jueves, 15 de septiembre de 2016

CANFRANC-CANFRANC (10-11/09/2016)

 El Collado de Estibiellas se sitúa encima de Canfranc-Estación, al oeste. Un cartel marca 2.049 mts. Aquí el Valle del Aragón se estrecha. Para descender al pueblo se debe realizar un vertiginoso descenso de unos 900 mts. por una muy buena senda zigzagueante.  Las vistas son preciosas. Al este, La Moleta, Collarada,…al oeste, el macizo del Aspe. Pero yo, ese día y a esa hora, 11 de septiembre sobre las diez y veinte de la mañana , solo miraba hacia abajo…hacia Canfranc-Estación. Comienzo y meta de la “Canfranc-Canfranc”. Había prometido a mis compañeros que en este punto pararíamos a darnos un abrazo. No podía ser, pero me acordé de ello. Tomé aire y empecé a descender, intentando disfrutar de estos momentos. Todo había empezado casi 30 horas antes.
            Quedaba poco para las 5 de la mañana del sábado 10 de septiembre. De nuevo estábamos ante el reto de completar un ultra de montaña. Esta prueba prometía ser dura; el kilometraje y el desnivel lo aseguraban. Pero tenemos ya cierta experiencia, y confiábamos en nuestra capacidad. Nos daban 33 horas para completarla. Una media de 3 kms. cada hora no parecía excesiva, ¿no?

Dieron la salida, y hasta tomar el sendero del “carretón”, se trota por asfalto y por la pista a Picaubé. Luego en fila de a uno pero ligeritos, avanzamos ascendiendo en zigzag hasta topar con la  vieja y muy descuidada pista a Ip. Me agobian estos trenecitos…Qué gusto terminar la senda y que los rápidos se alejen y se disperse la gente. Toni también se adelantó. Bromeábamos con que pretendía ver a su hermana que estaría hasta las 17h. en el Vértice de Anayet. Era imposible para nosotros llegar a esa hora allí. El descenso de Ip por la ruta normal es agradable, se puede trotar y vas animado. Nos plantamos en Canfranc Pueblo habiendo amanecido ya.

Ya lo teníamos aquí…el ascenso a Collarada, unos 1.800 mts. de una tacada. Era lo que nos causaba más respeto de toda la prueba. Tocaba poner ritmo de subida. Ascendimos por La Besera, ruta inédita para mí y para casi todos. Tras algún zigzag, la subida tiene un fuerte porcentaje, a tramos sin senda, “todo tieso” por el Barranco de Gurugé, con alguna fácil trepadilla. Iba detrás de un grupo de Zaragoza que me entretuvo en la subida con su charla. Ya en las menos  pronunciadas praderas superiores me junté con José Antonio y Toni, que esperó. Y Gorka venía un poco por detrás. Tomamos agua en la Fuente de los Campaniles. Y acometimos la empinada pedrera, que se hizo dura, y la canal final. Llegar a la cima de la Jacetania, de 2.886 mts., fue un placer. 
Además en hora y media menos de lo previsto según mi plan para 30h. Íbamos satisfechos. El entorno era espectacular.
 El descenso al Ibón de Ip es abrupto, pedregoso y pronunciado. Gorka y Toni, mejores bajadores, se adelantaron, pero nos agrupamos los cuatro en el control junto al Embalse. 

