sábado, 22 de junio de 2013

ULTRA TRAIL CAZADORES DEL GALICIA: FINAL (16/06/2013)



CAPÍTULO III: TROPEZÓN Y FINAL.
 
Pensaba descansar más en Atarés pero como la noche se echaba encima, preferí  seguir, y hacer una pausa más larga en el siguiente punto, el Puerto de Oroel. Además Sonia y otro corredor salieron ya, y me dije que más valía ir algo acompañado cuando la luz se acabara. Al frente la Peña Oroel, vista desde el oeste, una enorme proa de barco como tantas veces se ha descrito, con las luces de la tarde, espectacular, retadora, el último escollo para las piernas, ya no para la mente. El primer  tramo era de pista ligeramente ascendente pero con subes y bajas. Seguí corriendo los llanos y bajadas y caminando las subidas. Charlando con la compañera, que debutaba en esto de las Ultras. No nos verán en otra, comentábamos entre otras cosas. Gran mérito el suyo, fascitis, condromalacia,…no sé cuantas cosas me dijo que tenía, y claro, a ello le sumaba hoy también unas cuantas ampollas. Juan Salgado nos pasó como un flecha. Otros corredores no abrieron la boca al pasarlos o al superarnos y preferían ir algo por delante, algo por detrás,...irían cascados y a lo suyo. En estas carreras las fuerzas tienen picos y es difícil que coincidan con las de otro.  Se hizo de noche y nos pusimos los frontales. La pista se acabó y nos quedaban 2 kms. hasta el Puerto. Me llevé tal alegría cuando me lo dijo un voluntario, que me insistió: “ a la Cruz de Oroel  no, al Puerto”. Ya, ya. Un par de kms. de sendero ascendente junto a un barranco. A subir se ha dicho, intenté marcar buen ritmo.  La verdad es que entre el frescor del anochecer y que el problema con las ampollas me había hecho guardar más fuerzas, subiendo iba cómodo. Pero, ya estamos con el pero, el dedo gordo de mi pie izquierdo golpeó una piedra, y vi las estrellas, no solo las del cielo, (vaya noche hermosa que nos había guardado este infernal día), las otras. ¡Qué dolor! Pensé en que me había quedado sin uña. Así estaba el asunto: entre las ampollas y el golpe en el dedo, lo de apoyar el pie para correr, chungo. Pero solo un poco peor que únicamente con las ampollas…Llegué al Puerto, con la compañera detrás (qué brava). Avituallamiento. Km 70. Quedaban 25. Avituallamos pero no descansamos. Mi mal no era el cansancio, era la planta de los pies. Notaba mi corazón latir en el dedo gordo y los pinchazos de las ampollas, bueno, cada vez menos, a todo se acostumbra uno. Seguimos. Pista que sube, baja, gira, requetegira,…por la vertiente sur de la Peña. Al principio gana desnivel poco a poco, luego ya la cosa se empina. Oigo a mi compañera de los últimos kilómetros que va a hacer una parada técnica y sigo algo detrás del corredor que nos precede también desde hace rato, al mismo ritmo pero cada uno a su bola. Aparece el avituallamiento de la Virgen de la Peña. Tanto el colega como yo nos sentamos. Caldito reponedor. “Han pasado 49”, nos dicen. ¿49?, ¿sólo? Subidón. No por el puesto , sino porque si han pasado 49, jolín, no voy tan mal,… El compa me dice riendo “el 50 está entre tú y yo,…”. “Tranquilo, que no te esprintaré,…” le contesto. Y sigue, “había que llegar aquí, una vez a los pies de la Peña, si hace falta se sube a gatas y se baja andando, pero terminar ya se termina, eso me han dicho antes”; me mira y suelta,…”coño, me lo has dicho tú”. Cierto. Unas decenas de kilómetros atrás.  Aún nos quedan ganas de reírnos. La verdad es que hacía ya muchos kilómetros que la idea de abandonar estaba muy lejos de mi cabeza. Seguimos por un sendero entre bosque. Él por delante de mí unos metros. El primer tramo desciende un poco y me mosqueo, pero sigo viendo cintas y la luz de su frontal de vez en cuando. Luego ya se empina sobremanera y no hay duda de que estamos ascendiendo la Peña Oroel. Y no vamos despacio, dentro de lo que cabe. Andando casi siempre, pero sin pausa. Veo como un foco, la luna creciente sobre la Peña. Como marcando el final de la subida.  La senda se ensancha y en un llano aparece un voluntario abrigado y unas luces, el viento sopla y hace fresco. ¿No será?...sí: estamos sobre el lomo cimero de la Peña. Al poco a mi derecha aparecen las luces de Jaca, abajo, muy abajo, pero ahí están. Oigo “ hasta la cruz, hasta la cruz” que le dice un voluntario al que me precede, (el control está unos metros antes). Y escucho  unos segundos después un golpe metálico. Avanzo y veo la Cruz marcada con una  baliza de luz naranja, y golpeo también. Media vuelta y toca bajar por la loma, paralelos a la subida.



