra que iba ligero pero al que podía seguir y que pensé que me serviría de ayuda. Luego nos tocó una bajada muy pronunciada, por un sendero sobre hojas y algo de barrete. Parecía trazado y limpio para la carrera, eso creo.  Era excesivamente pendiente para mi gusto, y perdí a mi acompañante. De haber pretendido seguirle seguro que me hubiera pegado algún tortazo.

            Tras la bajada comenzamos el ascenso al pueblo de Sercué. Aquí creo que rellené. Comenzaba a pegar el sol de manera continua. Hasta ese momento habíamos ido más bien bajo la sobra de los árboles y de las paredes de los barrancos y cañones. Tras el avituallamiento, trozo de plátano y algo de chocolate, salí sin demora, pensando en el compañero de las malas piratas. Ahora empezaba el verdadero ascenso al Mondato. A caminar se había dicho. Iba a intentar subir caminando todo lo ligero que pudiera.  Al salir del pueblo me salió por la izquierda el corredor de la ultra que se me había ido en la bajada, se había despistado, mala suerte, le dejé pasar porque iba más deprisa.
Creo que no se suele subir al Mondoto desde Sercué. El trazado está marcado con cintas pero no hay sendero pisado, a tramos es puro campo a través, mejor dicho, terreno kárstico a través, con calizas y ramas secas por doquier. Como no hay sendero, abundan los pasos en los que hay que levantar las rodillas. Y aquí empezaron los problemas. Primero el gemelo izquierdo fue el que amagó con subirse; luego fue el derecho. ¿Había bebido poco?, ¿cuestión de sales? ¿O de ir demasiado deprisa? Había cogido dos cápsulas y una la había tomado, pero inmediatamente me tomé la otra con un trago de agua. De momento seguían los amagos. Paré varias veces unos segundos a estirar un poco. Lo malo que en un trozo llano en el que troté, los calambres me hicieron parar. Pensaba más que en la subida, en la bajada. Igual tenía que bajar andando. Un ultrero me adelantó al inicio de la subida y se fue poco a poco. Al menos sólo se me acercaba un corredor joven. A ambos los había pasado en el avituallamiento. A mitad de ascenso adelanté a un conocido de Yeba, que iba con un compañero senderista subiendo al Mondoto. Me reconoció, y me dijo que solo llevaba delante 15 o así entre las dos carreras, y que llevaba tres a tiro. Yo bastante tenía con aguantar. Desde Sercué se hace una larguísima media ladera en ascenso, con la cima a la derecha, hasta juntarse con el sendero que asciende desde Nerín. Luego se gira por fin para afrontar un largo repecho final. Una vez en él, vi bajar a corredores de la cima y me mosqueé, pues me preguntaron si había visto el desvío a Nerín. No había visto nada ¿Seguro que se subía y se bajaba por aquí? Así me lo confirmaron todos. Un veterano con dorsal verde, el mío, bajaba escopeteado, tampoco muchos más de mi carrera.

Parecía que los amagos habían remitido. Y tras la antecima, en un llano, incluso troté un poco. Llegué a la cima. Bebí y comí un emparedado de chorizo entre dos trozos de queso, espectacular. Y espectaculares eran las vistas de las Tres Serols, nevadas. Vaya panorámica. Incluso saqué la cámara por primera vez y me hice un par de fotos. 


Volví a preguntar por el desvío a Nerín. El joven corredor de la Media que había llegado un poco después que yo me dijo que él lo conocía, pero claro, iba a bajar más deprisa. De todas maneras salí tras él y lo tomé de referencia aunque se iba alejando. No obstante, no hubo dudas. Tras el tramo común cogimos sin dudas el sendero que sube de Nerín, supongo que subiendo no te das cuenta porque miras hacia arriba. Iba intentando mantener la distancia con mi predecesor, por detrás no venía nadie. Mientras bajé el tramo común, me crucé con los que subían, y sólo con un veterano de dorsal verde. Trotaba lo que el terreno permitía, es buen sendero pero tampoco excesivamente “corrible”. Abajo se veía ya Nerín, sólo esperaba que nos bajaran sin dar rodeos. Me empezó a aparecer síntomas de agarrotamiento también en la parte interna del muslo, pero no fueron a más, y aparentemente los gemelos se mantenían, duretes pero sin amagar. Por detrás ni miraba y por delante tenía al compañero a poco más de 20 metros, pero vamos, ni me planteé forzar para alcanzarlo. Entramos en Nerín y al poco cruzamos la línea de meta. Tiempo 4h. 04’ 57’’. 