Tocaba volver a subir. Toni señaló un collado a la derecha de la Pala de Ip. Pero le dije que no era ese, señalando al de La Tronquera, más alto y más pendiente. Subida no muy larga pero empinada y sin senda por una canal herbosa y al final pedregosa; ascenso rudo y salvaje. Subiendo adelanté a una moza con la que compartiría un tramo largo de la carrera. La Cresta de la Tronquera (2.689 mts.) no es tan llana como recordaba, pero sin dificultad la pasamos y coronamos La Moleta (2.575 mts.), donde esperé unos minutillos a Toni, que se había despistado. Íbamos bien, tranquilos y confiados. Teníamos que descender a la Cascada de Las Negras, en el Valle de Izas. El descenso no es malo, se puede trotar a partir del Ibón de Iserías. Casi abajo nos encontramos a Ramón, que nos hizo innumerables fotos (gracias). Y en el control…allí estuvo el punto de inflexión de la carrera. En el control pregunté por el tiempo de cierre, y me dijeron que a las 17h. Lo habían adelantado 45 minutos. Eran las 14h. 30’. Teníamos un buen colchón  de dos horas y media sobre el corte, e íbamos una hora y media de adelanto sobre mi plan. Pero Ramón me dijo que no paráramos mucho, que íbamos bien pero sin mucho margen. Pensé que no era para tanto, pero comencé a darle vueltas al asunto.
 Comenzamos a dirigirnos al fondo del Valle de Izas, al Pico Porrón, que se veía allá a lo lejos, remontando laderas herbosas que nos hicieron sudar de lo lindo y por las cuales fui haciendo un repaso de los tramos que quedaban, el tiempo programado, y me di cuenta de que lo habitual de ir ganando tiempo al corte en las segundas partes de las carreras,…en ésta como que no, casi al revés. Vamos, que la cosa no iba tan holgada como pensábamos. Toni se quedó algo atrás y yo tiré tras la compañera. Tramos de senderillo sobre pasto y un repecho final pedregoso nos dejaron en el Porrón. 
Iba desanimado, no porque físicamente fuera mal, sino pensando que quizás no lograra completar la prueba a tiempo. Pero bueno, había que seguir. Al menos esta última parte del tramo el terreno mejoró, un cordal herboso y fácil  hasta Tres Güegas (2.304 mts.) y una corta bajada pronunciada entre pistas de esquí nos llevaron a la Base de Vida de Formigal.
Eran las 17h. y llevaba hora y cuarto menos de lo previsto y tres horas de ventaja sobre el corte, que aquí se mantenía en su hora. Pero la sensación de que si seguíamos así, la cosa estaría muy justa. Me cambié de calcetines y zapatillas (llevaba las plantas algo doloridas, cambiar de pisada supuse que me iría bien) y descansé un poco mientras comía. Llegaron Toni primero y Gorka con José Antonio después, pero yo llevaba un ratillo y les dije que tiraba para adelante, que bajando me cogerían. Había que ir china chana pero sin dormirse. Lo veía claro. Toni me dijo que me fuera pero que no me cogería, con cara cansada. El tramo había sido largo y duro, al menos hasta el Porrón. Oí decir a un gaditano que se retiraba por ampollas pero se lo pensó dos veces, y salió antes que yo. ¡Qué cosas!

            El ascenso al Collado de Izas es empinado pero corto. Lo subí bien. Una vez arriba, había que afrontar un pequeño descenso y una larga media ladera, interminable aunque por buen piso, para encarar  por una ancha canal el ascenso al Vértice de Anayet, sin sendero, “patapum parriba”. Vaya ascenso. ¿Qué porcentaje tendría? Vaya emboscada…Me acordé de Ramón, que había dicho que se nos haría duro. Se hizo larguísimo y duro, sí señor. Puse marcheta de subida y a bastonear. Sobrepasé a la corredora y me planté en la cima del Vértice (2.559 mts.) a las 14 horas y 35 minutos de carrera. Ya tenía solo cuarenta minutos de margen sobre mis previsiones y casi dos horas y media sobre el cierre, pero creo que hice un buen ascenso, el lastre fue la aproximación. Se confirmaba que mis previsiones en estos tramos eran algo optimistas y que los tiempos de corte no se iban abriendo como en otras carreras. El recorrido era más lento de lo pensado. Fueras de sendero, subidas muy empinadas. Por detrás mis compañeros no llegaban. Pero yo tenía que seguir así para no pasar apuros y poder ir sin agobios.

Tocaba un largo descenso por Canal Roya,  favorable a que nos juntáramos, pero me volvía y no los veía. Mala cosa. La meteo nos respetaba, no se veía amenaza de tormenta. Tampoco hacía mucho calor. Sin parar en la cima, me puse a trotar. Precioso el Anayet saliendo de la niebla. Bajando a los ibones me junté con el corredor de Cádiz. Y ya en La Rinconada hicimos grupete la corredora, el compañero gaditano y yo. Comentábamos lo duro del terreno, de la prueba. En este tramo se podía trotar.

 La Canal Roya fue una bendición. Anocheció. Tuvimos que poner frontales.  Íbamos entre puntos brillantes que nos observaban ¿Alucinaciones? No, eran ojos de las vacas pastando. El andaluz se había quedado atrás, pero antes de llegar  al control otro corredor estaba como esperándonos, mosqueado porque no llegaba el avituallamiento. Se tranquilizó cuando le dije que conocía la zona, y que quedaba un trocillo de pista y allí estaría. Y los tres juntos llegamos al Campamento. Aquí gané treinta minutos más sobre mi previsión, y el plantarnos en el control a las 21h. 30’, cuando el fuera de control era a la 1h. 30’, me hizo ganar la confianza perdida en que no iban a cortarme. Estaba aguantando bien, con un ritmo “sostenible” que de eso se trataba. Había recuperado la sensación de poder llegar en el tiempo permitido.


