jueves, 3 de agosto de 2017

MARATON DE LAS TUCAS (22/07/2017)

 Este año tocaba Maratón de las Tucas. Siempre me habían hablado muy bien de la prueba “mediana” y me apetecía participar en el fin de semana del Gran Trail Aneto Posets, pero disfrutar más del ambiente y no pegarme la paliza de años anteriores: Vuelta al Aneto de 2013, intento fallido del Gran Trail del 2014 (completando la Vuelta a Aneto) y Gran Trail del 2016. Participar en el Maratón era lo ideal. Aun así, ojo, correría un duro maratón de montaña.
            Eso sí, llegaba a la fecha con muchos menos kilómetros y desnivel que a estas alturas de años anteriores, así que me lo tomaría con tranquilidad.


            Sin madrugar demasiado, pasadas las ocho y media, Jordi y yo ya estábamos en el cajón de salida. Y a las nueve, empezábamos el recorrido por las calles de Benasque dirección Refugio de Estós. La subida al refugio es larga pero tendida en su mayor parte. Trotábamos cuando podíamos y si no, a caminar se ha dicho. Es un tramo que si estás bien entrenado, se puede correr. No era el caso. Las sensaciones no eran malas pero conscientes de que íbamos “a la marcheta”, sin grandes alegrías. El Valle de Estós me encanta. Por pista o camino pasamos junto a la  Cabaña de Santa Ana, bebimos en la fuente tallada en madera, dejamos atrás el desvío al Ibonet de Batisielles, luego alcanzamos la famosa Cabaña del Turmo, y tras algunas eses algo más empinadas por sendero empedrado, nos avituallamos en el Refugio de Estós. Llevábamos 1h. 41’ y 12,4 kms. La cosa iba bien, sin excesos.

            Un sendero bien marcado y que no gana mucha altura, con ascensos y descensos, nos llevó al Ibonet de Batisielles, un rincón espectacular, ya con las Agujas de Perramó y las Tucas de Ixeia al fondo. Paramos para hacer una foto (pero no porque no fuera a volver, como en Salenques), no todo va a ser correr. 



Antes tuvimos que parar, que se me habían desprendido un par de imperdibles del dorsal. Algunas nubes gris oscuro amenazaban, pero no había previsión de tormentas tan pronto. Y se agradecía que el sol se ocultara, aunque a veces el fresquito ya era excesivo.

            Del Ibonet nace otra senda más pedregosa que sigue ascendiendo al Ibón. Esta ya tiene una pendiente seria. Teníamos que alcanzar el Collado de la Plana, techo de la carrera. Íbamos en hilera. Nos paramos un momento a beber y comer algo, y casi no podemos incorporarnos a la caravana,…Continuamos y me sentía bien, sensaciones perdidas desde el 2016…Sentí que podía poner algún piñón más, y lo hice. Además de para la propia carrera  me serviría de entreno para otras citas. Vi que Jordi se quedaba cortado, pero como baja bastante mejor que yo, tiré para adelante.

 En algún tramo hubo que apoyar las manos. El trayecto es agreste. 



Pasamos junto a varios ibones, y alcanzamos el Collado donde tenía varios conocidos. Me paré a charlar, pero hacía fresco. Miré el reloj y llevaba 4h. 10’ de carrera, era el km. 20,5. La cosa no iba mal para mi estado.

El avituallamiento un poco más abajo junto a un pequeño ibón, así que continué. Junto a la carpa estuve un ratillo. No veía a Jordi. Así que fui bajando poco a poco, como la canción de marras (despacito). La bajada al Refugio de Orús es mala, poco deprisa se puede ir. Y se hace larga. Ves la casa abajo pero no llegas nunca. Y Jordi sin cogerme (luego me dijo que no iba fino, pero lo supuse porque yo tampoco iba deprisa, en circunstancias normales me hubiera pillado en cuatro trancos). El Angel Orús parecía El Corte Inglés un sábado tarde en temporada de rebajas. Entre los del Maratón, y los del Gran Trail que subían camino de la Forqueta, la carpa estaba “abarrotá”.