Noveno, me dijeron. Pero yo pregunté por los Veteranos, que era lo que me interesaba: segundo. ¡Qué bien! Este año el primer veterano hizo casi quince minutos menos, y tercer veterano bajó de 4h. 30’, la cosa había estado bastante más rápida.

Esperamos al taxi que nos debía llevar a Buerba, a la ducha y la comida (unas judías espectaculares).





miércoles, 1 de mayo de 2019

SIERRA DE LAS CUTAS desde Gabardito (28/04/2019)


Participantes:
Jesús y Oscar.
Fecha y meteo.:
29/04/2019; sol, viento fortísimo en las alturas.
Duración:
2h.’ 22’ al Puntal; 5h. 41’ la ruta total.
Desnivel y longitud:
1.035 mts. de desnivel acumulado en 16,19 kms.
Dificultad:
ninguna.

Las últimas nevadas hacían prudente la visita a cimas modestas y accesibles, sin dificultades técnicas, así que nos decidimos por recorrer la Sierra de Gabás, sucesión de lomas a los pies de Bisaurín y Aguerri, en una circular con vistas espectaculares de Bisaurín y Aguerri. Aparcamos en el Refugio de Gabardito. Altitud de inicio: 1.363 mts.
Iniciamos la marcha ascendiendo por el GR11. Al inicio es casi una pista. Luego, poco a poco se transforma en senda. Salvamos el abrupto tramo del Salto de la Vieja sorteando tramos de sendero con ronchos de nieve y llegamos a una extensa zona llana en la que vadeamos varios torrentes con más o menos facilidad. Al fondo ya veíamos el Puntal e intuíamos el Collado. 

Cuando la nieve recubrió todo el terreno, intentamos seguir aproximadamente la ruta del GR. La nieve estaba algo blanda, a veces nos hundíamos más, otras menos. No llegaba a estar impracticable, pero el avance era algo más lento que sin ella. Llegamos al Colllado de Foratón, con el viento ya azotando de manera importante. 




De allí giramos al Sur, por un cordal suave, fácil, y aunque nevado, cómodo de seguir. Llegamos a la cima del Puntal Alto del Foratón a las 2h. 22’. Altitud: 2.154 mts.


Pese a que por la cantidad de nieve al inicio Jesús dijo conformarse con llegar aquí, vimos que la cosa no estaba tan mal como para no intentar el recorrido planeado. Perdiendo y ganando altura sin más dificultad que el fuerte viento, que en un tramo fue verdaderamente violento, casi se me llevaba, fuimos atravesando, virando al oeste, las cimas de la poco significativa Punta Dios te Salve (2.134 mts.), Punta Gabás (2.143 mts.), La Cuta (2.149 mts.), La Cuta Baja (2.062 mts.), y la algo más pedregosa y empinada, Punta de la Cuta o Punta Gabardito (2.016 mts.).


            Pensamos en continuar perdiendo altura por una cresta rumbo oeste, tras la que un bosque que nos separaba de Gabardito, pero como no hay sendero y no sabíamos la nueve que habría bajo las copas de los árboles, decidimos que no. Así que descendimos por el lomo norte. Rodeamos algo por el este una última elevación poco significativa para no ganar altura inútilmente y bajamos hasta el GR que ya veíamos rato antes. Junto a la cascada del Salto de la Vieja nos sentamos a almorzar. Arriba el viento invitaba a no entretenerse demasiado, pero allí el día, soleado y sin viento, era agradable.


