martes, 13 de junio de 2017

XI LOS MONTES DE VITORIA (10/06/2017)

Un compañero de batallas en una noche de insomnio, un rato de navegación por la red en búsqueda de carreras, un “guasap” al día siguiente buscando pardillos a los que engañar (“animaos, corremos y por la noche chuletón en sidrería”)…y siempre pica alguien. Yo piqué. La fecha la vi buena (pensaba estar en junio ya en buena forma, inocente) y la distancia y el desnivel asequibles. Y lo de la sidrería y debutar en una carrera de montaña por el País Vasco terminó de convencerme. ¡Hala! Embarcado para participar en “Los Montes de Vitoria”. Reservamos un menú sidrería para cuatro: Jorge, Quique, Marcos, y servidor.

            Me planté la fecha señalada con un volumen de entrenamientos bajo, sólo maquillado un poco las últimas semanas. Pocos kilómetros y muy poco desnivel. Salidas al monte bajo mínimos, desde luego muchas menos que cualquier año. Menos mal que “sólo” eran 62,3 kms. y 2.848 mts. de desnivel…La prueba recorre (como su nombre indica) de este a oeste los montes que se alzan al sur de la ciudad de Vitoria. Un rompepiernas lineal. El perfil parece un electrocardiograma.


            A las seis de la mañana, tras un corto viaje en autobús de Mendizorroza a Jaúregui en el que estábamos muy a gustito y sin ganas que terminara, dieron la salida. Aún de noche pero sin necesidad de frontal. Enseguida amaneció y vimos que los montes estaban envueltos en la niebla. Jorge tiró adelante, juega en otra liga e iba a por los 150 primeros puestos que dan plaza en la Hiru Haundiak. Los otros tres  trotábamos o caminábamos alegremente, aunque enseguida empezaron los repechones cortos pero poderosos. El entorno era muy bonito: senderos entre tupidos bosques de hayas, robles, acebos,… y el piso tapizado de hojas y de barro,…mucho barrete a tramos. ¡Cómo no va a haber barro si no puede llegar el sol al suelo! El primer monte se hizo esperar, Itxogana. 


El segundo ya vino más seguido, el Indiagana, tras corta bajada y corto ascenso. Pero los ascensos, jolín, vaya rampas…Al menos el piso era espectacularmente cómodo, salvo cuando había barro. Algunas raíces, pero a estas alturas las piernas respondían bien al cerebro y las evitábamos bien. En el descenso a Araceta (km. 10), Quique se las piró. Al avistar el avituallamiento del pueblo vimos como salía mientras  Marcos y yo llegábamos. 


Tocaba ascender el Arraialde. Un par de kilómetros. Pero empinados. Sudábamos de lo lindo, entonces más por la humedad que por el calor. Tras hacer cima, descenso con algún tramo a media ladera resbaladizo por el barro; enlazamos con Quique, y tras alguna subida corta y más descenso, llegamos los tres al segundo avituallamiento, Balsa Ixona (km. 18,9). Bonito paraje con el laguito verde rodeado de hierba, y bosques alrededor de la hierba. Quique parecía tener prisa y no me dejó ni comer un trocito de plátano tras el mini bocata de jamón con tomate…¡Qué tío!


            Tocaba la subida al Almurrain. Corta bajada y seguir subiendo al Kapildui. Olía un montón a boletus…lo que debe crecer por ahí…pero no estaba yo para recoger hongos. En la bajada Quique se nos fue y ya no le veríamos hasta meta. Nos quedamos Marcos y yo, mano a mano. El Kapildui está coronado por un bola inmensa. 

Ya me costaban más de lo normal las subidas explosivas…y es que no puede ser…comenzaba a pagar la falta de salidas al monte. Bajada cortita y corta subidita al Butxisolo. Una lometa ancha, me refiero a la cima; subir costó alguna cuesta que otra. Como el Kapildui es el techo de la carrera, Marcos se autoanimaba diciendo que de aquí, para abajo a meta. Je,je, anda que no quedaba…. De momento descenso a Okina (km. 31) mitad de carrera. Llegamos cuando comenzaba a apretar el calor y el sol. Hicimos una pausa algo más larga, tampoco mucho. Y bien comidos y bien bebidos afrontamos la subida al Zalbizkar. A partir de aquí los montes son más de matorral bajo, y el sol y el calor harían de las suyas. 