Como Jordi no aparecía, proseguí el descenso con Javier, un joven excompañero de trabajo que me pilló en Orús. La bajada de Orús a Eriste ya es otra cosa, al principio senda a tramos “corrible” y luego ya pista en la que los fuertes y rápidos (que no era mi caso) pueden volar. En la senda me puse delante, pero evidentemente en la pista le dije a Javier que tirara adelante. En Eriste nos volvimos a juntar en el avituallamiento. Mejor dicho, él estaba todavía cuando yo llegué.

Llegamos a Eriste. Llevaba casi siete horas y 32,9 kms. Quedaban unos diez kilómetros pero había que ascender al Molino de Cerler y bajar. Después de beber y comer un poco, reanudamos la marcha Javier y yo, pero al pasar el puente me acordé que no habían pasado el control de lectura del chip, así que reculé, luego resultó que para nosotros no había…el caso es que Javier tiró para delante y como estaba más fuerte, allá que se fue…Me había preguntado que si bajaríamos de nueve horas….”Yo no, pero tú si corres mucho bajarás de ocho”, le respondí. Y es que a mí se me habían acabado las pilas. Noté que ya estaba para aguantar y poco más. Me crucé con Javisa que hacía la Gran Trail, y con bastantes más, animando a todos. ¡Qué larga se me hizo la subida al Molino! Me pasaron varios corredores. Arriba, en la planicie de las pistas de esquí, caminé bajo un fuerte sol. Pero cuando tomamos la senda de bajada a Benasque, me obligué a correr, y lo hice. No bajé como un rayo, pero dignamente, pasando gente que a esas alturas ya iba caminando o trotando despacito.  Cuando me quedaban poco para llegar a las calles del pueblo, noté un pinchazo fuerte en el brazo, una avispa. ¡Vaya, hombre!…Los últimos metros por las calles del pueblo son emocionantes, con la gente aplaudiendo. Crucé la meta en 8h. 18’, puesto 358 de los 1.000 apuntados. No estaba mal. (Por cierto, al llegar me giré al marcador y vi a dos compañeros esprintando como el Expreso de Chicago….¿? No sé si querían ganar entre ellos o pasarme a mí o restar unos valiosos segundos y tardar… ¿8h. 19 en lugar de 8h. 20’? Nunca lo entenderé tras una burrada de kilómetros por el monte...



Al final Javier pasó por poco de 8h. y Jordi llegó en 8h. y pico también. Muy bonita carrera, ibones, rocas, bellas montañas alrededor; duro el tramo central y el postrecito final si no estás fuerte. 

martes, 18 de julio de 2017

PICO CUCURUZUELO (1.972 mts.) desde el Collado de Aísa

Participantes: Miguel, Pablo, Jorge, Ana y Oscar.
Fecha y meteo.: 16/04/2017; sol, buena temperatura.
Duración: 2h. al Cucuruzuelo; 4h. 50’ la ruta total.
Desnivel y longitud: 784 mts. de desnivel acumulado en 10 kms. 


