martes, 29 de septiembre de 2015

UN MARATÓN INESPERADO (ZARAGOZA 27/09/2015)



Una hora antes del fin de inscripciones, le di al botón. Aprovechando los restos de preparación para otras citas, me decidí a participar por tercera vez en el maratón de mi ciudad. No hay desplazamiento, conoces mucha gente, se ha cambiado el recorrido y de nuevo la meta es en el centro, en la Plaza del Pilar, la medallica es chula,…bueno,…un poco de todo.
Estaba claro que el fondo lo tendría. Otra cosa era correr a un ritmo más “alegre”, que en los ultras ni ves de lejos. Así que en principio pensé en engancharme al globo de 4h.  
            Quedé antes en el Polideportivo Tenerías con los colegas de Andandaeh, y luego en la Fuente de Goya para la foto de rigor con Os Andarines: Enrique, quien llegó tarde, Dioni, que iba a por su 42 maratón, y Augusto, debutante y con nervios.


            Mi dorsal no tenía ni el nombre ni color de cajón, mejor dicho, color negro, cajón último, así que no me dejaron pasar  a  cajones intermedios. Porque al final pensé que casi mejor que a 4h. iba a comenzar tras el globo de 3h. 30’ a ver qué tal iba.
            Dieron la salida y comencé a escalar posiciones, hasta colocarme tras el globo de 3h. 30’, que llevaba Jesús Arroyo, un “crack”, con megáfono y todo. Augusto se colocó cerca de mí.
            Cruzamos el Ebro por el Puente de Santiago y trotamos por la ribera izquierda, para volverlo a cruzar por el Puente de Piedra  y tras un ida y vuelta por Echegaray dirigirnos al Parque Grande atravesando la cuidad. Yo a esas alturas ya había pasado a la liebre e iba algo por delante; ir junto al globo agobia por la gente, aunque Jesús hablaba y animaba de una manera impresionante. Me encontraba a gusto, cómodo.  Iba por debajo de 5’/km. Eso sí, empecé a ver que mi reloj marcaba distancia de más. Pensaba que igual compensaba luego. Marchaba además tranquilo y saludando a todo “quisqui”, lo que tiene una carrera ni planeada, ni con objetivos de marca,… casi como un entreno largo pero con avituallamientos, público, animación,… Vueltecicas por el parque y la zona del canal y ya de nuevo atravesamos la cuidad para volver a la ribera. La media la pasé sobre 1h. 43’. Marchaba bien. Augusto iba fuerte, llevábamos más o menos al mismo ritmo, unas veces él delante, otras yo…. Rafa Marquina nos ofreció hasta un gel, pero lo rechacé, no he tomado ni creo que tome en carreras, cuestión de manía, gusto,…Iba controlando el ritmo y el kilometraje.
            Atravesamos el río por el Tercer Cinturón, y comenzó el peregrinar por el Arrabal. Ya entonces comencé a acusar un poco el ritmo elevado para mí y mi nulo entreno de la velocidad, mantenía más o menos la velocidad pero no iba tan “sobrao”. Lo achaqué al típico  bajón de los treinta y pocos. Empecé a oír de nuevo el megáfono de Jesús Arroyo. Contaba retazos de la historia de la Corona de Aragón…Yo miraba el GPS y pensaba que el globo iba algo adelantado. ¿Cómo puede ir detrás de mí si voy algunos minutos por debajo? Tras este tramo, volvimos a cruzar el Ebro definitivamente por el Puente de Santiago, y al poco se situó el globo a mi altura. A Augusto le había dicho que acelerara que si no le iba a pasar. Tanto globo como Augusto se fueron poco a poco y yo me fui retrasando. Fue sobre el km. 37. Peté. Se había acabado mi aguante a 5’/km y tuve que quitar un par de piñones. Desde ese kilómetro, no pude mantener ese ritmo. Así que, nada, más lento, a terminar y punto. Echegaray se hizo largo, largo, más al ser un tramo recto y de ida hacia las afueras y luego  vuelta hasta el centro. (De hecho, hubiera pagado porque en lugar de 5 kms. llanos me faltaran,...los últimos 20 del UTGS por ejemplo, y alguno me entenderéis sobradamente). Pasé a un par de amigos que habían pinchado.  Me apenó no llegar al centro (D. Jaime, Alfonso,…) con la  mismas sensaciones que el resto de la carrera; es una gozada la animación, se suele decir que te llevan; eso tampoco, si no vas, no vas, te llevan si te queda.
En la calle D.Jaime estaba Ana con los chicos. No entendía la cámara: tuve que parar para que me hiciera la foto. Menos mal que me daba igual unos segundos más que menos,… Llegué al km. 42,195 por mi GPS en 3h. 27’,  pero, juer, aún quedaba un trecho,…malditos trastos,… Y nada, tras alguna revuelta, la Plaza del Pilar, gran ambiente, y meta. Medallica y otra muesca. Van 5 maratones. En 5 años.



