jueves, 15 de septiembre de 2016

CANFRANC-CANFRANC (10-11/09/2016)

 El Collado de Estibiellas se sitúa encima de Canfranc-Estación, al oeste. Un cartel marca 2.049 mts. Aquí el Valle del Aragón se estrecha. Para descender al pueblo se debe realizar un vertiginoso descenso de unos 900 mts. por una muy buena senda zigzagueante.  Las vistas son preciosas. Al este, La Moleta, Collarada,…al oeste, el macizo del Aspe. Pero yo, ese día y a esa hora, 11 de septiembre sobre las diez y veinte de la mañana , solo miraba hacia abajo…hacia Canfranc-Estación. Comienzo y meta de la “Canfranc-Canfranc”. Había prometido a mis compañeros que en este punto pararíamos a darnos un abrazo. No podía ser, pero me acordé de ello. Tomé aire y empecé a descender, intentando disfrutar de estos momentos. Todo había empezado casi 30 horas antes.
            Quedaba poco para las 5 de la mañana del sábado 10 de septiembre. De nuevo estábamos ante el reto de completar un ultra de montaña. Esta prueba prometía ser dura; el kilometraje y el desnivel lo aseguraban. Pero tenemos ya cierta experiencia, y confiábamos en nuestra capacidad. Nos daban 33 horas para completarla. Una media de 3 kms. cada hora no parecía excesiva, ¿no?

Dieron la salida, y hasta tomar el sendero del “carretón”, se trota por asfalto y por la pista a Picaubé. Luego en fila de a uno pero ligeritos, avanzamos ascendiendo en zigzag hasta topar con la  vieja y muy descuidada pista a Ip. Me agobian estos trenecitos…Qué gusto terminar la senda y que los rápidos se alejen y se disperse la gente. Toni también se adelantó. Bromeábamos con que pretendía ver a su hermana que estaría hasta las 17h. en el Vértice de Anayet. Era imposible para nosotros llegar a esa hora allí. El descenso de Ip por la ruta normal es agradable, se puede trotar y vas animado. Nos plantamos en Canfranc Pueblo habiendo amanecido ya.

Ya lo teníamos aquí…el ascenso a Collarada, unos 1.800 mts. de una tacada. Era lo que nos causaba más respeto de toda la prueba. Tocaba poner ritmo de subida. Ascendimos por La Besera, ruta inédita para mí y para casi todos. Tras algún zigzag, la subida tiene un fuerte porcentaje, a tramos sin senda, “todo tieso” por el Barranco de Gurugé, con alguna fácil trepadilla. Iba detrás de un grupo de Zaragoza que me entretuvo en la subida con su charla. Ya en las menos  pronunciadas praderas superiores me junté con José Antonio y Toni, que esperó. Y Gorka venía un poco por detrás. Tomamos agua en la Fuente de los Campaniles. Y acometimos la empinada pedrera, que se hizo dura, y la canal final. Llegar a la cima de la Jacetania, de 2.886 mts., fue un placer. 
Además en hora y media menos de lo previsto según mi plan para 30h. Íbamos satisfechos. El entorno era espectacular.
 El descenso al Ibón de Ip es abrupto, pedregoso y pronunciado. Gorka y Toni, mejores bajadores, se adelantaron, pero nos agrupamos los cuatro en el control junto al Embalse. 

Tocaba volver a subir. Toni señaló un collado a la derecha de la Pala de Ip. Pero le dije que no era ese, señalando al de La Tronquera, más alto y más pendiente. Subida no muy larga pero empinada y sin senda por una canal herbosa y al final pedregosa; ascenso rudo y salvaje. Subiendo adelanté a una moza con la que compartiría un tramo largo de la carrera. La Cresta de la Tronquera (2.689 mts.) no es tan llana como recordaba, pero sin dificultad la pasamos y coronamos La Moleta (2.575 mts.), donde esperé unos minutillos a Toni, que se había despistado. Íbamos bien, tranquilos y confiados. Teníamos que descender a la Cascada de Las Negras, en el Valle de Izas. El descenso no es malo, se puede trotar a partir del Ibón de Iserías. Casi abajo nos encontramos a Ramón, que nos hizo innumerables fotos (gracias). Y en el control…allí estuvo el punto de inflexión de la carrera. En el control pregunté por el tiempo de cierre, y me dijeron que a las 17h. Lo habían adelantado 45 minutos. Eran las 14h. 30’. Teníamos un buen colchón  de dos horas y media sobre el corte, e íbamos una hora y media de adelanto sobre mi plan. Pero Ramón me dijo que no paráramos mucho, que íbamos bien pero sin mucho margen. Pensé que no era para tanto, pero comencé a darle vueltas al asunto.
 Comenzamos a dirigirnos al fondo del Valle de Izas, al Pico Porrón, que se veía allá a lo lejos, remontando laderas herbosas que nos hicieron sudar de lo lindo y por las cuales fui haciendo un repaso de los tramos que quedaban, el tiempo programado, y me di cuenta de que lo habitual de ir ganando tiempo al corte en las segundas partes de las carreras,…en ésta como que no, casi al revés. Vamos, que la cosa no iba tan holgada como pensábamos. Toni se quedó algo atrás y yo tiré tras la compañera. Tramos de senderillo sobre pasto y un repecho final pedregoso nos dejaron en el Porrón. 
Iba desanimado, no porque físicamente fuera mal, sino pensando que quizás no lograra completar la prueba a tiempo. Pero bueno, había que seguir. Al menos esta última parte del tramo el terreno mejoró, un cordal herboso y fácil  hasta Tres Güegas (2.304 mts.) y una corta bajada pronunciada entre pistas de esquí nos llevaron a la Base de Vida de Formigal.
Eran las 17h. y llevaba hora y cuarto menos de lo previsto y tres horas de ventaja sobre el corte, que aquí se mantenía en su hora. Pero la sensación de que si seguíamos así, la cosa estaría muy justa. Me cambié de calcetines y zapatillas (llevaba las plantas algo doloridas, cambiar de pisada supuse que me iría bien) y descansé un poco mientras comía. Llegaron Toni primero y Gorka con José Antonio después, pero yo llevaba un ratillo y les dije que tiraba para adelante, que bajando me cogerían. Había que ir china chana pero sin dormirse. Lo veía claro. Toni me dijo que me fuera pero que no me cogería, con cara cansada. El tramo había sido largo y duro, al menos hasta el Porrón. Oí decir a un gaditano que se retiraba por ampollas pero se lo pensó dos veces, y salió antes que yo. ¡Qué cosas!