Había que buscar una ruta sobre unos 700 metros de desnivel, en un valle sin estaciones de esquí. Emergió la posibilidad de hacer algo por los Valles Occidentales…¿Mesola? Hablé con un experto en la materia. Igual había nieve en el Collado…Así que nos propuso el Cucuruzuelo. Me leí alguna reseña y, ¡adjudicado! Dejamos el coche en el Collado de Jasa, entre Aísa y Jasa, y comenzamos a caminar siguiendo una pista. Altitud: 1.227 mts.
            La ruta prácticamente se puede decir que sigue todo el cordal (ancho, no os imaginéis cresta ni nada parecido) que va del collado ascendiendo hasta nuestro pico, y luego al Mesola y a los pies de la Llana de la Garganta, es decir, la Sierra de la Estiva. Al principio  por pista que asciende duramente, luego por camino, más tarde por trazas de senda, y el último tramo sin senda ya, campo través sobre pastizales. Pero con la ayuda inestimable de una alambrada que debemos seguir en todo momento, siempre a nuestra derecha salvo un pequeño tramo en el que el camino avanza dejándola a la izquierda, las posibilidades de pérdida son mínimas.
            Así pues, avanzamos por la pista, tomando ante cualquier bifurcación la que nos acerca a la alambrada. Luego poco a poco se va desdibujando para convertirse en un ancho camino. De repente vimos la alambrada a nuestra izquierda, la habíamos atravesado (cada poco hay pivotes, pero alambre a tramos no hay). Sin embargo no hubo dudas pues el camino marca la traza. Al poco volvimos a tenerla a la derecha. Nos cruzamos con varios grupos que nos decían lo mismo, seguís la alambrada. Poco a poco nos adentramos en una zona boscosa,  aquí la senda a tramos desaparece, hay que ir buscando los pasos más despejados, siempre sin perder la referencia de la valla, pero tampoco hay que empeñarse en ir junto a ella. Y cuando dejamos atrás el bosque, por pastizales, enseguida tras un pequeño pero duro ascenso vemos el vértice geodésico del Cucuruzuelo en lo alto de la loma que tenemos enfrente. Cuando llegamos junto a él, llevábamos 2h. Altitud: 1.972 mts.


Almorzamos en la redonda cima. Se estaba de miedo, bajo el solecico de abril. Temperatura ideal. Luego, no sin pereza, reanudamos la ruta descendiendo por el mismo camino, mejor dicho, intentando seguir el mismo recorrido. En total invertimos 4h. 50’.

martes, 13 de junio de 2017

XI LOS MONTES DE VITORIA (10/06/2017)

Un compañero de batallas en una noche de insomnio, un rato de navegación por la red en búsqueda de carreras, un “guasap” al día siguiente buscando pardillos a los que engañar (“animaos, corremos y por la noche chuletón en sidrería”)…y siempre pica alguien. Yo piqué. La fecha la vi buena (pensaba estar en junio ya en buena forma, inocente) y la distancia y el desnivel asequibles. Y lo de la sidrería y debutar en una carrera de montaña por el País Vasco terminó de convencerme. ¡Hala! Embarcado para participar en “Los Montes de Vitoria”. Reservamos un menú sidrería para cuatro: Jorge, Quique, Marcos, y servidor.

            Me planté la fecha señalada con un volumen de entrenamientos bajo, sólo maquillado un poco las últimas semanas. Pocos kilómetros y muy poco desnivel. Salidas al monte bajo mínimos, desde luego muchas menos que cualquier año. Menos mal que “sólo” eran 62,3 kms. y 2.848 mts. de desnivel…La prueba recorre (como su nombre indica) de este a oeste los montes que se alzan al sur de la ciudad de Vitoria. Un rompepiernas lineal. El perfil parece un electrocardiograma.


            A las seis de la mañana, tras un corto viaje en autobús de Mendizorroza a Jaúregui en el que estábamos muy a gustito y sin ganas que terminara, dieron la salida. Aún de noche pero sin necesidad de frontal. Enseguida amaneció y vimos que los montes estaban envueltos en la niebla. Jorge tiró adelante, juega en otra liga e iba a por los 150 primeros puestos que dan plaza en la Hiru Haundiak. Los otros tres  trotábamos o caminábamos alegremente, aunque enseguida empezaron los repechones cortos pero poderosos. El entorno era muy bonito: senderos entre tupidos bosques de hayas, robles, acebos,… y el piso tapizado de hojas y de barro,…mucho barrete a tramos. ¡Cómo no va a haber barro si no puede llegar el sol al suelo! El primer monte se hizo esperar, Itxogana. 