Al final 3h. 32’ 09’’. Si pienso que en septiembre he salido 6 días, casi todos los días a más de 6’/km. Y que no he hecho ningún entreno pensando específicamente en el maratón, pues muy bien.  Al maratón hay que tratarle de Ud. Es una distancia muy puñetera. Los que no son del mundillo me decían “qué son para ti 42 kms. después de hacer ultras de 100, de 170,…”. Pero a poco que entiendas, sabes que no es lo mismo. El último maratón que preparé (sin plan, pero tres meses con una cierta disciplina de distancias y ritmos), fue Barcelona, para 3:30, e hice 3:29.  
Que el reloj me marcara al final 43,1 kms no es excusa, si hubiera tenido fuerza, con seguir al globo cuando me pasó, hubiera llegado sub 3h. 30’. 
No negaré que me fastidian esos 2’ 09’’, pero en realidad la idea cuando me apunté era  disfrutar con el ambiente llevando un ritmo llevadero, finalizar entero, la medallica,…en principio yendo a sub 4h.  E hice lo mismo pero llegando en 3h. 32.
Puesto 331 de 1027 finalistas en meta, de unos 1.300 inscritos. El 90 de mi categoría. 

Un regalico para los que hayáis leido hasta aquí, bueno un regalo envenenado, aunque si tenéis insomnio igual os viene bien, el final es lo mejor. Dura 16', ya os aviso, pero es que 5 días dan para mucho. Como siempre lo mejor, la música.
UTMB 2015 

martes, 8 de septiembre de 2015

ULTRA TRAIL DU MONT BLANC 28-30 de agosto de 2015



Pues ahí va el ladrillo, que le vamos a hacer,...el que se aburra que vea solo las fotos,...

No era mi idea. Este año el plan principal era terminar algún asuntillo pendiente por el Pirineo. Y tampoco la tenía como un proyecto futuro. Demasiados kilómetros, demasiado lejos, demasiado centrar todo el año en una carrera. Pero en diciembre me propusieron que me uniera a un proyecto de “expedición” al UTMB de varios compañeros de Andandaeh. Porque resultaba que yo también tenía los puntos necesarios, sin haberlos buscado específicamente. Y me insistieron. Y resulta que mi tío Javisa también se iba a apuntar. Así que sin mucho convencimiento, pero pensando que era muy difícil que nos tocara en el sorteo, me uní al grupo de candidatos y nos preinscribimos. Y nos tocó. A apechugar. A partir de ese día de mediados de enero todo lo relacionado con las carreras debía girar en torno al objetivo de estar lo mejor preparado el 28 de agosto a las 18:00 en Chamonix.