            El ascenso al Collado de Izas es empinado pero corto. Lo subí bien. Una vez arriba, había que afrontar un pequeño descenso y una larga media ladera, interminable aunque por buen piso, para encarar  por una ancha canal el ascenso al Vértice de Anayet, sin sendero, “patapum parriba”. Vaya ascenso. ¿Qué porcentaje tendría? Vaya emboscada…Me acordé de Ramón, que había dicho que se nos haría duro. Se hizo larguísimo y duro, sí señor. Puse marcheta de subida y a bastonear. Sobrepasé a la corredora y me planté en la cima del Vértice (2.559 mts.) a las 14 horas y 35 minutos de carrera. Ya tenía solo cuarenta minutos de margen sobre mis previsiones y casi dos horas y media sobre el cierre, pero creo que hice un buen ascenso, el lastre fue la aproximación. Se confirmaba que mis previsiones en estos tramos eran algo optimistas y que los tiempos de corte no se iban abriendo como en otras carreras. El recorrido era más lento de lo pensado. Fueras de sendero, subidas muy empinadas. Por detrás mis compañeros no llegaban. Pero yo tenía que seguir así para no pasar apuros y poder ir sin agobios.

Tocaba un largo descenso por Canal Roya,  favorable a que nos juntáramos, pero me volvía y no los veía. Mala cosa. La meteo nos respetaba, no se veía amenaza de tormenta. Tampoco hacía mucho calor. Sin parar en la cima, me puse a trotar. Precioso el Anayet saliendo de la niebla. Bajando a los ibones me junté con el corredor de Cádiz. Y ya en La Rinconada hicimos grupete la corredora, el compañero gaditano y yo. Comentábamos lo duro del terreno, de la prueba. En este tramo se podía trotar.

 La Canal Roya fue una bendición. Anocheció. Tuvimos que poner frontales.  Íbamos entre puntos brillantes que nos observaban ¿Alucinaciones? No, eran ojos de las vacas pastando. El andaluz se había quedado atrás, pero antes de llegar  al control otro corredor estaba como esperándonos, mosqueado porque no llegaba el avituallamiento. Se tranquilizó cuando le dije que conocía la zona, y que quedaba un trocillo de pista y allí estaría. Y los tres juntos llegamos al Campamento. Aquí gané treinta minutos más sobre mi previsión, y el plantarnos en el control a las 21h. 30’, cuando el fuera de control era a la 1h. 30’, me hizo ganar la confianza perdida en que no iban a cortarme. Estaba aguantando bien, con un ritmo “sostenible” que de eso se trataba. Había recuperado la sensación de poder llegar en el tiempo permitido.