El segundo ya vino más seguido, el Indiagana, tras corta bajada y corto ascenso. Pero los ascensos, jolín, vaya rampas…Al menos el piso era espectacularmente cómodo, salvo cuando había barro. Algunas raíces, pero a estas alturas las piernas respondían bien al cerebro y las evitábamos bien. En el descenso a Araceta (km. 10), Quique se las piró. Al avistar el avituallamiento del pueblo vimos como salía mientras  Marcos y yo llegábamos. 


Tocaba ascender el Arraialde. Un par de kilómetros. Pero empinados. Sudábamos de lo lindo, entonces más por la humedad que por el calor. Tras hacer cima, descenso con algún tramo a media ladera resbaladizo por el barro; enlazamos con Quique, y tras alguna subida corta y más descenso, llegamos los tres al segundo avituallamiento, Balsa Ixona (km. 18,9). Bonito paraje con el laguito verde rodeado de hierba, y bosques alrededor de la hierba. Quique parecía tener prisa y no me dejó ni comer un trocito de plátano tras el mini bocata de jamón con tomate…¡Qué tío!


            Tocaba la subida al Almurrain. Corta bajada y seguir subiendo al Kapildui. Olía un montón a boletus…lo que debe crecer por ahí…pero no estaba yo para recoger hongos. En la bajada Quique se nos fue y ya no le veríamos hasta meta. Nos quedamos Marcos y yo, mano a mano. El Kapildui está coronado por un bola inmensa. 

Ya me costaban más de lo normal las subidas explosivas…y es que no puede ser…comenzaba a pagar la falta de salidas al monte. Bajada cortita y corta subidita al Butxisolo. Una lometa ancha, me refiero a la cima; subir costó alguna cuesta que otra. Como el Kapildui es el techo de la carrera, Marcos se autoanimaba diciendo que de aquí, para abajo a meta. Je,je, anda que no quedaba…. De momento descenso a Okina (km. 31) mitad de carrera. Llegamos cuando comenzaba a apretar el calor y el sol. Hicimos una pausa algo más larga, tampoco mucho. Y bien comidos y bien bebidos afrontamos la subida al Zalbizkar. A partir de aquí los montes son más de matorral bajo, y el sol y el calor harían de las suyas. 


 Pasamos también por el Pagogan, y descendimos para subir la tachuela del Lendiz, escollo antes de plantarnos en el Puerto de Vitoria. Para llegar al Lendiz nos esperaba un último repecho por un pradete herboso por el que veíamos a los que bajaban a nuestra izquierda trotar alegremente hacia abajo mientras nosotros sudábamos hacia arriba…¿No es eso tortura psicológica?... 


Al poco de pasar por el Punto Maraton, coronamos Lendiz y tiramos para abajo al Puerto de Vitoria (km. 44,15). Pasamos entre vacas que nos miraban fijamente (alguno pasó con el “culo preto”). El avituallamiento no estaba junto a la carretera, sino ya subiendo al Arrieta.  Como llega carretera, había gente a la sombra, animando. La subida al Arrieta es algo más tendida que las anteriores, no tiene repechos tan fuertes, me refiero, aunque era de las largas, para lo que son las demás. El tramo era corto y tras la bajada nos plantamos en el Puerto de Zaldiarán.


 La falta de kilómetros también me pasaba factura, y pese a no llevar ni 50,…se me estaban haciendo largos…Eso sí, llegados aquí, había que abstraerse de lo que faltaba, ir chino chano, que 12 kms.  si no antes, después y más o menos despacio, se hacen como sea. Acusaba mi falta de forma física, pero no tenía problemas. Salvo que notaba la formación de una ampolla en el pie derecho. Íbamos en buen tiempo para nuestro nivel, y desde luego muy por debajo del corte. Marcos iba mucho más fino en los repechos (él lo negaba pero era así), pero no se planteó tirar adelante. Hacía abajo me ponía delante yo, que él es muy prudente y así yo disimulaba como que hacíamos relevos. En los llanos y bajadas nos animábamos mutuamente para trotarlos. Yo creo que uno lanzaba la propuesta con la esperanza de que el otro dijera que no, pero el otro no decía nunca que no. Bueno, en serio, ganas y fuerzas para correr ya no había excesivas, pero a un ritmo sostenible los kilómetros pasaban más rápidos.