            Y allí estábamos junto a la iglesia de Chamonix, a la fecha y hora señaladas: Javisa, Quique, Toni y Marcos, agrupados; y cerca pero sin llegar a encontrarnos entre la multitud, Manolo. ¿Preparado? No lo sabía. Había entrenado todo lo que las circunstancias de la vida y por qué no decirlo, mis ganas, me habían permitido, al fin y al cabo esto es una afición.  Muchos nervios, ganas de empezar, algo de miedo, sobre todo a los temidos primeros cortes más que a la distancia. Cada uno tendría sus fantasmas particulares. Los míos eran esos, los primeros cortes.
            No quisimos estar en la salida con mucha antelación, agobia un poco. Pero aún así se hizo larga la espera. Al fin, sonaron los acordes de “La Conquista del Paraíso” de Vangelis, y comenzó la cuenta atrás. Y llegó el momento de comenzar la aventura y el reto.
            No exagero si digo que los diez primeros minutos tan solo pudimos andar, tal era la multitud que nos precedía (había sobre 2.500 corredores en total), y la estrechez de las calles de Chamonix, aumentada por el gentío.  Yo iba mentalizado de ir control a control. Quique y yo salimos adelantando gente, intentando no rezagarnos para pasar los controles con cierta holgura. Buen camino, más o menos llano. Vimos que Marcos nos seguía (le vi muy colorado). Javisa se lanzó como un cohete, iba en otra guerra. Y Toni algo más tranquilo. Llegamos a Les Houches en poco más de 50’. Había calculado una hora. Bien. Ni paramos en el avituallamiento.
Nos esperaba el primer ascenso. Por pista. Tuve problemas para desplegar un bastón y me separé de los compañeros; consecuencias de estrenar material. Tuve que esforzarme unos metros para cogerlos. En una curva vi a Manolo delante de mí y le saludé. Al poco nos juntamos Quique, Manolo y yo. Marcos ya no estaba. Coronamos Le Délevret. Nos habían hablado de tres autobuses para los retirados en el primer control. Pensé que ya habíamos pasado gente como para tres autobuses, ¿o no?...Y Quique se lanzó como un cohete en una bajada muy empinada. Yo no bajo tan aprisa. Aunque dejé atrás a Manolo. Ya íbamos cada uno a nuestro aire. Es muy difícil en una carrera así mantener un grupete de principio a fin. Cada uno tiene sus ritmos, sus puntos fuertes, sus momentos mejores y peores. Iba oscureciendo. Aun así, apuramos casi todos hasta sacar los frontales.  Al final lo tuve que hacer antes de llegar a Saint Gervais, final de la bajada y nuevo control. No me fijé si Manolo me había pasado estando yo parado. Llegué a Saint Gervais. Madre mía, el avituallamiento era inmenso y estaba abarrotado, como para encontrarte con alguien,… ¿Qué pensaba al llevar 30 kms. y quedarme 140? No pensaba ni en los 30 ni en los 140. Pensaba en ir a un ritmo llevadero, pero suficiente, hasta el siguiente control. Llevaba 3h. y el corte era a las 4h. Si mantenía esa media, la cosa iría bien. 

En ligera subida, por senda buena, avanzábamos hasta Les Contamines. Iba al trantan. Sin prisa pero sin pausa. Oí “andaluz” por detrás; era una pareja, y la chica iba fuerte y me adelantó como una centella, el chico por seguirla se tropezó en una raíz,…”no te entusiasmes”, le dijo,…y me hizo gracia la expresión. Llegué a Les Contamines con 1h. 20’ de adelanto sobre el cierre. El asunto de los cortes iba bastante bien. De hecho a partir de aquí ya no comparé mi tiempo y el de corte. Creo recordar que allí llamé a casa.
Salí de Les Contamines por una buena pista. Un colega  hablaba sobre pasar por una ermita, Notre Dame de la Gorge; no me fijé. El porcentaje de subida fue aumentando hacia el Refugio de La Balme. Buen piso. A lo lejos arriba se intuía el primer gran collado: el Col du Bonhomme. Las luces de los que nos precedían marcaban la subida. 

Tras pasar La Balme, seguimos por el típico ascenso zigzagueante. Volví a oír español. Un corredor iba contando proyectos de carreras a otro. Me iba entreteniendo a mí también. Que si el Gran Trail Aneto Posets, que si la Ehunmilak, que como buen vasco quería correr… Pero ascendían más aprisa;, les fui poco a poco perdiendo. Llegamos al Col, y seguimos aún ascendiendo hacia la Croix du Bonhomme, tramo ya más tendido. Seguía con buenas sensaciones, paso a paso. Tocaba descenso a Les Chapieux, para después comenzar la segunda gran subida que nos dejaría en Italia, el Col de La Seigne.
Alegraos, que no recuerdo nada especial de este tramo. Es más, igual lo del vasco fue subiendo La Seigne y lo de los andaluces bajado Bonhomme. Así que continúo la crónica coronando La Seigne, ascenso similar a Bonhomme, al menos de noche. Bajamos un poco hacia una caseta.   En lugar de bajar a Lac Combal directamente como otros años, el recorrido modificado nos desviaba para ascender al Col des Pyramides Calcaires: vaya emboscada. Ascenso rudo fuera de sendero y descenso pedregoso casi tipo Salenques. Cuando hasta ahora el piso había sido amable. Por allí más o menos me pilló la amanecida. Llegamos al Refugio Elisabetta y el piso mejoró, pero mucho. Una neblina cubría Lac Combal allá abajo. Fresquito mañanero. Continuamos bajando hasta el avituallamiento. 