Mis acompañantes preguntaban por los kilómetros…y yo solo miraba tiempos de corte. Y es que conocer más o menos el recorrido, hacía que no pensara en los kilómetros que quedaban, porque sabía “lo” que me quedaba; para mí los kilómetros eran números abstractos, pero la sucesión de subidas y bajadas que quedaban era lo que verdaderamente tenía en mente. Creo que era una ventaja.
            Ellos salieron un poco antes que yo, que estuve dándole vueltas a si esperaba a mis colegas. Pero claro, no tenía referencias de por donde vendrían, así que inicié la subida a La Raca  apurando el paso hasta que les pillé. Olegario me dio la bienvenida, contento por llevar “al de Jaca, que nos servirá de guía”.  No le saqué de su error de mi origen, pero sí cuando quiso llegar a la cima de La Raca, y aún no habíamos salido del bosque. Sentí desilusionarte, machote, pero anda que no quedaba… Larga se nos hizo la subida a La Raca (2.278 mts.), pero por lo menos era por buen sendero. Lo peor vino después… El recorrido del Circo de Astún fue, cómo lo diría, pestoso, desagradable e incómodo. Bajada muy empinada a la Motriz de Águilas, y ascenso al Pico Malacara por una barranquera y remontando sin sendero la loma…¡Buf! Además la luz del control, allá arribota…desanimaba. Dejamos algo atrás a la fémina, y eso luego tendría su anécdota. Pasamos por la cima del Malacara (2.268 mts.), y terminamos la bajada hasta Truchas por sendita. Había mantenido los márgenes. Acabar en treinta horas, estaba complicado, pero en tiempo si no pasaba nada raro era muy factible. Y eso era lo que importaba. Aunque quedaba tajo.
            En el control de Truchas me encontré a Angel con una corredora vasca, Encarna, que me preguntó si había visto alguna chica en la carrera. Le dije que sí, y abriendo los ojos me hizo prometer que era verdad, gritando. Los voluntarios creían que estábamos discutiendo, según me dijeron luego. “Estará a cinco minutos“, dije. Fue decir eso y salir disparada. Llegó nuestra acompañante, se llamaba Mónica. Para igualar la cosa, se lo comenté,…y salió disparada. Se ve que se disputaban cierto puesto. Olegario y yo nos miramos sorprendidos, “lo que hace la cabeza y competir”, comentamos, y unos minutos después ya salimos más tranquilamente los dos.
            La segunda parte del Circo de Astún fue mucho peor que la primera. Tras pasar Escalar y alcanzar el Collado de Bénou por pista y senda, no cresteamos hacia Candanchú, no. Desde el collado nos hicieron bajar un poco y volver a subir al Belonseiche (2.293 mts). Y desde allí, ¡qué horror!, nos fueron bajando a Somport por una media ladera herbosa llena de huecos, sin sendero, que fue lo peor de la carrera. Al menos yo tuve que tomármelo con calma, ir con cuidado, porque los resbalones amenazaban. No era peligroso, pero a nadie le gusta apoyar el culo en el suelo. Pues bien, lo apoyé unas siete veces. Me dio hasta la risa. La carretera no llegaba nunca, Y para colmo, llegamos a una pista, y cuando creía que nos llevaría a la carretera, no señor, otro tramito de campo a través. Iba maldiciendo, hablando solo. Olegario se había quedado algo atrás. Llegué a la frontera. Cuando me las prometía muy felices pensando en recorrer por asfalto el tramo hasta el control de Pista Grande, vi que las marcas nos llevaban al monumento al Camino de Santiago y se internaban por un sendero en un bosque, alejándose de la carretera. Aquí me ofusqué. Tras unas decenas de metros, paré. Pensaba que no podía ser. ¿No serían de otra prueba? Así que encendí el gps y comprobé que estaba en el track. Avancé, luego retrocedí hasta dar vista a la carretera de nuevo, volví a mirar el track. Estaba en él. Pero aun así espere unos minutos a que viniera Olegario. Le pregunté y me dijo que las marcas indicaban por aquí. Hombre, eso ya lo veía, pero me resistía…En fin…Fue un alivio tras recorrer un trecho ver como girábamos hasta dar con unas instalaciones de militares algo por encima de Pista Grande de Candanchú. Segunda Base de Vida.
Nuevo cambio de zapatillas y calcetines, comí tranquilo, me tomé un caldito reparador, hice la parada técnica, me abrigué y salí. Había llegado cuarto de hora antes de mi plan y tres horas y media antes del corte. Pero estuve una media hora. Olegario había salido un poco antes con un amigo. Al salir un voluntario me avisó de que cuidara con la bifurcación de la carrera de 80 kms. Total, que sigo las marcas y al rato ni cruce ni nada…A ver si la cago…Vuelta al control a enterarme mejor (tampoco me quedó claro donde estaba la bifurcación). Rehice mis pasos, y me limite a seguir las marcas que había y punto. Entre pitos y flautas perdí otro cuarto de hora. Al continuar, ya llevaba un retraso de media hora sobre mi previsión, pero, y esto era lo importante, dos horas y tres cuartos aún de margen y la sensación de que iba a conseguirlo. Quedaba, eso sí, la subida al Aspe, unos 1.100 mts. de ascenso, por una ruta que desconocía casi en su totalidad, y que era más larga que la normal desde Candanchú. Se avanza por senderillo dado un rodeo bajo La Zapatilla para luego por terreno más o menos practicable plantarnos  en un caos de rocas bajo la pedregosa canal de acceso al Paso de la Garganta del Aspe. Antes había un control en el que estaba la bifurcación entre la carrera de 80 y la de 100. Ya entre pedruscos, un avance lento y empinado cada vez más, nos plantó ya de día en el Paso. 
 Llegué con tres corredores más, entre ellos Angel, que iba con algún problemilla.  Viendo el ascenso a la ante-cima, que parece más comprometido de lo que es, se quedaron parados y maldiciendo. Como el chiste, les comenté dos cosas, una buena y otra mala: la buena, que la subida era fácil, y la mala, que eso no era la cima, que era lo de detrás. Poco a poco, cada uno a su ritmo, hollamos la cima del Aspe (2.645 mts.) con la satisfacción de haber salvado el último gran ascenso. Me costó algo menos de tres horas desde Pista Grande. Sin mucha demora, comenzamos la bajada por el Tubo del Aspe. El empinado tramo inicial, pedregoso y resbaladizo, estaba tan pisado que se hizo más fácil de lo normal. Ventajas de no ir los primeros. El descenso a Tortiellas no fue malo. Me lo tomé con tranquilidad. Fuimos por el sendero del ascenso normal al Aspe. Angel se quedó un poco atrás con Encarna, y Olegario y otro corredor iban un poco por delante.
Así salimos también del control  de Tortiellas, para afrontar la última subida,  que yo creía  de unos 200 mts. pero me dijeron que unos 400. Había que superar el muro que cierra el Circo de Tortiellas, hasta el Collado de Estibiellas. Aunque antes, un tramo llano  herboso. La cosa no fue tan fiera como la pintaban. El ascenso se hace por trazas de un sendero que salva inteligentemente la pared, y se me hizo más corto de lo esperado. Aún podía mantener mi “ritmete”. Al ver a los voluntarios, pensé que ahora sí, estaba casi todo hecho. añeros no llegaban. Pero yo tenía que seguir así para no pasar apuros y poder ir sin agobios.

Y allí me encontraba, como he escrito al inicio, sobre las 10h. 30’ de la mañana, en el Collado de Estibiellas. Sin demora, con la vista puesta al fondo del valle, comencé el último tramo, trotando  hacia abajo, curva tras curva. Adelanté a un par de corredores que iban andando.  Pasé junto a carteles que me indicaban lugares conocidos y visitados: Cola de Caballo, Olla de Estibiellas, Mirador de Estibiellas, Fuente del Burro (qué poco quedaba…). Y por fin, llegó el asfalto de las calles de Canfranc, trescientos metros más y la meta. Allí estaban animándome Ramón, Tere, Javisa…Levanté los brazos. Había tardado 30h. 33’ para completar 100 kms. y 8.848 mts. de desnivel, recorriendo las montañas del Valle del Aragón. Un recorrido y entorno espectaculares. Una prueba montañera hasta el extremo, con ascensos y descensos muy empinados, la mayoría fuera de sendero o itinerarios poco pisados; una prueba que se hace muy dura y pone a prueba las piernas y sobre todo, la mente. Un ultra en el que “los del montón” tenemos que darlo casi todo para superarlo y entrar en tiempo (todo no, que como digo siempre, hay que volver a casa).