            En el avituallamiento del Puerto Zaldiarán vimos una antena y al salir, cada uno con un donut en la mano, Marcos preguntó si había que subir allí; le dijeron que efectivamente (no podía ser de otra manera…); unos 20’ dijeron. Y acertaron, en 18’ estábamos arriba. El Zaldiarán había caído. El penúltimo monte, el Busto, aparecía en el perfil muy cercano pero con una subida cortita casi vertical. Y lo era, “cagonros”, lo era…corta…y muy empinada. Pero habíamos pasado el km. 52. Quedaban menos de 10, aunque ya sabíamos que se nos iban a hacer largos. Sobre todo se hicieron largos hasta plantarnos bajo el Eskibel, el último de los Montes que teníamos que hollar. En ese momento valoraba mi  estado físico de años anteriores, en los que los kilómetros y el desnivel pasaban mucho más alegremente. No era consciente entonces.

Trozos llanos, alguno tirando algo para arriba, otros algo para abajo, y a afrontar la última subida. No fue ni muy larga ni muy empinada, menos mal. Al llegar arriba, una construcción semiderruida y una casita, tipo cima del Aspe pero más elegante. 
Bajada al último avituallamiento, y a afrontar los últimos 5 kms. Entonces Marcos me dijo que igual bajábamos de 11 horas. Lo que casi vamos a bajar de 10h. le contesté, y vaya alegría y subidón que le dio al mozo (se había quedado sin batería en el reloj). La verdad es que aguantamos bien. Fuimos trotando salvo los tramos que picaba hacia arriba, y pasamos a gente parada o caminando y apenas nos pasaba gente en la parte final, lo que quería decir que íbamos más o menos bastante enteros y sin desfallecer. Llegamos a una pista y desembocamos en un parque a las afueras. Por él entramos en la parte edificada de Vitoria. Al llegar a un rotonda un poli ya nos dijo que faltaban 700 metros por la avenida. Y efectivamente por el paseo central de la avenida llegamos a meta. Vimos a Tricas animando (descomunal, había quedado el nº 34 con 7h. y media), que Quique se estaba duchando y se perdió nuestra apoteósica llegada el muy bribón, y pasamos la meta tras 10h. 12’. Puesto 333 de unos 950 que tomamos la salida. Muy aceptable tiempo y puesto para mi estado. Eso sí, me había costado más de lo habitual. Y gracias a Marcos, porque si llego a ir yo solo, me abandono y tardo 12h. al menos, fijo.


jueves, 12 de enero de 2017

TOZAL DE GUARA desde Santa Cilia de Panzano (31/12/2016)

Participantes: Ramón Ferrer, Ramón, Javier, Jesús, Quique Toledo y Oscar.
Fecha y tiempo: 31/12/2016; sol.
Duración: 2h. 55’ al Tozal; 6h. 05’ la ruta total.
Desnivel y longitud: 1.473 mts. de desnivel acumulado. Ruta de 23,88 kms.


Ya es tradición de algunos  ir a despedir el año, la mañana de nochevieja, al Tozal de Guara. Yo no puedo ir salvo que sea festivo, como en este 2016. Así que convencí a Quique, y nos apuntamos, que últimamente la pereza me vence.  Subiríamos desde Santa Cilia, la opción más soleada. Es la más larga y tendida, quizás la más cómoda pero menos bonita. Pero para invierno, es un buena opción. Javier, que va por allí muy frecuentemente, decidió  que la pista desde el pueblo estaba en mal estado, así que en lugar de aparcar en la zona de siempre, dejamos los coches a las afueras del pueblo. Un kilómetro más que otras veces para el cuerpo. Altitud: 728 mts.