Tras el control de Lac Combal, un poco de llano rodeados de montañas y se comienza el ascenso a Arête du Mont-Favre. Otra vez a poner la marcheta de subida. Reitero que no iba  pensando más que en llegar al siguiente punto: ahora el Col Chécrouit. Miraba en los controles el kilometraje del tramo siguiente y el desnivel, y a por él. Culminamos la subida a Arête con unas vistas preciosas y bajamos a la estación de esquí, en el Col Chécrouit, encima de Courmayeur. 

Tocaba seguir descendiendo a Courmayeur, mitad psicológica de la carrera, que no real. El descenso era corto, unos 4 kms. por una senda que serpentea por bosque. Llegué a Courmayeur.
 Gente animando, mucha gente. Llegué al gran control y avituallamiento y me dieron la bolsa que habíamos podido preparar. Eran las 9:30 de la mañana. Aquí sí que recordé que el corte era a las 13:00. Si soy sincero, aquí ya empecé a pensar que me quedaba un mundo, pero que salvo lesión, iba a llegar. Que la carrera no podría conmigo. Lo podía hacer una lesión, pero no el cansancio por la sucesión de subidas, de bajadas, de kilómetros,… Y menos mi cabeza. No había venido para rendirme. Todo el año entrenando para esta carrera, venir hasta aquí,…nada de pensar en abandonar. Otra cosa hubiera sido algún problema físico. Estuve más de una hora en el control. Me cambié de todo, zapas incluidas. Tenía básicamente dos males: plantas algo doloridas ya, y escozor en el trasero; nada importante. Comí, bebí, descansé, hablé con un grupo de españoles con los que compartí mesa. Salí y antes de recomenzar a caminar llamé a casa de nuevo. Devolví una llamada perdida de Manolo pero no me contestó. ¿Cuántos kilómetros me quedaban? Sabía que iba casi por el 80, pero me quedaban,…De momento me quedaba la subida de 5 kms. al Refugio Bertone. Más allá no quería pensar, y no pensaba.  

            Salí de Courmayeur, caminando tranquilamente por sus calles. Subiendo despacito, que había que hacer la digestión. Luego, una senda que se empina, pero mucho, serpentea hacia el Refugio Bertone. Dura subida.  Pululaban muchos senderistas además de los corredores. Todos te animaban, te saludaban, te dejaban pasar. Así fue toda la carrera. Te sentías un poco importante.  
Venían 7 kms llanos más o menos entre el Refugio Bertone y el Bonatti, algo rompe piernas me habían dicho. Me esperaba terreno más agreste pero era bastante corrible. Intentaba corretear lo máximo posible aunque fuera al trantan, los kilómetros así pasaban más deprisa. Se trataba de no caminar despacio, de no correr muy aprisa, de subir con un ritmo llevadero, de bajar sin lanzarte castigando piernas,…en definitiva, mi idea era ser lo más regular posible durante toda la prueba, sin altibajos.  Y llegué a Bonatti esperando, no sé,…un entorno más salvaje para el refugio que lleva el nombre de uno de los más importantes montañeros de todos los tiempos, pero el lugar es idílico, casi como de Heidi. Eso sí, mirando alrededor, mucho más arriba, los Alpes mostraban su esplendor. Tengo  que mencionar a una veterana alemana, que no corría nada; eso sí, caminaba muy deprisa, con botas y con un andar algo extraño. No debía parar apenas en los controles, porque la pasé y me pasó varias veces,…se veía que era todo pundonor y obstinación.  
Lo siguiente que venía era el descenso a Arnuva, tras un tramo llano.  Recuerdo una bajada no muy larga.   
Tras el control en Arnuva, de donde me fui sin saber si era un pueblo, un camping o qué,  la carrera continuaba con la subida al Grand Col du Ferret. Techo de la prueba pero se comienza la subida desde más altitud que anteriormente a La Seigne o Bonhomme. Lo recordaba y por ello sabía que el desnivel  que había que salvar era menor. Pero el tramo hasta el siguiente control era de 14 kms., más largo de lo habitual. Eso sí, el calor que pegaba a esas horas, y lo que llevaban ya las piernas, endureció la subida. En cada torrente que cruzamos, todos mojábamos las gorras o la cara. Coronamos. Entramos en Suiza. 