Dos de mis compañeros, realizando unos últimos tramos en los que se dejaron la piel, también lo consiguieron. Gorka con 15’ de margen. Toni,…con 18’’. ¡Bravo!

domingo, 4 de septiembre de 2016

II TRAIL VALLE DE TENA (27/08/2016)



Poco antes de la 5 de la mañana del sábado 27 de agosto, estaba ya en Sallent de Gállego para intentar completar la 8K Trail Valle de Tena. Cuarta prueba de la “Challenge Huesca”. Unos 78 kms.  con 6.800 mts. de desnivel positivo. Tras un madrugón soberano, a las 3, salí de Jaca, aparqué en Sallent y me dirigí a la salida. Allí estaba ya Juan Antonio, compañero de la Challenge. Al poco, aparecieron Gorka y Toni. Y antes de salir, me encontré a Javisa  y Oscar Plasín.  ¡Y al tajo!

Los dos primeros kilómetros eran llanos y por asfalto, así que a trotar alegremente; luego comenzamos el primer ascenso, al Mirador de Sierra Plana. Bastante empinado, pero es el inicio, con la fresca y se sube bien, caminando, uno a uno sin apenas adelantamientos. La anchura del comienzo había permitido a los rápidos estar ya por delante. Tras coronar, un rápido descenso nos plantó en Panticosa, que atravesamos entre algunos juerguistas. Toni iba como una moto, ni paró casi en el avituallamiento, y nos tocó acelerar más de lo previsto camino de la Ripera para pillarle. Pero cuando se inicia el ascenso por sendero a Yenefrito, todos nos tranquilizamos y por fin conseguimos ir los cuatro juntos: Juan Antonio, Toni, Gorka y yo. Ritmo de subida hasta el Ibón de Catieras. 
Y desde allí afrontamos la subida al Collado de Catieras, empinada pero por senda. Preocupados porque sabíamos lo que nos esperaba después. Y lo que esperaba era una sucesión de cortos descensos y ascensos, por terreno semisalvaje. Sin senda, bastante empinados los ascensos y lentos los descensos. En el Collado que da vista a la zona de Brazato, el voluntario era Luis Angel, pedazo de guía de montaña con el que estuve en el Toubkal. A estas alturas ya me sentía bien subiendo, así que aprovechaba para ir en cabeza del grupete, sabiendo que mis compañeros bajan bastante mejor que yo y ya tendrían que tirar de mí. Bajamos a la Cabaña de Brazato, maldiciendo el diseño de la carrera porque luego hay que recuperar lo perdido para ascender al Embalse, menos mal que por GR. 
En el sendero rojiblanco adelantamos a casi un autocar de asturianos (no es exagerar, creo que a un autocar,…porque vi uno  de Asturias en el Balneario). Seguimos hacia los Ibones Superiores, que llaman Perforaus, y abandonando el GR entramos después en otro tramo incómodo, lento, caos de rocas de granito por las que hay que andar haciendo equilibrio…alta montaña pura y dura vamos, pero de la poco agradable. Nos faltaba un último repecho hasta el Cuello de Piniecho. Todo tieso para arriba, duro, “quema-cuádriceps”. Ya arriba, resoplé.  

 Sabía que quedaba un inicio de descenso aún malo, por rocas, hasta llegar por fin a una senda más agradable que nos bajaría a los Baños. Con Toni al mando en la bajada “buena”, todo lo rápidos que las piernas y la cabeza nos decían que fuéramos (las piernas por potencia, y la cabeza para no lastimarnos), descendimos al Balneario. En Casa de Piedra nos reagrupamos, me cambié de camiseta, calcetines y zapatillas, comimos algo más tranquilos…y nos preparamos para afrontar la segunda parte, creyendo que lo más duro estaba hecho. ¡Pardillo! Llegamos sólo 5’ después que mis previsiones, así que con un buen colchón de tiempo.
 Tras la parada, tocaba afrontar la subida al Garmo Negro, unos 1.400 metros de desnivel de tacada. Comenzamos el asunto tranquilos. Mallata Baja, Mallata Alta…en la que por cierto estaba de voluntaria Natalia que nos hizo hasta una foto con el móvil….Luego dijo que la borró por error… (¿tan mala cara sacábamos?jeje…). Y se acabó la senda. No nos llevaron por la ruta normal de subida, ni siquiera por el Barranco de Pondiellos, sino por el Barranco de Argualas, dando un rodeo que se hizo muy largo, junto a un torrente que bajaba furioso, y que nos dejó a los pies de los contrafuertes este de Argualas. A esas altura me había adelantado a mis compañeros, las ganas que tenía de llegar arriba….Tras una tramo no tan pendiente, nos metieron ya por el vallecillo entre Argualas y Garmo, hasta llegar al collado que da acceso a la vertiente de Sallent, y desde el que comienza la cresta del Garmo. Pero no os imaginéis un vallecillo verde y florido: es un caos de rocas pestoso y feote, eso sí, cambiamos el granito blanco por un color férrico. Me preguntaba como conseguí engañar a mi padre y a Ana en el 2006 para subir al Garmo…Madre mía, qué largo y qué duro. Y eso que mi angel de la guardia se había disfrazado de nube que me tapaba el sol, con lo que el calor no era excesivo. En menos de 3 horas desde el Balneario, me planté arriba. Había ganado una hora a lo pervisto. Nos ofrecieron hasta cervezas. Yo pasé.
 