Las grandes nevadas de noviembre ya han desaparecido y últimamente no cae ni gota, así que salvo algunos ”ronchos” y nieve helada por la cara norte, pisamos tierra casi todo el rato. Qué diferencia con la última vez que subí en invierno por aquí, que parecía Siberia. Y menos mal, que entre la inactividad y los kilos de más y que iba con la “élite” de corredores y algún andarín que camina más deprisa que lo que yo corro, iba con la lengua fuera. 


Ascendimos caminando, que a eso habíamos ido, pero supongo que iríamos a ritmo alto, eso quiero creer. Sólo llevábamos botas  y mochila  mediana Jesús y yo, el resto iba “de expedición ligera”, zapatillas y mochila de trail. Ramón y Quique ni pararon a echar un bocado en el Pozo de Nieve. El resto sí, de manera que ellos unos minutos  antes y el resto a las 2h. 55’ de marcha, alcanzamos la cima del Tozal. 


También habían llegado bastante antes un grupo de Peña Guara que habían subido desde la Tejería, corredores con zapatillas. (Cómo ha cambiado lo de la montaña). Almorzamos, hicimos fotos y hasta un “mannequin challenge” de esos.  Altitud: 2.077 mts.




            Emprendimos la bajada, en principio caminando todos, pero poco a poco salió la vena corredora y uno a uno empezaron a trotar, no pudieron aguantar más: en cuanto pasamos del Pozo y llegamos al collado,  Ramón primero, Quique después,  y Monrasin tras hablar por teléfono, se tiraron para abajo corriendo. Javisa porque sale de una lesión, y, evidentemente, los dos “montañeros”, fuimos los únicos que terminamos caminado la ruta. En total, 6h. 06’.


jueves, 5 de enero de 2017

IBONES DE ANAYET con raquetas (23 12 2016)

Fecha y meteo.: 23/12/2016; sol.
Duración: 1h. 20’ a los Ibones; 2h. 50’ la ruta total.
Desnivel y longitud: 524 mts. de desnivel acumulado. Ruta de 6,97 kms.

Aprovechando que la familia iba a esquiar a Formigal, pensé en darme una vuelta con las raquetas. No hay exceso de nieve. Escogí un itinerario ya conocido, los Ibones de Anayet. La planicie de los Ibones con el Anayet de telón de fondo, siempre motiva.  Altitud: 1.729 mts.
Tras unos metros por el borde de la pista de Anayet, la abandoné para dirigirme al Barranco de Culibillas. Atravesé unos metros con nieve costra muy incómoda, hasta que  me topé con una senda sobre la nieve, supongo que trazada por raquetistas y esquiadores. Avancé por ella, con el torrente a mi derecha. Algunos pasos estaban helados, pero se salvaban bien. Poco a poco uno se introduce en el Barranco y se gira a la derecha. Al poco hay que vadear el torrente. Siguiendo el surco ( más que senda) llego a un paso apropiado para ello. Y sigo. Hay marcas por la otra vertiente, pero yo continué este itinerario que debe seguir el GR, ya que d vez en cuando se veía alguna marca.
Ya al fondo, hay que salvar una pala más inclinada hacia la derecha, haciendo alguna ese, dejando la cascada a la izquierda. Algunos trozos estaban helados y sin nieve, pero no ofrecen excesivas dificultades. En algún paso tendría que haberme quitado las raquetas, pero no lo hice por pereza. Se alcanza la planicie de los ibones, ya totalmente cubierta de blanco. Y en 1h. 20’ me situé sobre el lago mayor. Altitud: 2.242 mts. Una raquetista estaba en la orilla, que apenas se distinguía. Y un esquiador descendía de una cima a la derecha. El resto, soledad. El Anayet inconmensurable al fondo.


            Tras alguna foto y charlar en mi mal francés con la raquetista, tiré para abajo. Sopesé ascender a la cima de la que bajó el esquiador, pero lo dejé para otro día. No llevaba los crampones, además. Regresé por el mismo camino de ida. En total, 2h. 50’.