Tocaba la bajada a La Fouly. Buena bajada. A trotar. Llegamos a un puesto donde pudimos reponer agua. Pero no era La Fouly. A continuar bajando. Delante de mí iba un argentino. Me informó que Luis Alberto no había ganado. Fuimos charlando un poco, pero poco, porque trotábamos casi todo el rato. Vimos unas casas abajo en el valle y creímos que era el control, pero no. La Fouly estaba algo más lejos. Un rato después, ya abajo, preguntamos a un espectador español si estaba cerca: sí,  unos 15’ como mucho, nos dijo.  Yo creí  que habría exagerado porque al poco vimos alguna construcción a nuestra derecha, al otro lado de un río, pero es que no era eso. Efectivamente tardamos casi un cuarto de hora. Este descenso del Col se había hecho largo, más que nada por las ganas de tachar otro tramo, porque era “corrible” y agradable. Y también porque de hecho era largo. Entré en La Fouly, y salí sin parar,…a los retretes,…volví a entrar al avituallamiento. El mismo ritual que en todos: “caldico”, mini bocata de queso y embutido, coca cola, plátano y naranja y al fin algún dulce con café,…había que amortizar la inscripción,…jeje. Rellené los bidones y cogí alguna barrita para los “entre-avituallamientos”. Llamé a Ana. Me dijo que Marcos se había retirado, lo que me cayó como una losa. Y el resto seguía: Quique iba bastante por delante, y Toni bastante por atrás. Que mi amigo Paco estaba emocionado haciendo mi seguimiento en la web y que iba informando a los amigos por “guasap”. Y que me quedaban tres subidas pero más pequeñas que hasta ahora. Yo le dije que iba,…bien, bastante bien. Era la verdad.
Continué, convencido que tocaba pronto una pequeña subida a Champex Lac. Pero en realidad había un largo tramo de descenso aún, antes de la subida. Fui despistado algún kilómetro, no sabiendo bien el perfil que me esperaba de inmediato. Cuando había pasado bastante rato tras el control, tras haber superado un terreno ondulante,  un corredor me señaló una casa allá a lo alto, pero muy a lo alto,...”Champex Lac”. Joer,…me quedé de piedra. ¿Tan arriba? Si en el perfil parecía una “subidica” tendida,…Pasamos entre chalets. La gente se volcaba. Un espectador había sacado vasos en una mesa de camping. Nadie paró y yo lo hice, un poco para quedar bien. Me bebí el vaso sin sed y ostras, me sentó como un tiro. Tardó en bajarme casi toda la subida a Champex Lac. La subida no se hizo larga, pero el tramo sí, pues desde La Fouly bajamos, subimos un poco, bajamos más y al fin encaramos la subida de verdad. Fue por senda y pista, jalonada con esculturas en madera de animales y setas. Se hizo de noche antes de llegar a las primeras casas del pueblo, pero apuramos y no sacamos el frontal.  Había sido uno de los tramos largos, de 14 kms. 