Comencé a bajar por la descompuesta, arenosa y empinada vertiente sur del Garmo, despacito, con cuidado. Un tramo por la ruta normal, y luego ya no estoy tan seguro, para mí que nos sacaban continuamente de ella…no la recordaba tan agreste…Luego ya claramente nos desviábamos para situarnos junto a los Ibones de Arnales y seguir unas trazas de senda que descienden a Bachimaña. Yo creo que la senda la fueron haciendo los que me precedían, pero que por allí, aparte de la carrera, no pasa casi nadie. Allí enfrente y abajo veía Bachimaña, y lo poco que cundía mi avance… Iba solo además, joer, éstos no aparecían y delante no llevaba nadie. Luego me di cuenta que la ruta bajada un poco más de lo deseable…que luego habría que subir…. Asi es, la “senda” desemboca casi al final de la Cuesta del Fraile, pero casi al final, aún hay que volver a subir un poco hasta el Ibón de Bachimaña, y luego el repechillo de unos metros al nuevo Refugio. Al llegar me dicen que mi camiseta es bonita…eso solo lo puede decir un “Andarín”, en este caso una andarina. No es porque fueran de Os Andarines, pero nos trataban como a marqueses: “sentaos, ya os llevo yo…¿caldo?, ¿arroz?, ¿cocacola?,…¡que no te levantes!,… “. Seguía llevando adelanto de una horica. Así que esperé un poco más mientras intentaba enviar algún “guasap”, a ver si bajaban mis “compa”, pero decidí continuar “china-chana”, quería llegar a Respomuso de día; ya puestos cuanto más avanzara con luz, mejor. Justo al encarar el GR hacia los Ibones Azules, venían a lo lejos bajando de Arnales. Les grité que iba poco a poco y continué.

            El GR hasta el Collado del Infierno no es el tramo de GR más cómodo,…pero tras lo pasado, me pareció una autovía. Esta subida al menos en entretenida cuando terminas la parte peor de rodeo del Embalse, pues pasas por el Azul Inferior, por el Superior, y luego vas viendo los Infiernos con su marmolera, y su glaciar…qué bonito todo,….y más sería yendo descansado….Iba sin forzar la marcha, y en el Collado del Infierno me paré a hacer fotos. El Ibón y Pico Tebarray es un rincón que siempre me ha parecido espectacular, y más con las luces del atardecer. Solo por esta visión, había merecido la pena lo pasado (queda bien esta frase, ¿eh?).

   Me pasaron dos corredores que habían subido detrás de mí. Mejor, porque les tocó a ellos bajar el Collado de Tebarray por delante, y así, entre las indicaciones de los voluntarios y ver por donde bajaban ellos, descendí los primeros metros que son empinados y por terreno resbaladizo, de esos en los que si te descuidas, das con el culo al suelo. No peligroso pero sí delicado. Habían puesto cuerda fija por si acaso.  Me alegré de llegar de día a este paso. Luego el sendero GR es bueno, muy bueno, incluso “corrible”, hasta casi el Refugio. Se hizo de noche pasado el Ibón de Llena Cantal, y tuve que poner el frontal  antes de llegar a Respomuso.

            Llegué al control unos 30’ antes de lo previsto, que eran las 22:00; tardando algo más de lo que había calculado desde Bachimaña, ya he dicho que fui tranquilo. Así que pensé en esperar hasta las diez. De vez en cuando se veían frontales bajar, pero nada,… Llegó un grupo de cinco o seis, y como a las diez y pico salieron, les dije que me unía a ellos; me estaba quedando frío, los del avituallamiento no hacían más que preguntarme por qué no me iba,…Solo no me apetecía salir, de moche. Así que me uní, y empezamos a ascender al Collado Musales. Y vaya marcheta que pusieron sobre todo Silvia y Zigor. Tal fue así que nos fuimos cuatro  por delante. Por orden, ellos, yo y otro Oscar, de Jaca. Llegamos al Collado, en el que había dos voluntarios animando y armando un jaleo que en la subida creíamos que eran al menos diez…. La subida, ya conocida, es empinada pero con senda, y no muy larga; no se hizo más dura de lo que puede hacerse tras el tute que llevábamos. Nos dijeron que refrescaba y nos pusimos el “gore”, pero tuvimos que parar bajando a quitarlo, la noche era espléndida. Y el descenso también. No recordaba yo una senda tan buena. Era un verdadero placer trotar cuesta abajo por una estrecha alfombra terrosa. Vamos, casi se me saltaban las lágrimas comparándola con la “belleza granitica” de zonas pasadas.  Tal fue así, que iba pendiente de pasar junto al Ibonciecho cuando llegamos a la pista que sube desde La Sarra, es decir, lo habíamos pasado. Luego la sendica que alcorza, y el útimo tramo por pista que nos dejó en el control y avituallamiento de La Sarra. Allí estaban Os Andarines, Jose Mari, Yoli, Rafa,…hubo abrazos, besos, cachondeo,…
            Sinceramente, esperé en Respomuso bastante, pero en honor a la verdad, engancharme a mis nuevos compañeros Silvia y Zigor hizo luego que tardara menos en terminar el recorrido, pues yendo solo me hubiera “dejado”, pero  con ellos íbamos subiendo a un ritmo majete y bajando trotando si se podía, que es este tramo sí se podía. Dentro de la dureza  que llevábamos, manteníamos bien el tipo. Nos quedaba el último repechón, que nos habían avisado que era “totieso parriba”   y bajar a Sallent. Así que, sin demorarnos mucho, reiniciamos la marcha. Aunque Oscar se retiró en La Sarra. Preguntó por ello y pensé que era broma, pero no; sus motivos tendría. Quedaban unos 10 kms. Eso sí, una subida  poderosa, pero tampoco sé en qué estado  de piernas y mente llegó a La Sarra. 