Ya veo que bajar,…no va a ser cómodo, menos cansado, pero más incómodo. La senda de bajada por el lomo va casi sobre la cresta y el viento aún pega más. Llego al Collado de la Neveras y paro. Me pongo la térmica sobre la piel y encima la camiseta, por no andar quitando el dorsal. Me pasa un corredor; me suena su cara porque igual nos hemos ido adelantando ocho o nueve veces,… Comienzo las revueltas. Son 28, dicen. Las voy a contar. No, mejor no. Comienzo a correr , pero con cuidadín, mucha piedra, mucha raíz traicionera,  (y mucha ampolla, y dedos doloridos, pero el dolor plantar era ya como parte de mí, de hecho lo es aún). Veo las luces del Parador. Y en el Parador, pues paro. ¿Caldito? Sí. Y antes de sacar el vaso plegable, me acercan un bidón de tercio,…Gracias, me lo bebo enterito. Hay un corredor militar y los del puesto le dicen que a fulanito le pilla, que va tocao,… (rencillas y preferencias, o peloteo si era oficial y el otro soldado, o rencillas si era al revés, o qué se yo). Me detallan cómo tomar la senda de descenso a la Fuente de  San Salvador. Esto ya me lo sé. Salgo primero y antes de tomar la senda ya me pasa como si le fuera la vida en ello (a pillar a fulanito, supongo). Yo a lo mío, andando que hay mucha piedra y cuando voy de día  y con diez kilómetros en las piernas me tropiezo, conque ahora,… Al llegar a la fuente, en lugar de seguir bajando a Jaca, a subir al polvorín ( qué gracioso estuvo aquí el diseñador del recorrido). Senda con subida no muy larga. Pista de bajada y cuando creía que hasta Jaca, desvío por senda a la izquierda. Pero, ¿por qué?,  ¿por qué? Se trataba de volver por la antigua Calzada Romana. Intentaba disfrutar el hecho de estar en una noche como ésta correteando por la montaña, con la meta al alcance.  Por la antigua Calzada me desorienté y creí que avanzábamos al oeste sin acercarnos a Jaca y aunque suene mal me cagaba en todo y en todos esperando girar al norte. Y el caso es que iba pensando que la senda no estaba mal, y la sensación de frescor, y el ruido de un barranco a mi derecha, eran agradables… Así que cuando vi enfrente de nuevo las luces de Jaca a las que me acercaba, me sorprendí; pero bien. Desemboqué en una pista, y tocó trotar. Al frente ya se podían distinguir  las casas de Jaca. De repente veo parado, mirando una cinta, a Juan Salgado. Le digo, por aquí, sí. Y sigo. Piso asfalto. Club de Tenis.  Corro hasta el lavadero, donde comienza la cuesta de los Escolapios. Camino. Me pasa un corredor como un rayo ¿? Oigo que le animan desde la Ermita de Sarsa. Ahora me animan a mí. Me gritan que no me ven la cara con el frontal. Lo apago. Subo las escaleras y comienzo a callejear correteando por Jaca. Sólo voluntarios. Y un par de juerguistas. Catedral. Ciudadela. Cuartel. Meta: 18h. 10’. 95 kms. (luego dijeron 97). Felicitaciones, medalla. 





Gracias a la estupenda organización.



Fin, por fin. (Bueno no, media hora hasta casa, andando, claro, por pardillo).



2 comentarios:

  1. Solo de leerlo me he cansado y me duele todo, asi que intento imaginar lo que has pasado, pero tambien noto la felicidad de un gran logro en tu propia casa FELICIDADES CAMPEON, estas cerca de ser un "Makina Total" me alegro mucho por ti.disfrutalo
    Fuerte Abrazo

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  2. Cada uno se pone sus retos, tu tampoco te quedas manco con los tuyos. Gracias y un abrazo.

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