Había llegado la temida y temible segunda noche, en la que se dice que el sueño aparece sí o sí, y que el cerebro hace cosas raras... Tras el consiguiente avituallamiento y descanso, me puse el frontal, doble capa térmica y salí bordeando el lago, que debe ser muy bonito de día, de noche también lo era pero siempre luce menos. Había mirado el desnivel al siguiente tramo, unos 900 mts. de subida. Por el pueblo iba despacito. La carrera está casi perfectamente marcada, pero en los pueblos, el mobiliario te puede despistar.  Al abandonar el pueblo, vi que me esperaba un corredor. Me propuso hacer la carrera juntos, le contesté que de acuerdo. Era griego, hablábamos en inglés. Le dije que yo pensaba correr despacito cuando se pudiera, y caminar las subidas. Me dijo que ok, pero luego yo arrancaba y el seguía caminando como un autómata. Le esperé varias veces, pero nada. Como tenía calor, me paré a  quitar la segunda capa. Le alcancé. Le volví a decir que si trotábamos un poco. Ok, me volvió a contestar. Empecé a trotar porque la pista descendía,…y confieso que sentí ya desde el inicio que no me seguía, pero ya no le esperé. No se quedó solo. Continuamente había gente delante y detrás, lo hubo en toda la carrera. Al rato se comenzaba a subir. Aquí me lié y pensé por unos momentos que ya  era la penúltima  subida, porque la de Champex, que no era una de las tres últimas, me pareció serlo. Pero pronto deduje que no. Vaya subida a La Giète,…perra, perra,…empinada, piso ingrato, larga,…La peor. Íbamos un grupo del que tiró un corredor que a mitad se apartó. Luego otro que un rato después se paró a atarse la zapatilla,…coñe,…ahora me tocaba tirar a mí,…No se acababa nunca. No se veía ningún collado al fondo, no teníamos referencia. Tan sólo luces más arriba nos demostraban que la cosa no iba a terminar pronto,…Me acordaba de las palabras de Ana,…”las subidas que quedan son más pequeñas”,…pues hubiera preferido subir otra vez Bonhomme. Interminable, rompe piernas, ya de por sí castigadas. Llegamos a un terreno más despejado, y comenzamos como a bordear la montaña. Siguiendo a poca distancia frontales que me precedían, este fue el tramo en el que fui menos acompañado de la carrera, pero duró poco porque enseguida se volvió a formar un grupete. Un corredor se había tumbado a dormir, abrigado con el gore, en un punto donde parecía comenzar la bajada,…al fin. Bajé un poco trotando, un poco andando,…dependiendo del piso. Llegamos a un control. Qué bien, que corta la bajada a Trient,…No era Trient, quedaban 5 kms. Era un control adicional, hubo varios, en los que además había agua. Pues nada, 5 kms. de bajada más. Y es que este tramo es el más largo, de 17 kms. Afortunadamente la bajada fue llevadera y corrible salvo algún tramo.

Llegué a Trient: comida y bebida y café.  Miré  las indicaciones de kilometraje, desnivel y perfil al siguiente punto. Otros 800 y pico metros de subida. Ya habíamos acabado los tres tramos largos y el siguiente control estaba a 10 kms. Aquí sí fui consciente que me quedaban unos 30 kms. Desde Courmayeur no había querido serlo del punto kilométrico exacto por el que iba transitando. De momento había que subir y bajar la penúltima cuesta: Catogne. Me tomé con cierta calma el avituallamiento, hasta charlé con unos españoles. Iluso de mí, pensaba que tampoco quería llegar de noche a meta, sin ambiente. Salí como siempre despacico al principio, pues era subida.  Íbamos en un grupete. No notaba nada extraño, el sueño me respetaba. Lo único que ponía caras a cada raíz, a cada piedra, pero siendo consciente de que estaba poniendo caras, y que no eran caras. La subida a Catogne se me hizo algo mejor que la anterior.  No recuerdo muy bien como fue; era aún de noche; creo recordar que en un punto se abrió el valle y vi enfrente abajo luces y a la derecha monte. La bajada, parecía similar a la anterior. Revueltas, senda con algún trozo bueno, algún otro con alguna raíz y piedras,…alguien ha hablado de ella como penosa, no recuerdo…pero ya iba mecánicamente: trotar si se podía, caminar si la cosa se ponía agreste.
 Llegué a Vallorcine. Volví a comer y beber un poco de todo, tranquilo. No tenía prisa pues el colchón de tiempo era importante. Estaba convencido que llegaría. Y bajando de 40 h. Mi idea siempre había sido terminar. Pero en este punto, ya tenía en mi mano bajar de 40h. No notaba sueño, al menos no sentía la necesidad imperiosa de dormir. Me quedaba la última subida. A la Tête aux Vents. Casi 900 mts. de subida, de nuevo. Luego un poco de bajada a La Flegère, la estación de esquí encima de Chamonix, en total 11 kms.  Y después el último tramo, los 8 kms. de descenso a meta.
Pero lo primero era subir al Col des Montets. Tras una subida tendida, llegamos a una carretera y apareció el Col des Montets,…en la propia carretera. Pues vale. Delante se veía un monte salpicado de frontales en eses, corredores subiendo a la Tête aux Vents. No sabía bien si la Tête era un pico encima de La Flegère o un collado,…Dejamos el asfalto y se puso la cosa más empinada. Por senda pedregosa, agreste, zigzagueando, fui encarando el último ascenso. Me pregunté si echaba el resto o me lo tomaba con más tranquilidad de lo habitual: al final ni una cosa ni otra, la marcheta llevadera pero segura. Curioso, hasta tres o cuatro veces me vino como la sensación de que por detrás tenía que venir un amigo, ninguno en concreto, y la idea consecuente de que “cuando me junte con él, aumentaremos el ritmo”, o “cuando me junte con él, pararé a mear” o “cuando me junte con él, le diré que vaya ascenso pedregoso”. Pero inmediatamente cada una de las veces mi cerebro era consciente de que no había tal amigo; de hecho no tenía ni idea de por donde iban mis amigos.  Cosas del cerebro y de la segunda noche. Pronto comenzó a amanecer y desaparecieron esas historias raras. La subida fue dura, pero sin desfallecimientos, la fui superando, como un piloto automático. Iba pasando gente que se paraba o iba muy despacio, más de la que me pasaban. Y llegamos a un puesto con un mojón, en una especie de ancho balcón, aún con montaña por encima.  Creí que era la Tête. Pero no. En lugar de seguir encarando la pendiente hacia la montaña, continuamos por el balcón, por terreno agreste, malo, poco corrible, aunque casi llaneando o ascendiendo de manera más suave, superando unas sucesiones de lomas de hierba y rocas hasta que en la parte superior de una apareció un cartel que marcaba la Tête aux Vents. Qué largo se estaba haciendo. Y sí, algo de viento había en la Tête aux Vents. De repente miré el reloj y pensé que el bajar de 40h. y si el terreno seguía así, no estaba seguro. Y yo que pensaba que iba sobrado,…Había que espabilar. Tocaba descenso a La Flegère. Pero el terreno seguía igual de agreste, rocoso, incómodo, aunque en descenso. La Flegère, cuyas instalaciones se veían al frente y un poco más abajo, se acercaba muy lentamente. Un corredor que iba delante de mí me dio paso en castellano. Voy a adelantar y,…ostras,…es Quique. Alegrón. Pero no entraremos juntos. Me dijo que estaba hasta el gorro. Jeje, y yo,… Le comenté que ya puestos quería bajar de 40h. No llegamos, me dijo el optimista de mi amiguete. Pues voy a intentarlo. Pues tira. Y así, trotando cuando se podía mínimamente, caminando lo más aprisa que podía, llegué al último control: La Flegère.