            Tras recorrer un trocillo del GR hacia el Paso del Onso, giramos a la izquierda para afrontar la subida al Collado de Foratata. Había trazas de senda, pero, jolín,…muy empinado, las piernas protestaban,…Una subida  muy vertical entre hierbajos. Luego vino una zona mas llana, un vallecito, nos había explicado Zigor ( el año anterior se retiró en la 4K), y vuelta otro segundo tramo empinado. No llegaba el collado, seguíamos viendo marcas luminosas más arriba…hasta que llegó. Unos 5 kms. para meta, nos dijo el voluntario. Yo pregunté a mis colegas si bajábamos a Formigal y luego a Sallent y me dijeron que a Formigal no. Vimos unas luces abajo a la derecha a las que nos acercábamos y creí pues que sería Sallent. Pero no, era Formigal. ¡Qué largos se nos hicieron estos kilómetros! ¡Qué ganas de llegar! Y eso que  bajábamos trotando, ahora entre prados de yerba alta. Comentábamos que si después de casi 80 kms. podíamos bajar trotando,…no íbamos tan mal,…El último trozo de descenso era bastante empinado. Silvia maldecía al trazador de la carrera. ¡Vaya final machaca piernas! Nos pasó bajando como un poseso uno de los del grupo que habíamos salido de Respomuso. Supongo que le encantará bajar a tope y que bajará muy bien, si no, no se entiende ni por crono ni por posición que a esas alturas se jugara el tipo bajando así. Llegamos al pueblo, contentísimos. Les notaba exultantes. Yo, como siempre, tampoco excesivamente emocionado, la satisfacción me viene poco a poco minutos, horas, días después de llegar. Y entramos a la meta los tres, en un tiempo de 22h. 47’. El Trail Valle de Tena estaba superado. 


           
 Adjetivos: dura, espectacular, con tramos salvajes, muy “montañera”, un diseño de alguien al que le gusta la montaña. Al menos tiene talento el que la diseño con 80 kms. Ya vale, ya,…

martes, 26 de julio de 2016

GRAN TRAIL ANETO POSETS 2016 (23-24 JULIO 2016)

Allí estaba de nuevo. Avenida de los Tilos de Benasque, poco antes de la medianoche. Dispuesto para la salida del Gran Trail Aneto Posets. Como en el 2014. Ese año abandoné cuando a mitad de carrera, se pasa por el punto de partida. La cabeza falló. Esta vez quizás no llegara tan entrenado, y dos años mayor, pero más consciente de lo que me esperaba. Precisamente por ello, con muchos nervios. Al retirarme, dije que “nunca más”. Pero al día siguiente sabía ya que tenía que volver, que iba a volver.  Y allí estaba  de nuevo.
Llegué con Toni, y nos juntamos con Fran y Gorka. Había mucho ambiente, la tele, la radio,… Ese fin de semana en Benasque se monta una gran fiesta de las carreras de montaña. Entramos al cajón de salida previa inspección de los crampones, y esperamos la cuenta atrás. Ya con ganas de ir restando kilómetros. Tenía la idea de salir ligero para evitar el primer corte de La Renclusa, y luego coronar Salenques con un colchón que me permitiera ir ya más tranquilito.
Sonó al Himno del Valle de Benasque, y comenzamos a trotar. Como siempre al inicio, rapidillos. No me importó, el terreno lo permitía y así se gana tiempo. Llegamos por pista y buen sendero a Baños. En unos 10’ menos de lo que me había marcado. Toni se había quedado, dice que siempre le cuesta coger ritmo, pero conseguí enlazar con Gorka, al que pasé porque se paró a hacer una pequeña parada técnica (sí, a orinar). Íbamos a buena marcha. Chispeaba intermitentemente. La previsión no se estaba cumpliendo. El tramo al Hospital fui trotando cuando el terreno se dejaba y hasta el repecho a La Renclusa, también. La corta pero dura subida, ya caminando a buena marcha. Llegué al refugio en 3h. 06’, unos 25 minutos de adelanto sobre lo previsto, y me relajé, daban 4 horas. Esperé a que llegara algún compañero y al poco apareció Gorka, con el que ya hice grupeta el resto de la carrera. Hacía fresquito. Así que tras avituallarnos no paramos demasiado y salimos para afrontar la subida al temido Collado de Salenques.
La subida a Salenques, es larga y tendida. Pusimos la marcheta y a bastonear. Oyendo la furia con la que bajaban los torrentes de la norte del Aneto por el Valle de Barrancs. Poco a poco te sumerges en el mundo de los bloques de granito, y el ascenso se torna costoso, penoso. Y el frío aumentaba, era aún de noche, había algo de niebla y caía una fina lluvia o aguanieve, las condiciones estaban empeorando. En las rampas finales un voluntario nos instó a ponernos los crampones para pasar un nevero; después había que quitarlos para pasar un tramo de roca y ponerlos otra vez para ya llegar al collado. Gorka decidió llevarlos en la mano mientras superábamos las piedras, y se le cayó uno a un hueco entre los pedruscos. No me extrañó, las manos se quedaban heladas, bajo unos guantes algo mojados, después de quitártelos para poner y sacar los crampones. El cuerpo también, había que pasar deprisa. Afortunadamente un compañero lo pescó con un bastón. Tras pasar el collado, a 2.808 mts. (eran las 6:35), el descenso evitaba la nieve y  faldeamos ayudados por una cuerda fija que guiaba y daba seguridad. Al perder altura  y con el movimiento, el cuerpo recuperó calor, la cosa ya fue a mejor. Estaba saliendo el sol, que yo esperaba con ansía. 



El tramo de sube y baja al Collado sin nombre (se me ocurre alguno pero  no estaría correcto expresarlo), entre ibones y hasta el Collado de Angliós, lo conocido, bonito pero agreste, incómodo, rompe piernas, no avanzas en kilómetros. Y machaca las piernas, y la cabeza. Es “mayormente en bajada” pero casi más lento que los tramos de subida. Un caos interminable de rocas de granito. Un Pirineo extremo. Se me hizo largo pero esta vez lo esperaba. Una frase del gran Fran resume Salenques: “no es que no sea corrible, no es ni andable”. 


