lunes, 1 de marzo de 2010

PEÑA AMÁN (SALTO DEL ROLDAN) 28/02/2010

Cerca de Huesca se puede visitar uno de los parajes más hermosos de la comarca, conocido como el salto de Roldán en honor a uno de los personajes más legendarios de la Edad Media, el valeroso caballero galo del también mítico Carlomagno.
Parece ser que Roldán se encontraba en huída de Saraqusta, cuya conquista había fracasado, cabalgando raudo hacia su Francia natal. La persecución estaba siendo ardua y agotadora, y el noble galo se veía amenazado por varios flancos. El acoso provocó que el caballero buscara una salida ascendiendo por la peña de Amán, que termina en un cortado cuya foz recorre el río Flumen.
Roldán tiró con fuerza de las riendas, deteniendo el corcel justo al borde del precipicio. Los perseguidores, seguros de haber dado caza a su presa, hicieron cabriolas con sus caballos y dieron mandobles al aire antes de acercarse al héroe francés. Éste, para sorpresa de aquellos que le acorralaban, picó las espuelas y se lanzó al vacío. Ante los ojos de sus perseguidores, el corcel dio un salto tan prodigioso que, en lugar de precipitarse al fondo del cortado, consiguió llegar al otro extremo, estampando sus huellas, todavía visibles según algunos, sobre la peña de San Miguel.
La leyenda dice que, debido a tal esfuerzo, el caballo murió en el acto, y Roldán tuvo que proseguir su camino a pie. Parece ser que no llegó muy lejos, pues se cuenta que cayó en Ordesa, si bien su mítica espada, Durendal, poderosa tal que Tizona o Excalibur, consiguió llegar a Francia al ser lanzada con rabia por el caballero, abriendo la que todavía se conoce como brecha de Roldán y que permitió al galo ver su tierra por última vez en su estertor de muerte.
También se cuenta que, en el salto inverosímil sobre el cortado del Flumen, el caballo, tal vez por miedo, hizo caer sus excrementos al río. Éstos fueron transportados al Isuela, que los llevó al Cinca, pasando al Segre, al Ebro y, por fin, al mar, que los arrastró hasta el norte de África. Allí, en la costa donde se depositaron, nacieron tres hermosas flores de tres colores distintos: una blanca, otra negra y morada la última. Una yegua que por allí pasaba no pudo resistirse a comerlas, lo que provocó que poco tiempo después diera a luz tres potrillos, cada uno del color de una de las flores, y que al crecer fueron tan veloces como el viento del Sáhara.


Participantes:
Feli, Jesús, Jesuser y Oscar.
Fecha y meteo:
28/02/2010; sol y nubes; viento fresco en los collados.
Duración:
1h. 45’ a Peña Amán; 3h. 55’ la ruta total.
Desnivel y longitud:
unos 530 mts. a Peña Amán; sobre 600 mts. la ruta total.
Dificultad:
clavijas para salvar los últimos tres metros; fáciles y apenas expuestas.

Tras casi dos meses de parón, por fin la meteorología y mis ocupaciones dieron una tregua y nos dispusimos a realizar una corta ascensión de media jornada por la Sierra de Guara. Tras dejar atrás San Julián de Banzo y el desvío a San Martín, tomamos la pista de la derecha y dejamos el coche en un ensanchamiento en el que termina. Altitud: 660 mts. Tras descender para atravesar una barranquera, ascendimos suavemente hasta alcanzar un colladete desde el que pudimos contemplar las dos peñas principales del Salto del Roldán. El día era claro y podíamos ver hasta el Moncayo. El sendero había sido limpiado recientemente, y se avanzaba cómodamente. Después de alguna pequeña bajada y un ascenso muy tendido, nos situamos en el collado situado bajo la Peña Amán. A partir de este punto la senda está más vestida y entre boj y erizones afrontamos el repecho final. Por aquí mi madre empezó a notar la falta de costumbre en las cuestas arriba, que no es lo mismo el Camino de Santiago que la Sierra de Guara, pero el tramo empinado es corto, y al poco nos plantamos bajo un murete vertical de unos tres metros equipado con unas pocas clavijas (4 ó 5) y que da acceso a la plataforma de la cima. Para evitar miedos y sustos Jesuser había traído arnés y un cordino de varios metros. Así que tras colocárselos a Feli, trepó fácilmente por las clavijas y desde arriba “aseguró” a su hermana. Una vez que mi madre estaba arriba, lanzó un extremo de la cuerda que mi padre se anudó a la muñeca; tampoco hubo problemas. Yo subí el último y en 1h. 45’ estábamos todos arriba. Altitud: 1.124 mts.

Tras tomar un tentempié y contemplar las vistas, emprendimos la bajada. En esta ocasión destrepé el primero y realizamos la operación inversa sin incidencias. Aunque Ana llamó justo mientras mi padre descendía y fue oyente de las exclamaciones de mi madre que no quería quedarse viuda. El resto de camino de vuelta, sin más novedad que el cruzarnos con un perro algo perdido y observar ciertas gotas de sangre en el suelo. Por el Picón oímos disparos y ladridos: los cazadores. A las 3h. 55’ estábamos de nuevo junto al coche. Paramos en Loporzano a por un empanadico y tiramos para casa regresando por la Presa de Montearagón y Fornillos.

4 comentarios:

  1. Oscar muy bien, como hacia dias que no escribias nada,con esta excursion te has desahogado y siempre va bien un poco de historia.
    saludos

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  2. Un poco de historia nunca viene mal

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  3. Os veo que no teneis pinchazos, la sierra ya no es lo que era, os arreglan los caminos y todo.
    Unos cuantos también estábamos corriendo por zonas de interés cultural, con una historia reciente verdadera y no de leyenda. Alquezar. Merece la pena ir. Al igual que al Salto Roldan.
    Bonitas afotografias, y veo que empizan a hacer sus pinitos algunos escladores profesionales. Muy bien.

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  4. Alquezar bien merece una visita, o varias, pero eso de historia RECIENTE,...verdadera sí.
    Ya me he enterado que no te han admitido en el Mont Blanc, una pena.

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