            Luego reanudamos la marcha por el GR hasta Gabardito. En total, 5h. 41’ de marcha.



miércoles, 10 de abril de 2019

XIII MARATÓN DE ZARAGOZA (07/04/2019)



FECHA:
07/04/2019.
DISTANCIA:
42,195 kms.
DESNIVEL:
-
DORSAL:
505
TIEMPO LISTADO:
3h. 07’ 51’’
TIEMPO CHIP:
3h. 07’ 39’’  
RITMO:
4’ 27’’/km.
PUESTO:
102/998 (1.400)
PUESTO CATEGORÍA:
16 VET >45
DISTANCIA GPS:
42,98 kms.
DESNIVEL GPS:
+362 mts.
TIEMPO GPS:
3h. 07’ 43’’
RITMO GPS:
4’ 22’’/km.

Ya he manifestado varias veces lo complicado que resulta mantener una disciplina de entrenamientos “en el valle” en invierno para un amante de la montaña y del verano como yo. Apuntarme a un maratón de primavera suele ser el señuelo para sacarme de casa los fríos y oscuros días de invierno, frente al cierzo o la niebla. Pero esta vez iba a dar una vuelta de tuerca: me propuse cumplir un plan de 12 semanas como preparación, cosa que ocurriría por segunda vez en mis diez participaciones en un maratón. No digo con esto que no preparara los ocho restantes, hubiera sido una insensatez, sino que no lo hice cumpliendo estrictamente un plan preconcebido. Unas veces entrenaba “a mi bola” específicamente para el maratón y otras aproveché los entrenamientos para ultras o carreras de montaña, que eso sí siempre hago “al libre albedrío”.

            Pensé que sería la primera y última “bala” para intentar bajar de 3h. 15’, antes de afrontar de vez en cuando algún que otro maratón, no sé cuantos más, no muchos más, pero a ritmos más lentos.
            Seguí lo más fielmente que pude un plan para sub 3h. 15’ que me gustó. Tuve que añadir varios días de actividad de raquetas de nieve con desnivel considerable. Y no pude siempre respetar el día de descanso entre entrenos. Bajé algún kilillo, no porque estuviera por encima de mi peso habitual estos años, quise probar si tirar algo de lastre me iba bien.

              La velocidad de las series y rodajes a ritmo según avanzaban las semanas iban separándose de los marcados, aumentando. Mis números los días de calidad reflejaban que estaba rápido (para mi nivel); los días fáciles o de rodaje, llegaba a casa con peores sensaciones. El test del medio maratón de la semana 8, el Medio de Zaragoza, salió excepcional, quedándome a poco de bajar de hora y media. Pero la idea del plan es hacerlo a ritmo objetivo de maratón y no “a tope”, en fin, y lo pagué los días posteriores. Y el veneno de bajar de 90 minutos se me había inoculado. Quince días después fui a Tudela a conseguirlo. Efectos secundarios: algo de sobrecarga en isquios y aductores, y unos días de estar verdaderamente cansado. Pensé que igual la había fastidiado. De hecho la última semana, de descarga, estuve a punto de parar del todo, porque los aductores los sentía aún cargados.

            A las 8:30 del 7 de abril estábamos en la Plaza del Pilar más de un millar de corredores, llenos de dudas y de ilusión, supongo. Yo al menos, sí. Como soy un poco romántico y un poco supersticioso, repetí la indumentaria del Maratón de Madrid de 2012, mi mmp, 3h. 13’ 18’’. Una preocupación en Zaragoza suele ser el cierzo. Si aparece con intensidad, ya te puedes olvidar de ritmo y demás. Dieron frío, sin lluvia, por los pelos, y viento no excesivo. Hacía frío y no llovía.
            Me coloqué cerca del globo de 3h. 15’. Pero mi objetivo no era ese. Mi idea era correr a una media de 4’ 30’’ el kilómetro, para terminar unos segundos por debajo de 3h. 10’. El plan era salir a ese ritmo y comprobar sensaciones pasados un par de kilómetros y actuar. Si no podía, descolgarme al globo de 3h. 15’. Si  me sentía a gusto, continuar así.Tendría que tirar de reloj (sabiendo que marca de más), sin liebre de referencia.


            Tras el pistoletazo, adelanté al globo y mirando el reloj intenté mantenerme en un ritmo alegre pero sostenible. Iba sobre 4’ 20’’/km. e iba bien. Perfecto. 


