miércoles, 12 de octubre de 2016

8ª ULTRA TRAIL GUARA SOMONTANO

Ya estábamos de nuevo en la línea de salida de la Ultra Trail Guara Somontano. La tercera vez. Cada participación en una prueba tiene sus diferencias, pero esta vez había una fundamental.  Más que mi tercera vez en la UTGS, era la última prueba de la Challenge Huesca Los Pirineos. Se trataba de culminar el reto de toda una temporada. Con esa mentalidad afrontábamos Gorca y yo la carrera. Había que acabar porque no hacerlo no suponía no terminar una prueba, sino dar al traste con el proyecto de completar la Challenge. Así que iríamos sin dormirnos al principio para conseguir un colchón sobre los cortes, e intentaríamos regular después, disfrutar lo que pudiéramos, tener cuidado frente a caídas, lesiones, alimentarnos y beber bien para no sufrir posibles “pájaras”,… En realidad, lo que hago en cada prueba, pero de manera exagerada. Sin esa idea no se entendería del todo cómo discurrió la carrera.

 Nervios, quizás los mismos de casi siempre, a veces más. Pero ganas de empezar, muchas, porque había muchas ganas de acabar. A las seis de la mañana, y como siempre con las notas de “El último mohicano” y tras escuchar el rap “Guara te enamora”, se disparó el cohete de salida.

            En el primer tramo hasta Asque, nocturno, fuimos ligericos. Marcos tan pronto aceleraba como se frenaba y repetía que en Alquézar se quedaba. Y se quedó, no tenía la cabeza en esta carrera, su objetivo fue el UTMB, lo consiguió, y no estaba para otras historias. Así que Gorca y yo nos quedamos solos, con Toni por detrás. Fue amaneciendo de vuelta a Alquezar. El precioso tramo de las pasarelas luciría más si fuera completamente de día. En algo menos de dos horas estábamos cruzando la salida en Alquézar de nuevo. El pueblo más bonito de España.

            Salimos para afrontar el tramo más largo, hasta el control de Virgen de la Viña. Primero tocaba subir y luego bajar y luego un sube baja. Cuando aún quedaban varios kilómetros oímos música y pensamos que venía del control. Pero Gorca se puso a mi altura y me di cuenta que era él…en concreto su móvil al que se le había disparado una alarma. Llegamos a Viña. Llevábamos ya un cuarto de carrera. Habíamos tardado un poco menos que yo dos años antes. La sensación era de que íbamos bastante bien, y que estábamos consiguiendo un buen colchón sobre el corte.
            El siguiente tramo es corrible y bonito. Poco antes del Tranco de las Olas, donde eché de menos a mi tío Jesús, pero estaba Ramón,  se situaba el desvío entre la carrera de 102 kms. y la de 52 kms. Estos últimos se desviaban a la derecha para afrontar un verdadero muro, una subida de casi un kilómetro con 600 mts. de desnivel. Allí estaba Javisa de voluntario dando ánimos y para evitar despistes. Después del bonito paso del Tranco sobre el Río Balced, una subida empinada nos dejó en el Collado de las Almunias, siguiente control. Íbamos con el compañero de la Challenge José Antonio.

            La subida sigue hasta la Sierra de Balced, ahora por una pista serpenteante que deja casi en el cordal. Aquí Gorca iba más fuerte y tiró de los tres. Un tramo por el lomo, y tocó la rápida bajada a Rodellar, que recordaba peor pero me gustó. Pudimos ir rápidos, dentro de que yo bajo con moderación. Nos plantamos en Rodellar en poco menos de siete horas de carrera. Y era el kilómetro 43. Íbamos muy bien. Algunos minutos más que dos años antes. Aquí teníamos las bolsas de vida. Pero  aparte de camiseta, gorra y calcetines, no cambié nada más, ni de zapatillas. Cuando íbamos a salir (Gorca tenía como prisa) llegó Toni, y le esperamos unos minutos.

            Los cuatro junto afrontamos el duro aunque espectacular tramo del Barranco del Mascún. La primera subida, tras la parada y con calor, se hizo dura. Nos desviamos a la Surgencia para repostar agua, y José Antonio que iba algo detrás no lo hizo y le perdimos. Dimos recuerdos al Delfín o Ventana. La Costera  es una subida no muy larga pero exigente. Al menos era por senda, y se llevaba bien (después de los “totieso parriba” de Tena y Canfranc…por senda todo se llevaba bien). No obstante ya íbamos regulando y habíamos bajado el ritmo. Sólo pensábamos en ir china chana restando kilómetros hasta la meta, evitando desfallecimientos o cosas raras. Esa era la idea pero además los cuerpos no hubieran dado para más, que este año llevábamos tralla.

            El recorrido de Otín a Bagüeste es agradable. Se puede trotar bastante rato, aunque ya no siempre que se podía lo hacíamos. El trozo de la Fajas del Mascún, es Guara en estado puro. Al final tira hacia arriba y se ve la torre de la iglesia de Bagüeste allá en lo alto avisando a los corredores que queda un repecho corto pero bastante vertical.