Bajando a Llauset trotamos los metros finales, que casi no lo hacíamos desde Aigualluts. Eran las 10. Una horita menos que en 2014 y que lo previsto. Tras la paradita reiniciamos trotando un sendero casi llano que bordea el embalse, pero enseguida comenzaron las rampas duras de ascenso a Ballibierna, y tocó de nuevo caminar. Antes del nuevo refugio, que nos hicieron visitar, nos cruzamos con Fran, retirado y que acortaba desde Salenques a Llauset. El ascenso al Collado de Ballibierna es menos largo que al de Salenques, con mejor piso,  con solecillo, de día…lo salvamos bien. 

El descenso, ya sabíamos que no era cómodo hasta llegar al Refugio de Coronas.  Poco antes nos pasó el primero de la Vuelta al Aneto. En ese momento nos sacaba 7 horas…mejor no pensarlo.  
Del Refugio de Coronas quedaban 14 kilómetros de bajada a Benasque, por pista. Aquí sí que decidimos trotar. Y lo hicimos (como Dora); sin parar, a un ritmo majete. Ya tocaba…. Nos plantamos en Benasque sobre las tres y media. Casi dos horas antes que en 2014. Y lo mejor de todo, sabiendo que íbamos bien y que nos tocaba comer, beber, cambiarnos de ropa y… seguir o seguir. Llamé a la familia, me cambié calcetines y parte superior entera, y a continuar.  
Pensé que de retirarme ni hablar, que me conocía y dentro de un año o dos me tocaría de nuevo darme esta primera vueltecica…y no quería volver a Salenques. No vuelvo por allí ni aunque me lo pagaran a precio de oro, no vuelvo ni con pistola al cuello, ni aunque haya un “Pokemon” de esos. Vamos, no sé si he dejado claro que Salenques…en foto. Bonito es, ¡eh! Os animo a visitarlo, pero yo ya he cumplido, tres visitas.  


El segundo bucle del infinito comienza con la subida al Molino de Cerler. Tenía en la cabeza las palabras de Javisa tras retirarme dos años antes: “si hubieras seguido subes tranquilo al Molino, y bajando te vuelves a sentir corredor, y ya para adelante”.  Comenzamos a remontar altura por un agradable senderillo, sin forzar, entre otras cosas porque nos íbamos cruzando con los corredores de la Maratón de las Tucas que bajaban a meta. Fue una sucesión de “¡ánimo máquinas!” de ellos a nosotros, y de “¡gracias, venga, casi hecho!” de nosotros a ellos. Nos cruzamos con Jordi, que bajaba como un cohete, con Marcos, bravísimo. Nos decían que llevábamos buena cara. En El Molino, traguico de agua y a bajar por Anciles a Eriste. Y más conocidos por el camino: Enrique, Vanesa, Rafa….

Nos plantamos en Eriste habiendo trotado casi toda la bajada, “capazos” aparte, por un sendero que daba gusto, correteando como pastorcillos. Ya habían caído otros 10 kilómetros más, agradables. Tocaba afrontar el “subidón” de la segunda parte: el ascenso al Collado de La Forqueta, a 2.868 metros. Pero a mitad teníamos el control del Refugio Angel Orús. Menos mal que la subida se divide en dos, porque son 12 kms. y 1.800 mts. de desnivel de tacada. Este tramo lo conocía bien. A mitad de subida nos cogió José Antonio, compañero en la Challenge, y se unió al dúo formando un grupo de tres, mejor que decir trío, que algunos tenéis la mente muy sucia. Como conocía el tramo, impuse el ritmo, el que creí adecuado para no quemarnos, pero alegre, había que aprovechar el día.
 Tras una pequeña pausa en el Orús, con caldito con fideos reparador, reiniciamos el ascenso. Gorka, que dijo que había flojeado un poquillo hasta el refugio, recobró fuerzas e impuso un ritmo exigente al Collado de la Forqueta. La primera parte, con tramos de escalones, la llevé peor, no me van; la segunda, empinada pero de bastonear, un sendero con fuerte pendiente, mejor. Estos ni se fijaron que pasamos junto al Ibón de Llardaneta, ni nada,…Menos mal que “el abuelo cebolleta” iba contando, “que si por aquí el desvío a la Canal Fonda, que si pasamos al lado del ibón…”. Una fuerte rampa de esas que te calientan rápido los cuádriceps, nos dejó en el ansiado Collado de la Forqueta. Pasamos a las 23h., de noche. Me había costado seguir a mis compañeros, sobre todo al inicio.