Así, más o menos, me mantuve. Si veía que iba por encima, me moderaba, si por debajo, aceleraba un pelín. Fuimos a la Expo, y volvimos al Arrabal. 
Allí, sobre el 8 me di cuenta de que había un grupete al que me acercaba poco a poco y enlacé. 
Nos alejamos del río y nos dirigimos al Parque Grande, en ligera subida que no se nota, tras unas revueltas por Cesáreo Alierta. Corrían unos segundos más rápidos de lo que yo necesitaba pero iba bien y me acoplé. En Cuéllar en el 17 el grupo aceleró ligeramente y yo decidí mantenerme. Muy poco a poco se fueron. De momento tenía colchón para llegar por debajo de 3h. 10’ y quedaba mucho, no quería pagar luego el ir unos segundos más rápido, aunque pudiera en esos instantes. Pasé el medio en 1h. 32’ 50’’. Bien. Estaba bastante entero, no iba al límite. Continué mirando el reloj y controlando ir siempre entre 4’ 20’’ y 4’ 25’’. Los kilómetros por el Parque y junto al Canal se me hicieron pesados, había cuestas, lo que añadió algunos segundos al ritmo y había ganas de volver al río y al centro donde estaba la meta.

Por fin tras el 24 se inició el regreso, aún junto al Canal. Controlaba ir algún segundo menos del 4’ 30’’, para no gastar ni un ápice de más. Pero la ligera bajado por Cuellar y las rectas de Tenor Fleta, Camino de las Torres y Miguel Servet ayudaron a ganar segundas. Hasta el kilómetro 35 incluso incrementé el margen. Pero quedaba lo peor. Lo sabía, y me propuse regular (dentro de lo que se puede regular cuando ya tampoco queda mucho), que “el tío del mazo” acecha en cada zancada.

 La subida al puente del Tercer cinturón se notó. En las piernas, y en el reloj. Pude mantener un ritmo sintiendo la sensación de no ir al límite, lo que suele ser preludio de “petada” inminente, ya sobre los 4’ 30’’. Pillé a alguno del grupete. Eso me animó. Al girar por la ribera, hasta el Puente de Santiago, dio el viento en contra. No era excesiva su fuerza para lo que nos tiene acostumbrados el cierzo, pero a esas alturas de película, sin sentir ir más despacio, con la misma sensación de esfuerzo o más, el reloj se me disparaba a casi 4’ 40” y hubo que apretar con lo poco que quedaba, ya sólo para mantener el tipo y no dilapidar el margen.
Al cruzar el río, llegó el 40. Miré el reloj y salvo desfallecimiento repentino, supe que bajaría con holgura del objetivo. La cuesta de San Vicente de Paul no permitió acelerar, aunque la gente compensaba algo con sus ánimos. 


Pero a partir del 41 en el Coso, llaneando y bajando hacia el Pilar, aceleré lo que pude, para dejarme sólo “lo de volver a casa”, intentando por otro lado disfrutar y retener los momentos previos a la entrada, que son los más emocionantes. Acabé el último kilómetro bien, en 4’ 05’’. La revuelta por la Plaza del Pilar fue muy bonita. No me hizo falta mirar mi reloj, el de meta marcaba 3h. 07 y pico. Lo paré tranquilamente en 3h. 07’ 43’’. Décimo maratón completado, y con mejor marca personal.


Llegué contento, además de por el tiempo obtenido, porque lo había conseguido sin agonías ni sufriendo por encima de los límites digamos, saludables. Terminé con buenas sensaciones, las de haber hecho todo lo que podía, y sin arrastrarme al final.



Horas después, en frío, siempre queda la duda de si yendo un pelín más deprisa al principio, cuando podía, también hubiera podido luego aguantar el ritmo. Siempre que no llegas destrozado, pensando “a posteriori” en el sofá, te queda la sensación de que podías haber sufrido un poco más. Pero lo primero, ¿para qué?, y lo segundo, ¿seguro?. Creo que hubiera terminado arrastrándome o sufriendo de manera insana; muy probablemente hubiera “reventado” en algún momento y más probablemente aún, desde el kilómetro 35 los parciales hubieran sido peores.


GRACIAS A TODOS LOS QUE ESTUVISTEIS ANIMANDO Y A LOS FOTÓGRAFOS