 Pasamos también por el Pagogan, y descendimos para subir la tachuela del Lendiz, escollo antes de plantarnos en el Puerto de Vitoria. Para llegar al Lendiz nos esperaba un último repecho por un pradete herboso por el que veíamos a los que bajaban a nuestra izquierda trotar alegremente hacia abajo mientras nosotros sudábamos hacia arriba…¿No es eso tortura psicológica?... 


Al poco de pasar por el Punto Maraton, coronamos Lendiz y tiramos para abajo al Puerto de Vitoria (km. 44,15). Pasamos entre vacas que nos miraban fijamente (alguno pasó con el “culo preto”). El avituallamiento no estaba junto a la carretera, sino ya subiendo al Arrieta.  Como llega carretera, había gente a la sombra, animando. La subida al Arrieta es algo más tendida que las anteriores, no tiene repechos tan fuertes, me refiero, aunque era de las largas, para lo que son las demás. El tramo era corto y tras la bajada nos plantamos en el Puerto de Zaldiarán.


 La falta de kilómetros también me pasaba factura, y pese a no llevar ni 50,…se me estaban haciendo largos…Eso sí, llegados aquí, había que abstraerse de lo que faltaba, ir chino chano, que 12 kms.  si no antes, después y más o menos despacio, se hacen como sea. Acusaba mi falta de forma física, pero no tenía problemas. Salvo que notaba la formación de una ampolla en el pie derecho. Íbamos en buen tiempo para nuestro nivel, y desde luego muy por debajo del corte. Marcos iba mucho más fino en los repechos (él lo negaba pero era así), pero no se planteó tirar adelante. Hacía abajo me ponía delante yo, que él es muy prudente y así yo disimulaba como que hacíamos relevos. En los llanos y bajadas nos animábamos mutuamente para trotarlos. Yo creo que uno lanzaba la propuesta con la esperanza de que el otro dijera que no, pero el otro no decía nunca que no. Bueno, en serio, ganas y fuerzas para correr ya no había excesivas, pero a un ritmo sostenible los kilómetros pasaban más rápidos.

            En el avituallamiento del Puerto Zaldiarán vimos una antena y al salir, cada uno con un donut en la mano, Marcos preguntó si había que subir allí; le dijeron que efectivamente (no podía ser de otra manera…); unos 20’ dijeron. Y acertaron, en 18’ estábamos arriba. El Zaldiarán había caído. El penúltimo monte, el Busto, aparecía en el perfil muy cercano pero con una subida cortita casi vertical. Y lo era, “cagonros”, lo era…corta…y muy empinada. Pero habíamos pasado el km. 52. Quedaban menos de 10, aunque ya sabíamos que se nos iban a hacer largos. Sobre todo se hicieron largos hasta plantarnos bajo el Eskibel, el último de los Montes que teníamos que hollar. En ese momento valoraba mi  estado físico de años anteriores, en los que los kilómetros y el desnivel pasaban mucho más alegremente. No era consciente entonces.

Trozos llanos, alguno tirando algo para arriba, otros algo para abajo, y a afrontar la última subida. No fue ni muy larga ni muy empinada, menos mal. Al llegar arriba, una construcción semiderruida y una casita, tipo cima del Aspe pero más elegante. 
Bajada al último avituallamiento, y a afrontar los últimos 5 kms. Entonces Marcos me dijo que igual bajábamos de 11 horas. Lo que casi vamos a bajar de 10h. le contesté, y vaya alegría y subidón que le dio al mozo (se había quedado sin batería en el reloj). La verdad es que aguantamos bien. Fuimos trotando salvo los tramos que picaba hacia arriba, y pasamos a gente parada o caminando y apenas nos pasaba gente en la parte final, lo que quería decir que íbamos más o menos bastante enteros y sin desfallecer. Llegamos a una pista y desembocamos en un parque a las afueras. Por él entramos en la parte edificada de Vitoria. Al llegar a un rotonda un poli ya nos dijo que faltaban 700 metros por la avenida. Y efectivamente por el paseo central de la avenida llegamos a meta. Vimos a Tricas animando (descomunal, había quedado el nº 34 con 7h. y media), que Quique se estaba duchando y se perdió nuestra apoteósica llegada el muy bribón, y pasamos la meta tras 10h. 12’. Puesto 333 de unos 950 que tomamos la salida. Muy aceptable tiempo y puesto para mi estado. Eso sí, me había costado más de lo habitual. Y gracias a Marcos, porque si llego a ir yo solo, me abandono y tardo 12h. al menos, fijo.