Chamonix estaba a 8 kms. de descenso. Un descenso que no conocía, pero según algún corredor, muy malo. Quique no venía, así que en La Flegère me entretuve poco, y para abajo. Una cuesta abajo casi vertical me dejó en una pista en descenso. Que bien. Aproveché para trotar. Luego senda, con raíces, con piedras, pero tampoco era muy mala,…Y más pista. Casi abajo, pensé en esperar a Quique, ralenticé un poco porque vi venir un grupete, pero ninguno era él.  Paré a sacar el teléfono y le llamé pero no tenía red. Así que plegué los bastones y volví a trotar. Ya casi a las afueras del pueblo llamé a casa y comuniqué que iba a llegar, que estaba entrando en Chamonix.  Entré al pueblo trotando “alegremente”.  Me pasó un tío como una bala; que me pase ahora antes que en la meta, pensé; prefería  entrar solo, tener mi minuto de gloria. Ya por las calles fui recibiendo los ánimos, aplausos, bravos,… Había algo de ambiente, eran casi las 9 de la mañana, pero nada comparable a entrar a media mañana o mediodía. En la recta de meta miré a ver si estaban Javisa o Marcos, pero los “capulletes” estaban durmiendo,…Y entré en meta. Sinceramente, muy contento, pero no muy emocionado. Llevaba horas ya con la sensación de que iba a llegar, me había hecho a la idea poco a poco. Y además siempre es así. Saboreo estas cosas días después, viendo las fotos, recordando momentos. En total, invertí 38h. 55’. Un estupendo tiempo para mí. Y el puesto 571 de  2.300 corredores ( alguien habla de más de 2.500) de los que llegaron 1.632.

Fui a por mi chaleco de “finisher”, espere a Quique, y volviendo al apartamento, me acordé de la familia, de mis compañeros, de Marquitos, de los entrenos,…y comencé a saborear la satisfacción del reto conseguido y del esfuerzo recompensado.
Secuelas: las plantas de los pies machacadas y el culete terriblemente escocido. Lógicamente pérdida de peso, no sé exactamente cuánto, y por supuesto, un gran cansancio, y músculos y articulaciones algo doloridas, pero dentro de lo lógico tras un esfuerzo continuado semejante. En resumen, terminé bastante bien.  

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