Mis acompañantes preguntaban por los kilómetros…y yo solo miraba tiempos de corte. Y es que conocer más o menos el recorrido, hacía que no pensara en los kilómetros que quedaban, porque sabía “lo” que me quedaba; para mí los kilómetros eran números abstractos, pero la sucesión de subidas y bajadas que quedaban era lo que verdaderamente tenía en mente. Creo que era una ventaja.
            Ellos salieron un poco antes que yo, que estuve dándole vueltas a si esperaba a mis colegas. Pero claro, no tenía referencias de por donde vendrían, así que inicié la subida a La Raca  apurando el paso hasta que les pillé. Olegario me dio la bienvenida, contento por llevar “al de Jaca, que nos servirá de guía”.  No le saqué de su error de mi origen, pero sí cuando quiso llegar a la cima de La Raca, y aún no habíamos salido del bosque. Sentí desilusionarte, machote, pero anda que no quedaba… Larga se nos hizo la subida a La Raca (2.278 mts.), pero por lo menos era por buen sendero. Lo peor vino después… El recorrido del Circo de Astún fue, cómo lo diría, pestoso, desagradable e incómodo. Bajada muy empinada a la Motriz de Águilas, y ascenso al Pico Malacara por una barranquera y remontando sin sendero la loma…¡Buf! Además la luz del control, allá arribota…desanimaba. Dejamos algo atrás a la fémina, y eso luego tendría su anécdota. Pasamos por la cima del Malacara (2.268 mts.), y terminamos la bajada hasta Truchas por sendita. Había mantenido los márgenes. Acabar en treinta horas, estaba complicado, pero en tiempo si no pasaba nada raro era muy factible. Y eso era lo que importaba. Aunque quedaba tajo.
            En el control de Truchas me encontré a Angel con una corredora vasca, Encarna, que me preguntó si había visto alguna chica en la carrera. Le dije que sí, y abriendo los ojos me hizo prometer que era verdad, gritando. Los voluntarios creían que estábamos discutiendo, según me dijeron luego. “Estará a cinco minutos“, dije. Fue decir eso y salir disparada. Llegó nuestra acompañante, se llamaba Mónica. Para igualar la cosa, se lo comenté,…y salió disparada. Se ve que se disputaban cierto puesto. Olegario y yo nos miramos sorprendidos, “lo que hace la cabeza y competir”, comentamos, y unos minutos después ya salimos más tranquilamente los dos.
            La segunda parte del Circo de Astún fue mucho peor que la primera. Tras pasar Escalar y alcanzar el Collado de Bénou por pista y senda, no cresteamos hacia Candanchú, no. Desde el collado nos hicieron bajar un poco y volver a subir al Belonseiche (2.293 mts). Y desde allí, ¡qué horror!, nos fueron bajando a Somport por una media ladera herbosa llena de huecos, sin sendero, que fue lo peor de la carrera. Al menos yo tuve que tomármelo con calma, ir con cuidado, porque los resbalones amenazaban. No era peligroso, pero a nadie le gusta apoyar el culo en el suelo. Pues bien, lo apoyé unas siete veces. Me dio hasta la risa. La carretera no llegaba nunca, Y para colmo, llegamos a una pista, y cuando creía que nos llevaría a la carretera, no señor, otro tramito de campo a través. Iba maldiciendo, hablando solo. Olegario se había quedado algo atrás. Llegué a la frontera. Cuando me las prometía muy felices pensando en recorrer por asfalto el tramo hasta el control de Pista Grande, vi que las marcas nos llevaban al monumento al Camino de Santiago y se internaban por un sendero en un bosque, alejándose de la carretera. Aquí me ofusqué. Tras unas decenas de metros, paré. Pensaba que no podía ser. ¿No serían de otra prueba? Así que encendí el gps y comprobé que estaba en el track. Avancé, luego retrocedí hasta dar vista a la carretera de nuevo, volví a mirar el track. Estaba en él. Pero aun así espere unos minutos a que viniera Olegario. Le pregunté y me dijo que las marcas indicaban por aquí. Hombre, eso ya lo veía, pero me resistía…En fin…Fue un alivio tras recorrer un trecho ver como girábamos hasta dar con unas instalaciones de militares algo por encima de Pista Grande de Candanchú. Segunda Base de Vida.
Nuevo cambio de zapatillas y calcetines, comí tranquilo, me tomé un caldito reparador, hice la parada técnica, me abrigué y salí. Había llegado cuarto de hora antes de mi plan y tres horas y media antes del corte. Pero estuve una media hora. Olegario había salido un poco antes con un amigo. Al salir un voluntario me avisó de que cuidara con la bifurcación de la carrera de 80 kms. Total, que sigo las marcas y al rato ni cruce ni nada…A ver si la cago…Vuelta al control a enterarme mejor (tampoco me quedó claro donde estaba la bifurcación). Rehice mis pasos, y me limite a seguir las marcas que había y punto. Entre pitos y flautas perdí otro cuarto de hora. Al continuar, ya llevaba un retraso de media hora sobre mi previsión, pero, y esto era lo importante, dos horas y tres cuartos aún de margen y la sensación de que iba a conseguirlo. Quedaba, eso sí, la subida al Aspe, unos 1.100 mts. de ascenso, por una ruta que desconocía casi en su totalidad, y que era más larga que la normal desde Candanchú. Se avanza por senderillo dado un rodeo bajo La Zapatilla para luego por terreno más o menos practicable plantarnos  en un caos de rocas bajo la pedregosa canal de acceso al Paso de la Garganta del Aspe. Antes había un control en el que estaba la bifurcación entre la carrera de 80 y la de 100. Ya entre pedruscos, un avance lento y empinado cada vez más, nos plantó ya de día en el Paso. 
 Llegué con tres corredores más, entre ellos Angel, que iba con algún problemilla.  Viendo el ascenso a la ante-cima, que parece más comprometido de lo que es, se quedaron parados y maldiciendo. Como el chiste, les comenté dos cosas, una buena y otra mala: la buena, que la subida era fácil, y la mala, que eso no era la cima, que era lo de detrás. Poco a poco, cada uno a su ritmo, hollamos la cima del Aspe (2.645 mts.) con la satisfacción de haber salvado el último gran ascenso. Me costó algo menos de tres horas desde Pista Grande. Sin mucha demora, comenzamos la bajada por el Tubo del Aspe. El empinado tramo inicial, pedregoso y resbaladizo, estaba tan pisado que se hizo más fácil de lo normal. Ventajas de no ir los primeros. El descenso a Tortiellas no fue malo. Me lo tomé con tranquilidad. Fuimos por el sendero del ascenso normal al Aspe. Angel se quedó un poco atrás con Encarna, y Olegario y otro corredor iban un poco por delante.
Así salimos también del control  de Tortiellas, para afrontar la última subida,  que yo creía  de unos 200 mts. pero me dijeron que unos 400. Había que superar el muro que cierra el Circo de Tortiellas, hasta el Collado de Estibiellas. Aunque antes, un tramo llano  herboso. La cosa no fue tan fiera como la pintaban. El ascenso se hace por trazas de un sendero que salva inteligentemente la pared, y se me hizo más corto de lo esperado. Aún podía mantener mi “ritmete”. Al ver a los voluntarios, pensé que ahora sí, estaba casi todo hecho.