            Hasta Las Bellostas hay menos de seis kilómetros, han cambiado la ruta. Además el último tramo era por pista y ahora casi no la pisas. Tampoco vimos este año el elefante. A las doce horas y media de carrera nos sentábamos en el avituallamiento de Las Bellostas. Teníamos el segundo tercio de carrera completado. Llevábamos ya casi una hora más que en 2014. El ritmo ahora era ya más tranquilo que le primer tercio. Pero con eso sobraba. Nos pusimos térmica y frontales.
            Hasta el Collado de Pedro Buil la cosa tira para arriba. Y el terreno es pedregoso, no invitaba a correr. Lo último que vimos de día fue la Peña o Castillo de Surta. Encendimos frontales. Íbamos charlando a ratos, hablando de las ganas de llegar y acabar el asunto. El último tramo es por pista y cuando no picaba hacia arriba, nos animábamos a trotar. Pero nos costaba decidirnos.

            El tramo a Mesón de Sevil lo recordaba como una pista en sube-baja pero tendiendo a descender. Corrible, un tramo rápido. Pero han cambiado la última parte. Abandonamos la pista, justo cuando un cartel indica por ella Mesón de Sevil, para realizar un tramo  de sube y baja por una senda desdibujada o inexistente a ratos. Y ya por sendero una bajada técnica (que incluso te avisan con un cartelillo) muy incómoda y una subida interminable al Mesón. Según Ramón un tramo bonito. Lo será, pero así de noche y con el tute que llevábamos…Maldecíamos el cambio y añorábamos la cómoda pista. Un tramo ratonero. Desagradable. Distinto al resto de la prueba. Y se hace más lento, bastante más.

            Desde Mesón de Sevil se descendía por una larga pista a la Ermita de la Virgen de la Viña. Pero no, este año de nuevo abandonamos la pista para afrontar otra bajada empinada, técnica (cuando ponen cartel, malo) que la recorta. Tras la ermita, un tramo por senda ya conocido que atraviesa un barranco y que otros años se nos hacía largo, pero esta vez, tras los dos tramos nuevos, nos pareció casi agradable, porque al menos la senda es buena y las subida y bajadas no tan violentas. Desembocamos en el Camino Natural del Somontano. Y ya por pista, llegamos a Radiquero. Se nos hizo largo porque no trotábamos todos los tramos en los que se podía, pero algunas piernas y algunas cabezas no daban para más. Y en el fondo, pues oye, tampoco era obligatorio. Y no pasa nada por “perrear” de vez en cuando, que bastante nos habíamos esforzado a lo largo del año.

            Qué bien nos sentó el vaso de chocolate con torta en Radiquero. Y que gozada pensar en que quedaban 5 kms. En este pueblo sí que fuimos conscientes que teníamos ya en la punta de los dedos acabar la prueba y el reto. Reanudamos la marcha enseguida, dispuestos a afrontar el último tramo de la última prueba.

            Primero tocaba la subida por pista serpenteante a San Pelegrín. Creo que subimos el ritmo. Las ganas de llegar, o que ya tampoco había que regular. Al llegar arriba la pista llanea y desciende algo. Y nos pusimos a trotar. Toni tenía un pie algo dolorido y nos chillaba riendo, “que le estábamos matando”, decía; pero es que no era cuestión de alargar la cosa. Además una vez que se ponía, corría como el que más. Llegamos a la Ermita de San Gregorio. De repente aparecieron las luces de Alquezar. ¡Ya estábamos!  La bajada final por sendero ya no corrimos (alguno se lo prohibió al resto, je,je) pero bajamos deprisilla. Tras los últimos metros por las calles del pueblo nos esperaba la meta. Allí estaban nuestros amigos. Y allí nos recibieron ellos y la organización. En total 20h. 21’.



            La UTGS acabada por tercera vez. Pese a los cambios y el aumento de dureza, esta carrera tiene un “algo” especial. Pero sobre todo, Challenge superada. Han sido aproximadamente 560 kms. y 37.000 mts. de desnivel acumulado en las seis pruebas. Pero eso es otra historia. 

8 comentarios:

  1. Que crack!!! ahora a descansar......si puedes aguantar sin hacer nada ;-)

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  2. Gracias, descansaré, no lo dudéis.

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  3. Titaaaaaan, k buen relato maño, en el fondo me da pena k se haya acanado. K nooooooo, k tenia muchas ganas de acabar, pero no olvidaré todos los raticos buenos y malos que hemos pasado. UN VERDADERO PLACER

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  4. Hombre,...pena, pena...jeje, ya vale ya....pero sí, será un recuerdo para toda la vida. Un placer también compartir tanto kilómetro y tanta cuesta!

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  5. Reitero mis felicitaciones, ha sido una autentica pasada, estaba pensando que se os va a ocurrir para el año que viene jeje.
    Un Abrazo

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  6. Graciassss. De momento descansar. A ver qué nos dejan hacer... pero repetir ni cobrando.

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