La bajada a Biadós la recordaba mala al principio, pero buena después. Pero la parte empinada y pedregosa no acababa nunca. Se veían las luces del Refugio, muy abajo. Llegamos a una zona entre bosque que también se hizo larga. Gorka no hacía más que repetir que nos habían engañado en la distancia. Luego nos dijo que de vez en cuanto se medio dormía. La segunda noche estaba empezando a dejarse notar, todo parecía pasar más despacio y ser más largo.  Aunque, bueno, estábamos recorriendo un Pirineo infinito. Le tomé el relevo un rato y por fin llegamos abajo, pasamos un puentecillo y giramos  a la izquierda para ascender unos metros al Refugio de Biadós.  Nos costó 2h. y media largas este tramo, peor de lo pensado. Yo tampoco estaba muy lucido. Aún le pregunté a un voluntario que si había otra bajada de La Forqueta, que esa no me había sonado…se partió de risa. Anda que no estaban la marcas GR bien pintaditas por donde nos llevaron, y las vimos y seguimos, pero..… pensad que llevaba desde el viernes a las 6:15 despierto (trabajé). Una voluntaria nos preguntó qué tal y le respondimos con tópicos y bromillas, pero nos dijo que era una médico de la carrera y entonces, fuera bromas, le dijimos que bien. Un corredor vomitó, y no sabemos cómo acabaría.  Allí se quedó con su grupo.
            José Antonio se había retrasado algo, y cuando salíamos, llegó. Le dijimos que ya nos cogería, preferíamos reiniciar china-chana a quedarnos fríos parados. Nos restaba afrontar la última subida, al Collado de Estós, y eso nos animaba (no subir al collado, el que fuera la última). Tras deshacer lo recorrido unas centenas de metros, casi en el puentecillo mencionado, continuamos hacia el fondo del valle por un sendero entre hierbas y matojos que ascendía de manera tendida, faldeando  el margen derecho orográfico del valle, Era noche cerrada y a nuestra derecha veíamos difusamente cada vez mas abajo el fondo, y un ruido ensordecedor del agua precipitándose…Qué bueno no ir solos. Daba cosa. Íbamos como autómatas de baliza en baliza, no se acababan nunca las balizas, y no se acababa nunca este faldeo, era desalentador. Porque sabía que en algún momento teníamos que girar a la derecha y afrontar las rampas finales al Collado de Estós. José Antonio nos cogió, y al poco, por fin, atravesamos la palanca de Añes Cruces para acometer la última parte de subida más empinada, ya los tres juntos. Gorka empezó a subir como poseído, o al menos eso me pareció el ritmo que impuso. Vimos las luces del collado pero nos costó llegar, de noche, sin perspectiva, no pudimos calcular lo que nos quedaba., y era más de lo que parecía. Arriba nos dijeron que el descenso al Refugio de Estos era por buen sendero muy marcado. Hombre, marcado con pinturas de GR sí, pero muchos tramos, de buen sendero, nada. Íbamos de baliza en baliza, como autómatas, Gorka delante, y a veces fijándose tanto en la baliza siguiente que perdía la sendita e íbamos unos metros en paralelo, fuera de sendero. Yo no hacía  más que decirle, “no, el sendero va por aquí”, y pensaba que me iba a mandar a escaparrar,…jeje.  Además el sueño también me estaba empezando a hacer efecto. Repetidamente pensaba que porqué el empeño en seguir las balizas, como quien unía puntos con segmentos, que lo que teníamos que hacer era ir rectos a Estós. ¿?  Nos amaneció camino del Refugio de Estós.  Mis compañeros manifestaron varias veces que debíamos estar ya casi, yo me callaba pero sabía que no. Hasta que les solté “está tras esa loma de allí que baja de la montaña, aun nos queda”. Y se hizo el silencio. Pasadas las 6 y media, llegamos a Estós, y los voluntarios, de diez todos, en este caso se empeñaron en ponernos mantas y que nos sentáramos mientras bebíamos un caldito y comíamos. 

Esto estaba muy cerca de finalizar. Ahora sí. Unos 13 kms. hasta meta, primero por camino  y luego, desde la Cabaña del Turmo (sí, la de 20 de abril del 90, la del “Cifu”…), pista forestal. Teníamos pensado trotar todo lo que pudiéramos, pero José Antonio nos dijo que no podía. Le contestamos que entonces andando, que llegaríamos los tres  juntos. El problema no era llegar más tarde, era que se nos iba a hacer muy largo este tramo. José Antonio debió pensarse eso, se animó y pudimos trotar. Al llegar al aparcamiento de Estós vimos voluntarios como esperando. Ostras, no…eran los amigos de Andandeh, ¡qué alegría! Antes de entrar al pueblo, no por carretera, sino por un camino lateral, pensamos que llegaríamos poco antes de las nueve, hora de salida de la media maratón, de manera  que decidimos caminar para llegar un poquito más tarde y tener nuestro momento de gloria,..jeje. Así lo hicimos y llegamos a meta a las 9:12 de la mañana, 33 horas 12 minutos después de la salida. Unos 108 kms. y +6.700 mts. de desnivel.

Enormemente contento, muy satisfecho. Además, y no es decir por decir, con la alegría de ser recibidos entre amigos, de ver caras conocidas y la alegría en sus caras, es de agradecer. Una carrera dura, muy dura, brutal, salvaje. La más dura que he hecho. Un Pirineo extremo, un recorrido infinito. Una pena lo de Toni y Fran. Volverán y triunfarán. Y por último, a Jorge, que así le recibieron y a José Antonio, muchas gracias por compartir parte de la carrera. Sin vosotros, hubiera sido mucho más difícil. 


lunes, 4 de julio de 2016

PUEBLO DE LARROSA desde Acín de Garcipollera (01/05/2016)

Participantes: Feli, Jesús, Miguel, Pablo, Jorge, Ana y Oscar.
Desnivel: 324 mts.

Aparcamos en Acín de Garcipollera tras recorrer la pista, con más baches que en otras ocasiones. Altitud de inicio: 1.026 mts.

Comenzamos a caminar por la pista que lleva a Iguacel. Atravesamos un barranco  mirando con curiosidad una senda. Creemos que va a Larrosa y que está limpia, pero como no estamos seguros, pensamos mejor ir por la pista. Jesús se interna un poco y confirma que parece limpia. Aún así, seguimos por la pista. Cuando ya no queda mucho para Iguacel, nace de la principal una pista a la derecha, por la que discurre el GR15, y que marca Larrosa. La seguimos. Al poco se ve el pueblo, pero la pista realiza un rodeo. Estábamos encima del pueblo. Un sendero marcado GR15 abandona la pista y desciende hasta las casas. Este GR15 continuaría hasta Acumuer. Nosotros aquí nos paramos, pues ya hemos llegado a nuestro objetivo.  Altitud: 1.153 mts. 


Mis padres se dieron la vuelta y nosotros nos quedamos “callejeando”. La idea era comer en Iguacel a la bajada, pero hacía muy buen día, y en una praderilla en la parte baja del pueblo, almorzamos. Mientras acababan la comida, investigué un poco. Un par de mojones me dieron la pista. Descendí hasta otro, y encontré una senda que bajaba directamente dejando un barranco a la izquierda. Al volver, propuse intentar volver por allí, lo que tuvo mucho éxito. Así lo hicimos. La senda es limpia y clara, y nos dejó en la pista a Iguacel por terreno más bonito y directo que la pista.  La única dificultad es saber tomarla desde el pueblo. Efectivamente desemboca por donde mi padre había comenzado a subir.  Para otra vez, también subiremos por allí.