Y allí me encontraba, como he escrito al inicio, sobre las 10h. 30’ de la mañana, en el Collado de Estibiellas. Sin demora, con la vista puesta al fondo del valle, comencé el último tramo, trotando  hacia abajo, curva tras curva. Adelanté a un par de corredores que iban andando.  Pasé junto a carteles que me indicaban lugares conocidos y visitados: Cola de Caballo, Olla de Estibiellas, Mirador de Estibiellas, Fuente del Burro (qué poco quedaba…). Y por fin, llegó el asfalto de las calles de Canfranc, trescientos metros más y la meta. Allí estaban animándome Ramón, Tere, Javisa…Levanté los brazos. Había tardado 30h. 33’ para completar 100 kms. y 8.848 mts. de desnivel, recorriendo las montañas del Valle del Aragón. Un recorrido y entorno espectaculares. Una prueba montañera hasta el extremo, con ascensos y descensos muy empinados, la mayoría fuera de sendero o itinerarios poco pisados; una prueba que se hace muy dura y pone a prueba las piernas y sobre todo, la mente. Un ultra en el que “los del montón” tenemos que darlo casi todo para superarlo y entrar en tiempo (todo no, que como digo siempre, hay que volver a casa).



Dos de mis compañeros, realizando unos últimos tramos en los que se dejaron la piel, también lo consiguieron. Gorka con 15’ de margen. Toni,…con 18’’. ¡Bravo!

5 comentarios:

  1. Grande, enorme, gigantesco, un crack... Me emociona leerte. Y me quedo con la frase de cierre: «No hay que darlo todo», regresar a casa donde te esperan los que te quieren, es más importante que completar la carrera. Enhorabuena, Oscar!!

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  2. Grande, enorme, gigantesco, un crack... Me emociona leerte. Y me quedo con la frase de cierre: «No hay que darlo todo», regresar a casa donde te esperan los que te quieren, es más importante que completar la carrera. Enhorabuena, Oscar!!

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  3. Bromean con tus "tochos" y a mi me gusta mucho leerlos,y disfrutar de tus aventuras,y desdichas, sigue disfrutando CAMPEÓN!!!

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  4. Bromean con tus "tochos" y a mi me gusta mucho leerlos,y disfrutar de tus aventuras,y desdichas, sigue disfrutando CAMPEÓN!!!

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  5. Muchas gracias a los dos. Lo de no darlo todo no es una frase,lo siento así.Y el que se aburra que no lea...jeje, no se lo tendré en cuenta...

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